Urgente cambio de gobernanza mundial

martes, 4 de enero de 2022

                                                                                                                           Deber de memoria. Memoria del olvido. Deber de acción y de palabra.

Delito de silencio.

Los inicios del año 2022 exigen una especialísima reflexión y la adopción de decisiones sin ulterior demora. El 2021 ha sido extraordinariamente denso en acontecimientos y tendencias que deben recordarse y corregirse antes de que se alcancen puntos de no retorno. Por primera vez en la historia, algunas de las amenazas a escala global son de naturaleza irreversible y, ya en el antropoceno, podría afectarse la propia habitabilidad de la Tierra si, una vez más, olvidamos lo acordado e incumplimos nuestras supremas responsabilidades intergeneracionales.

Hasta hace muy poco, no sabíamos lo que sucedía en el mundo y no podíamos expresarnos. Además, una secular discriminación no nos permitía actuar conjuntamente. Cuando en 1945 las Naciones Unidas creadas por Roosevelt ofrecían un nuevo marco multilateral muy bien diseñado, la razón de la fuerza volvió a imponerse sobre la fuerza de la razón y  las armas prevalecieron una vez más sobre las palabras. “Nosotros, los pueblos”, protagonistas de la primera frase de la Carta de las Naciones Unidas, no existían en aquel momento y  la Asamblea General se hallaba integrada por representantes-siempre varones-de los Estados… Hasta hace tres décadas, el 90 % de los seres humanos nacían, vivían y morían en unos pocos kilómetros cuadrados, dominados por el poder absoluto masculino. Eran temerosos, silenciosos, desiguales, obedientes, sumisos… Ahora, cuando más apremiante era, los pueblos pueden, por fin, participar y activamente -es decir, vivir democráticamente- porque, gracias en buena medida a la tecnología digital, pueden expresarse libremente. Y a todos, progresivamente, se les ha reconocido -es la gran victoria reciente de la humanidad- igual dignidad.

Al recordar los grandes rasgos del año 2021 -gobernanza neoliberal plutocrática, pandemia, cambio climático, emigración, hambre y extrema pobreza… -  debemos ser conscientes de que, después de guardar silencio desde el origen de los tiempos, ha llegado el momento del multilateralismo democrático gracias a la participación ciudadana. Ya no serán las bases militares y los costosísimos artilugios bélicos los que confieran seguridad a nuestras vidas sino las nuevas soluciones que las Naciones Unidas debidamente reformadas -con una Asamblea General sin veto pero con voto ponderado e integrada, ahora sí, por “Nosotros, los pueblos “, por la sociedad civil junto a los representantes de los gobiernos- permitan, según la sabia recomendación del profesor José Luis Sampedro”, cambiar de rumbo y nave".

Para asegurar la participación ciudadana es imprescindible que todos seamos conscientes de los retos presentes y de la forma de hacerles frente. Tener “memoria del olvido“ y, todos unidos, todos iguales, todos conscientes, participemos activamente, sabiendo siempre proceder de tal manera que sea la inteligencia humana la que dirija a la “artificial “y no al revés. Esta ciudadanía “advertida y diligente” será capaz de cumplir en estas cruciales circunstancias el propósito de “los pueblos“ en 1945: “evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra”… el horror de un planeta desvencijado, el horror de una minoría de formidables consorcios mercantiles llevando al  mundo en su conjunto hacia el abismo… A este respecto, es procedente recordar a Aurelio Peccei cuando, en la década de los 60, con tanta anticipación como sabiduría, vigía del futuro, alertaba ya sobre “el abismo frente a nosotros” (“The chasm ahead”).  Y, con él, a todos los que desde entonces han reiterado en múltiples ocasiones alertas y advertencias, siempre desoídas. El papel de las comunidades científica, académica, artística, intelectual… se incrementa en estos momentos, en los que ya son muchos los “pueblos“ que se dan cuenta de que ha llegado el momento de atender sus llamamientos y no los del “mercado”…. La UNESCO, la Academia de Ciencias de los Estados Unidos, las “Cumbres de la Tierra “(Río en 1992; Johannesburgo en 2002…)… han sido invariablemente desatendidas por las ambiciones hegemónicas de quienes, desde la década de los 80, se integraron en grupos plutocráticos (G6 ,G7,G8,G20).

Con el Presidente Obama en la Casa Blanca fue posible alcanzar, en aquel luminoso otoño de 2015, los Acuerdos de París sobre el Cambio Climático y la Resolución de las Naciones Unidas  “para transformar el mundo”, sobre la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Pero -insisto en ello- cuando al cabo de unos meses Donald Trump impuso de nuevo la hegemonía de Estados Unidos y anunció sin ambages que no pondría en práctica los acuerdos suscritos por su antecesor, silencio. Silencio en el mundo. Silencio en la Unión Europea….porque, entre tanto, su capacidad de acción había decrecido sustancialmente, al exigirse la unanimidad en la toma de algunas decisiones muy relevantes… ¡y la unanimidad es la antítesis de la democracia!

Para procurar el apremiante cambio de gobernanza mundial y promover las Naciones Unidas que ya he comentado sucintamente, su primer acto solemne debería ser la adopción de una Declaración Universal de Democracia , puesto que  -esta es la gran convicción como premisa-  sólo la democracia genuina a todos los niveles (local, nacional, regional y global) podría resolver los actuales desaguisados hacia un porvenir a la altura de las inverosímiles facultades que distinguen a la especie humana: pensar, imaginar, anticiparse, innovar, ¡crear! Cada ser humano único capaz de crear, de inventar, nuestra esperanza.

Deber de memoria… y delito -ahora que ya podemos, y por tanto debemos, expresarnos- de silencio. Memoria de los migrantes de países con recursos naturales abundantes… pero que son explotados por oligopolios internacionales… Hace tan sólo tres días, el 28 de diciembre de 2021, la prensa comunicó que 188 emigrantes habían fallecido ahogados en la costa Libia… ¡Libia! Cuánto importan  las riquezas del suelo y subsuelo libios…y qué poco los habitantes de esta tierra… Y memoria de Yemen, con más del 70 %de su población viviendo en pobreza extrema, dejada “al cuidado” del gran poder económico saudí… