Delito de silencio

martes, 1 de diciembre de 2020

Medioambiente y mínimos sociales: movilización popular antes de que sea demasiado tarde.

“Más que la injusticia de los malvados temo el silencio de los justos”
Mahatma Ghandi
 
No podemos seguir guardando silencio, adaptados disciplinadamente a la rutina cotidiana, ocupados en nuestros problemas diarios, en las aficiones que nos abstraen… Ahora ya tenemos voz. Ya no hay disculpa para no opinar, para no proponer con denuedo aquellas iniciativas que pueden favorecer los cambios radicales que son exigibles en este momento.
 
Especialmente cuando se trata de procesos potencialmente irreversibles y en los que pueden alcanzarse puntos de no retorno, el silencio popular puede convertirse en complicidad con quienes siguen impulsando sistemas sociales y económicos que incrementan las asimetrías y las situaciones extremas.
 
Ejemplos de propuestas que deberían recibir múltiples e inmediatas adhesiones:

1)    Incrementar inmediatamente los fondos para un desarrollo integral, endógeno, sostenible y humano de tal modo que la emigración forzada por el hambre y la pobreza extrema pueda reducirse a corto y largo plazo. Las Naciones Unidas, a través de su Programa para el Desarrollo (PNUD), llevaron a la práctica proyectos que permitieran una vida digna a las personas en sus países de origen. Con la economía neoliberal las aportaciones prácticamente han desaparecido. En lugar de aumentarlas, los países más prósperos –empezando por Europa- adoptaron medidas de drástica reducción de estas ayudas (en España, casi se alcanzó el 0.6 % del PIB en 2008, cayendo después vertiginosamente).

Los  ocho Objetivos del Milenio –incumplidos en su mayoría- se pasaron a diecisiete Objetivos de Desarrollo Sostenible en el año 2015… ¡sin compromisos económicos ni institucionales! Las aguas del Mediterráneo sólo volverán a ser  transparentes por la solidaridad. ¿Qué fuentes de recursos existen? Creo que el Llamamiento del International Peace Bureau, Premio Nobel de la Paz de 1910, sobre “desarme para el desarrollo” es la única solución que podría rápidamente reconducir las presentes tendencias. No me canso de repetir que cada día se invierten más de 4000 millones de dólares en armas y gastos militares al tiempo que mueren de hambre miles de personas, la mayoría niñas y niños de uno a cinco años de edad. Bastaría con reducir en un 20% estas descomunales cifras para seguir garantizando la seguridad territorial pero extendiéndola  a otras áreas (alimentaria, sanitaria, reacción ante catástrofes naturales) que producen diariamente un número estremecedor de víctimas. Estas “otras guerras” –¡tengamos en cuenta las larguísimas colas de personas que en países “prósperos” se forman ante los centros de distribución gratuita de alimentos!- ensombrecen los horizontes de una ciudadanía que hoy es consciente de la imperiosa necesidad de cambiar las manos armadas y alzadas por las manos abiertas y tendidas.

En consecuencia,  es preciso –segundo párrafo del preámbulo de  la Declaración Universal de los Derechos Humanos indica que si no logran ejercer plenamente estos derechos, los seres humanos pueden “verse compelidos a la rebelión”- reivindicar con grandes clamores populares, ante la amenaza de procesos irreversibles, un nuevo sistema económico, que disminuya la actual brecha social y permita poner realmente en práctica la igual dignidad, fundamento de todos los valores y derechos.

Hoy tenemos ya las pautas para una convivencia armónica en la nueva era: la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible adoptados por la Asamblea General de las Naciones Unidas en el otoño de 2015 “para transformar el mundo”.
Si seguimos viendo sin inmutarnos las terribles imágenes de Honduras después del paso de los huracanes… o de los inmigrantes hacinados en Canarias… al tiempo que se incrementan las inversiones en armas y enviajes espaciales… delito de silencio.
 
