¿Licencia para matar? No, señor Trump. Hasta aquí podíamos llegar

viernes, 30 de noviembre de 2018


Pensé que cuando el insólito Presidente Trump dijo que no iba a poner en práctica los Objetivos de Desarrollo Sostenible y los Acuerdos de París sobre el Cambio Climático se produciría una gran reacción de los líderes del mundo y, en particular, de los europeos. No fue el caso. Todos sumisos aceptaron aumentar todavía las escandalosas inversiones en armas y gastos militares, cuando mueren de hambre y extrema pobreza miles de seres humanos al día y, lo que es peor todavía, eliminaron del orden del día de los encuentros de los países que integran los grupos plutocráticos, para no agraviar al magnate norteamericano, los puntos que se referían al cumplimiento de estas apremiantes medidas en favor de la habitabilidad de la Tierra y de la igual dignidad humana.

Era intolerable que se estuvieran incumpliendo elementales responsabilidades intergeneracionales, que se estuvieran contraviniendo y aplazando sine die decisiones muy urgentes si se piensa en quienes llegan a un paso de nosotros... y los que deberían hallarse en la vanguardia de la oposición a la indescriptible discrecionalidad y marginación del multilateralismo democrático por parte del Partido Republicano de los EE.UU., supieran únicamente mirar hacia otro lado.

Pero ahora, al recibir los soldados situados en las fronteras licencia para matar, creo que ha llegado el momento de una gran reacción popular. Ahora somos "nosotros, los pueblos", los que debemos elevar la voz y, en un gran clamor presencial y en el ciberespacio, decirle al Presidente Trump que, si no cambia radicalmente de actitud dejaremos de adquirir productos norteamericanos. El único lenguaje que entendería.

Hasta aquí podíamos llegar. En caso contrario, cómplices. Delito de silencio.


Democracia: del discurso a la acción urgente

miércoles, 21 de noviembre de 2018


Considero oportuno y apremiante proponer una Declaración Universal de la Democracia a los 70 años de la Declaración Universal de Derechos Humanos, ya que es el único contexto en el que sería posible el pleno ejercicio de los mismos, al tiempo que daría a las Naciones Unidas la capacidad de actuación a escala mundial que los grupos plutocráticos neoliberales (G6, G7, G8, G20) le arrebataron en  la década de los 80.

Hace ya 6 años que se redactó –con Karel Vasak, Juan Antonio Carrillo Salcedo,…- una Declaración de la Democracia que incluía sus múltiples dimensiones: ética, social, política, económica, cultural e internacional. Luego, con la colaboración de varios firmantes –entre los que figuran Mario Soares, Mikhail S. Gorbachev, Javier Pérez de Cuéllar, Boutros Boutros Ghali, Kofi Annan, Adolfo Pérez Esquivel…- se fue mejorando el texto original. 

La humanidad “será guiada por los principios democráticos” de la justicia, libertad, igualdad y solidaridad (intelectual y moral), según establece el Preámbulo de la Constitución de la UNESCO.

Ha llegado el momento de esclarecer el concepto de democracia ante acepciones totalmente equivocadas, intencionadamente o con buena voluntad. Ha llegado el momento de hablar menos y actuar más porque, de otro modo, perderíamos también -lo que constituiría otro error intergeneracional- el gran asidero que permitiría que fueran “Nosotros, los pueblos…”, como prematuramente estableció la Carta de las Naciones Unidas en 1945, los que tomaran en sus manos las riendas del destino común, y dejaran de ser espectadores para convertirse en actores capaces de diseñar su propio futuro, convencidos de que sólo cuando se conoce la realidad en profundidad puede transformarse en profundidad.

Aconsejo, pues, leer la versión actual de la Declaración Universal de la Democracia (texto: https://declaraciondemocracia.wordpress.com/ y firmantes: https://declaraciondemocracia.wordpress.com/firmantes/) y,  con las mejoras que ojalá puedan introducirse, proponer oficialmente al Secretario General de las Naciones Unidas el debate y adopción de la misma en la Asamblea General. Sería extraordinariamente importante para la gobernanza a todos los niveles y para el reconocimiento generalizado de la igual dignidad humana. Sería un momento de gran esperanza para la invención del futuro, que no debemos demorar.

Sólo con el multilateralismo democrático –que tan concretamente se fomenta en el capítulo de “Democracia Internacional”– será posible, de una vez, el pleno ejercicio de los Derechos Humanos.  Se iniciaría la transición histórica de la fuerza a la palabra.

Recuperar la filosofía

domingo, 18 de noviembre de 2018


Primero, aprender a ser.