2)    Quieran o no quieran reconocerlo los más encumbrados mandatarios y  mercaderes, la humanidad ha entrado en la nueva era del “antropoceno”, que se caracteriza por las actividades de los seres humanos que afectan directamente las condiciones de habitabilidad terrestre. En pocas décadas, el incremento demográfico unido a la mayor longevidad y al consumo irresponsable de carburantes que producen “gases con efecto invernadero” en cantidades progresivamente superiores a la capacidad de recaptura por la clorofila de los bosques y del plancton marino, el deterioro ecológico se ha incrementado. A pesar de las advertencias que desde hace muchos años  han emitido, con incesante apremio, instituciones como la UNESCO, el Club de Roma, la Academia de Ciencias de los Estados Unidos, las Cumbres de la Tierra, en especial la de Río de Janeiro en 1992… ha prevalecido la ley de los mercados y la gobernanza neoliberal, encomendada a grupos plutocráticos, ha sido incapaz de favorecer otros estilos de vida y de consumo que hubieran podido, en los albores de siglo y de milenio, esclarecer tan sombríos horizontes.

Nadie puede argumentar que no se han dado cuenta de lo que acontecía, de que no eran conscientes del riesgo que se estaba corriendo, a pesar de las alertas y alarmas sucesivas… porque el Ártico se ha fundido en buena medida, la Antártida empieza a agrietarse… ¿Quieren algo más patente para convencerse de una vez que ahora es la voz del pueblo la que debe ser escuchada y no la de los gigantescos consorcios que depositan fondos inmensos en paraísos fiscales?

Se trata de una inaplazable responsabilidad intergeneracional. No pueden mirar a los ojos de la juventud y de la infancia sin poner remedio, inmediatamente, a la actual deriva de la calidad de vida en el planeta. Sería una abominable vejación histórica. Si no reaccionamos cuando el mundo está cerca de alcanzar puntos de no retorno, nuestros descendientes podrían volver la vista atrás y exclamar, como Albert Camus, que “les despreciamos porque pudiendo tanto se atrevieron a tan poco”.
 
3)    La solución está en la educación “para ser libres y responsables”, como establece el artículo 1º de la Constitución de la UNESCO. Educación para ser capaces de reflexionar y actuar en virtud de nuestras propias meditaciones, no aceptando hacerlo al dictado de nadie ni intimidados por poder alguno. Es ineludible e impostergable un compromiso social y educativo que conduzca a la “autonomía personal”, a “dirigir con sentido la propia vida”, en lúcida expresión de D. Francisco Giner de los Ríos.

Ha llegado el momento de la reacción ponderada y firme, de la insumisión, de iniciar el gran cambio hacia la transparencia y el profundo conocimiento de la realidad, premisa para poder transformarla adecuadamente.

Educación para decidir el comportamiento cotidiano adecuado en escenarios de grandes incertidumbres y complejidad, con notorias lagunas de ignorancia e insolidaridad. ¿A qué espera la comunidad intelectual para manifestarse en contra de la gobernanza plutocrática? Da la impresión de que está distraída, esperando a Godot. Pero, ya lo advirtió Samuel Beckett, Godot no llegará, porque Godot no existe.
 
4)    Otro motivo de gran clamor en el ciberespacio es la interpretación nociva de la “inteligencia artificial”. Es la inteligencia humana, que ha permitido el desarrollo de la informática y todas sus extraordinarias y útiles aplicaciones la que debe siempre prevalecer. La máquina al servicio de los seres humanos, pero nunca al contrario. “Además de”, sí. “En lugar de”, no.

Hasta hace poco –es algo que debe repetirse para que no se realicen equívocas retrospectivas- la gran mayoría de la gente nacía, vivía y moría en unos cuantos kilómetros cuadrados, sin conocer lo que sucedía más allá de su entorno inmediato. Eran personas temerosas, obedientes, sumisas, silenciosas. El poder absoluto se ejercía por un grupo limitado de varones y la mujer se hallaba totalmente marginada.

En las últimas tres décadas, esta situación se ha modificado radicalmente y nos llena de esperanza: en buena medida gracias a la tecnología digital, ya sabemos lo que acontece, podemos expresarnos libremente y la mujer está alcanzando, como era fundamental que sucediera, la igualdad total que le corresponde. Sus características propias y sus valores inherentes son fundamentales para la nueva era que se avecina.

Ahora, “Nosotros, los pueblos” ya tenemos voz. Ya podemos  manifestar cuáles son las pautas, las formas de vivir y los referentes para una acción correctora de los erráticos rumbos actuales. En 1945, encomendar estas funciones a “los pueblos” era prematuro. Hoy, es ya posible porque los seres humanos pueden pronunciarse y manifestarse.  
 
Delito de silencio, de complicidad, si en lugar de ser actores de nuestra vida nos limitamos a ser espectadores impasibles, abducidos por el inmenso poder mediático.
 
Delito de silencio si dejamos que sean unos cuantos los que ejerzan el poder de forma autoritaria en lugar de, con la participación de todos, disfrutar de una gobernanza democrática. Democracia a escala personal, local, nacional e internacional. No se debe tolerar ni un día más el protagonismo de los grupos oligárquicos. “Nosotros, los pueblos” debemos fortalecer con apremio el multilateralismo democrático, con unas Naciones Unidas que puedan llevar a efecto, sin fisuras ni aplazamientos, la Agenda 2030.
 
En otro caso, delito de silencio.
 
La democracia no se otorga, se construye con el quehacer cotidiano, cuando los pueblos se ponen de pie y son protagonistas de su destino. No callar, denunciar, protestar y, sobre todo, proponer.
 
En otro caso, delito de silencio.
 
El por-venir está por-hacer. Nuestra mayor responsabilidad es alentar estos convencimientos para que nadie desmaye. Para que nadie se rinda. Debemos ir, como en los versos de Otto René Castillo… “cargados de esperanza /  por los caminos del alba”.

Una nueva era

miércoles, 18 de noviembre de 2020

Los empleos son trabajos que proporciona una empresa. El trabajo –de los autónomos, de las pequeñas asociaciones y cooperativas, del inicio de muchas pymes- lo “busca”, halla, descubre o inventa uno mismo.

Hace 25 años las industrias, ya automatizadas en buena medida, tenían operarios que “vigilaban” cada cuatro o cinco máquinas. Hoy tienen robots. A los robots, también hace poco, los supervisaba una persona. Hoy lo hace un código de barras. La “mano de obra” es cada vez menor y reducida a actividades que, aún ya muy mecanizadas, requieren el concurso humano (destrezas y talento).

Hemos pasado en pocas décadas de un contexto rural a un contexto urbano, a un contexto digital. ¿Cómo pasar de una economía de especulación, deslocalización productiva y guerra a una economía basada en el conocimiento, para procurar un desarrollo global sostenible y humano?

Hasta hace muy poco los seres humanos eran invisibles, anónimos, obedientes, sumisos, silentes. Se hallaban confinados intelectual y territorialmente en espacios muy limitados. Hoy ya no son, progresivamente, espectadores sino actores, súbditos sino ciudadanos plenos y educados que -según la insuperable definición de la UNESCO- significa ser “libres y responsables”. Pueden saber, además, inglés o química, pero esto es capacitación adicional, no educación.

Insisto en cuanto antecede porque es imprescindible, cuando nos referimos al empleo y al trabajo, saber bien que estamos ante una nueva situación, unas nuevas generaciones que requieren, conceptual y prácticamente, nuevos enfoques. Estamos iniciando una nueva era y se pretenden aplicar las mismas pautas que en el pasado.

Estos seres humanos ya pueden participar, ya pueden expresarse, ya pueden conocer lo que acaece en su entorno, cómo vive su prójimo, próximo o lejano. Ya pueden comparar, apreciar lo que tienen y apercibirse las precariedades ajenas. Pueden anticiparse, pueden prevenir…

Estos seres humanos “activos” ya no son mayoritariamente hombres. La igualdad de género –piedra angular del “nuevo comienzo” que vivimos- está avanzando de forma prodigiosa y no mimética.

El mundo en el que hoy vivimos y al que debemos, por tanto, tener en cuenta, está siendo sucesivamente des-velado, habiendo adquirido buena parte de los seres humanos una conciencia global, una ciudadanía mundial. El número de mujeres que influyen con las facultades que les son inherentes en la toma de decisiones aumenta sin cesar. Los medios digitales, bien utilizados, permiten, además de una participación democrática insólita, alcanzar la ciudadanía plena, es decir, llevar a efecto la transición esencial de súbditos a ciudadanos.

El tiempo del temor y del silencio ha concluido. Ahora todos pueden reclamar la igual dignidad y el bienestar, que sigue siendo privilegio de unos cuantos. Ya puede llevarse a cabo la transición de la fuerza a la palabra, la gran inflexión histórica.

Ahora ya pueden todos, en un gran clamor en el ciberespacio, exigir la desaparición de desigualdades lacerantes, contrarrestar las arbitrariedades del “gran dominio” (militar, energético, financiero y mediático…). Ahora ya pueden recoger millones de firmas en favor de la transición de una cultura de imposición, dominio y violencia a una cultura de encuentro, conciliación, alianza y paz.