Con enorme satisfacción recibí la noticia de que, por fin, todos los grupos parlamentarios han solicitado al Gobierno que se recupere la asignatura de filosofía al  nivel que le corresponde.

Hace más de un siglo que don Francisco Giner de los Ríos definió magistralmente la “educación” como la capacidad de “Dirigir la propia vida”, actuar en virtud de las reflexiones personales y nunca al dictado de nadie. Pensar y crear. Con estos “educados”, el mundo entrará en una nueva era. Habrán aprendido a ser y a rebelarse. Con los “competitivos y gregarizados” seguiríamos fomentando las asimetrías actuales, las filias y las fobias, y las emociones multitudinarias, la obcecación y el fanatismo, porque han aprendido a tener y a ser sumisos. 

Esta espléndida definición me lleva a pensar en Julián Marías quien, en su “Reflexión sobre un libro propio”, a los 24 años de haberlo terminado de escribir, explicaba los motivos personales que le llevaron a profundizar en la filosofía, citando los versos de Goethe, que Ortega y Gasset repetía con frecuencia: “Yo me confieso del linaje de esos/ que de lo oscuro hacia lo claro aspiran”. En el epílogo de este libro, José Ortega y Gasset defendía que el nombre perdurable de la filosofía debía ser “averiguación”. En efecto, nada define con tanta precisión la esencia de la filosofía como la actitud permanente de averiguar que, según la Real Academia significa: “Inquirir la verdad hasta descubrirla”.

La Constitución de la UNESCO, en su artículo 1º, resume con gran precisión el sentido del proceso educativo: contribuir a formar personas “libres y responsables”. Libres para, las alas sin adherencias ni lastre, volar alto en el espacio infinito del espíritu. Libres, actuando siempre en virtud de las propias reflexiones, sin cortapisa dogmática alguna. Y responsables, teniendo en cuenta, junto a los derechos, los deberes en relación a los “otros”, próximos o distantes, coetáneos o pertenecientes a las generaciones venideras… 

Educación es mucho más que capacitación, que formación en actividades y destrezas profesionales, es más que conocimiento e información (sobre todo, mucho más que información a través de noticieros, ya que la noticia es, por su propia naturaleza, lo insólito, lo no habitual, lo extraordinario). 

Pues bien: para esta educación “troncal”, son esenciales la filosofía y las artes, y no lo es la simple transferencia de técnicas y métodos que deben ser siempre “además de” y no “en lugar de”. Ya nos alertó José Saramago cuando escribió: “¿Llegaremos a tener tecnología 100, pensamiento 0?”

Recuerdo que Juan Rof repetía –le oí en varias ocasiones en el Instituto de Ciencias del Hombre- que la “autonomía personal” era requisito para una conducta en “plena e irrestricta libertad”, sin condicionamientos en el quehacer humano, en virtud de la fórmula maestra de la reflexión y la introspección… Autonomía personal gracias a la filosofía que, de acuerdo a la definición de la Real Academia,  es “el conjunto de saberes que busca establecer, de manera racional, los principios generales que organizan y orientan el conocimiento de la realidad, así como el sentido del obrar humano”.

No cabe duda: para la transición de súbditos a ciudadanos plenos, más filosofía y más artes. Filosofía, fundamental para ser “libres y responsables”, para hacer posible el pleno ejercicio de las facultades distintivas de la especie humana: reflexionar, imaginar, anticiparse, innovar, ¡crear! Filosofía para –como manifestaba recientemente  la Directora General de la UNESCO, Audrey Azoulay,- “poder transformar las sociedades”, para llevar a la práctica los cambios radicales que la situación actual del mundo exige. Hoy es necesario y apremiante impulsar la Filosofía en todos los grados del aprendizaje.  “La Filosofía crea las condiciones intelectuales para el advenimiento del cambio, el desarrollo sostenible y la paz”, añadía la Directora General y exhortaba  a todos los Estados Miembros “a que den vida a este mensaje, que entronca con la esencia misma del mandato de la Unesco”.

La facultad distintiva de la especie humana es la creatividad, es la desmesura biológica que representa inventar, innovar. Para actuar en libertad, el supremo don, es indispensable despertar y desarrollar desde la infancia este inmenso potencial propio, en exclusividad, de los seres humanos.

Junto a la libertad de expresión se requiere la capacidad de expresión, disponer de las palabras que transmitan fidedignamente nuestras reflexiones. Las palabras no son si no se las pronuncia.  Es tarea esencial de la educación que libera: saber  pensar y expresarse correctamente. Esta es disciplina angular, aprendizaje insustituible durante toda la vida.

Por fin, acuerdo en relación al protagonismo indiscutible de la filosofía. Es una premisa excelente para seguir ahora en la mejora –que falta le hace- de todo el proceso educativo.