Ahora ya es posible, alzar la voz, contribuir a una democracia –el único contexto en que los derechos humanos se ejercen plenamente- a escala mundial. Una democracia que se inspire en la imaginación juvenil y la experiencia propia de la longevidad, gran logro inexplorado del progreso de la ciencia.

Sí, grandes clamores, presenciales y digitales, para que los mercados se subordinen a la justicia social y no vuelvan a producirse nunca más vergüenzas como la de haber designado gobiernos sin urnas en la misma cuna de la democracia. Para que, superando el cortoplacismo y la obcecación de intereses inmediatos, la humanidad cumpla con su supremo compromiso intergeneracional, y se ocupe de la habitabilidad de la Tierra, del medio ambiente, de la calidad de vida para todos.

Poder ciudadano, voz y grito en favor del 80% de la humanidad que nunca ha podido hallar albergue en el barrio próspero de la aldea global. “Nosotros, los pueblos… hemos resuelto construir la paz para evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra”… y el horror del planeta Tierra desvencijado… Reaccionemos. Los grandes desafíos para el por-venir que está por-hacer son la igual dignidad -¡compartir!- y el medio ambiente.

“Nunca hay buen viento para quien no sabe a dónde va”, dice un refrán marinero que me gusta repetir. ¿A dónde vamos? ¿En qué direcciones se va a paliar el paro?

En nuestro caso, debería formularse un “plan España” que permitiera convertirnos, en muy pocos años, en la “California de Europa” e incrementar el número de visitantes en atenciones y servicios personalizados; aumentar el número de segundas residencias propias en un país que consta de una península y dos archipiélagos; unos servicios de salud que faciliten esta gran afluencia y, como sucede en California, convertirnos en un espacio privilegiado de I+D+i, lo que facilitaría, así mismo, una oportuna “relocalización industrial”.

Ya estaba muy claro, antes de la pandemia del coronavirus, que era necesario cambiar de prioridades y favorecer transformaciones sustanciales en las tendencias que, de alguna manera, nos estaban llevando a puntos de no retorno. La pandemia no ha hecho más que evidenciar aún más la necesidad de cambios radicales en la gobernanza mundial para evitar amenazas globales e irreversibles sobre la propia habitabilidad de la Tierra, procurando a todos sus habitantes, y no sólo a unos cuantos, las condiciones para una vida digna.

Ahora, después de haber vivido un confinamiento a escala planetaria totalmente inesperado hace unos meses, es imperativo reflexionar y tomar las decisiones a escala colectiva, pero sobre todo personal, que permitan reconducir tan grave situación antes de que sea demasiado tarde. Es imprescindible, a este respecto, situar todo lo relativo a la “inteligencia artificial” en su sitio. Siempre debe prevalecer el ser humano sobre la máquina, lo natural sobre lo artificial.

Para hacer posible cuanto antes este plan, la comunidad académica, científica, artística, creadora, en suma, debería tener un papel crucial ya que, hasta el momento, las decisiones de parlamentos y gobiernos se adoptan más en virtud de las opiniones de los “lobistas” que del conocimiento. Y así van las cosas.

Una nueva era. “Un nuevo comienzo”, como preconiza la “Carta de la Tierra”. Y actuemos.

Publicado en Espacio Público

La gobernanza mundial está en peligro: ahora sí, sin demora, multilateralismo democrático

miércoles, 11 de noviembre de 2020

Ahora sí, por fin, todo el mundo se ha dado cuenta de que no debe seguir tolerando que la hegemonía de los Estados Unidos –mantenida contra viento y marea por el Partido Republicano- sea la que tenga en sus manos las riendas del destino común de la humanidad.

Todo lo basan en la razón de la fuerza. En miles de millones para inmensos arsenales y bases militares. Mantienen las armas nucleares: viví de cerca, en octubre de 1986, la propuesta del Presidente Mikhail Gorbachev al Presidente Reagan en Reikiavik, para la total eliminación de las ojivas.  Sólo se aceptó su reducción.

Están en contra –el país con más y mejores científicos de la Tierra- de los argumentos y recomendaciones de los especialistas sobre el irreversible cambio climático que, si no se adoptan las medidas oportunas, afectaría sin remedio la habitabilidad de la Tierra, lo que constituiría un error (y horror) histórico y una afrenta a las generaciones venideras. Cuando gracias al Presidente Barack Obama se firmaron los Acuerdos de París en otoño de 2015 para evitar una hecatombe ecológica que, inmediatamente después, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptaba la Resolución sobre la Agenda 2030 y los ODS “para transformar el mundo”, se produjo una pausa de esperanza. Pensamos que sería posible reconducir la situación creada por el neoliberalismo que había rechazado a las Naciones Unidas y encargado la gobernanza mundial a los grupos oligárquicos y plutocráticos G6, G7, G8, G20… (¡en realidad, todos  G1!) y que,  uniendo fuerzas con el “gran dominio” (militar, financiero, informático, mediático, energético) abocaron el mundo al desastre ético, social, ecológico y económico.

Reflexionando durante el confinamiento por la pandemia COVID-19… los emigrantes y refugiados… la incapacidad de hacer frente a las catástrofes naturales (incendios, inundaciones, terremotos…)… el tráfico de personas, drogas… el acoso de poderosos medios de comunicación controlados, “la voz de su amo”… los rebrotes de fanatismo, supremacismo, dogmatismo… la globalización de la indiferencia y la ignorancia… una economía basada en la especulación, deslocalización productiva y guerra (no me canso de repetir que cada día se invierten en armas y gastos militares más de 4000 millones de dólares al tiempo que miles de personas, la mayoría niñas y niños de uno a cinco años de edad, mueren de hambre)… en la catástrofe democrática que observamos en las elecciones estadounidenses… y en la Unión Europea donde las decisiones deben adoptarse por unanimidad (¡)… nos damos cuenta del deber de memoria y de los deberes esenciales con las generaciones venideras, para promover, con grandes clamores populares (ahora que no hay excusa, porque “Nosotros, los pueblos” tenemos voz y somos todos iguales en dignidad) las transiciones inaplazables de una cultura de imposición, dominio y guerra a una cultura de encuentro, conversación, conciliación, alianza y paz, de la razón de la fuerza a la fuerza de la razón, del autoritarismo a la democracia genuina.

Sí: ha llegado, por fin, el momento de la rebelión pacífica pero firme, de los países incorporados e implicados en el multilateralismo democrático, de unas Naciones Unidas refundadas y dotadas de los medios personales, técnicos, financieros y de defensa adecuados.

Deber de memoria y de acción.  Ya en 1919 el Partido Republicano de los Estados Unidos impidió que la Liga de Naciones creada por el Presidente W. Wilson tuviera el respaldo adecuado… y fueron pueblos de Europa (Alemania e Italia) y de Asia (Japón) los que originaron movimientos nazis, fascistas y del Imperio del Sol Naciente, que condujeron a la segunda guerra mundial.

A su término, la “guerra fría” entre las super potencias, operaciones inverosímiles de dominio como el “Plan Cóndor” en América Latina con miles y miles de víctimas… y, cuando la Unión Soviética se transformó, por obra y gracia de Mikhail Gorbachev, en una Comunidad de Estados Independientes y hacía posible  un nuevo momento para restablecer el esquema multilateral de Roosevelt, el Presidente Reagan, con la Primera Ministra Thatcher como acólito, inventa el G6 y en 1989 los Estados Unidos “republicanos” no suscriben la Convención de los Derechos de la Infancia propuesta por UNICEF (en la actualidad es el único país que no la ha suscrito)… y se crea la Organización Internacional del Comercio fuera del contexto de las Naciones Unidas. En los últimos cuatro años, los Estados Unidos han abandonado la UNESCO de nuevo, acompañados de Israel, y hace tan sólo unos meses la Organización Mundial de la Salud… y, el día 3 de noviembre, coincidiendo con las elecciones, abandonaron así mismo los Acuerdos de París sobre Cambio Climático…

El liderazgo actual europeo no ha sido capaz de contrarrestar las incesantes medidas arbitrarias del Presidente Trump.  

Mirando hacia donde lo hagamos, todo el mundo clama acción conjunta, eficaz y urgente frente a las amenazas globales –algunas irreversibles- que actualmente nos acechan y que es nuestro deber supremo enfrentar  decidida y rigurosamente.

Sólo hay una solución: el multilateralismo democrático, la unión de los pueblos, la ciudadanía consciente que deja de ser espectadora y pasa a la acción.

Publicado en Other News el 5/11/2020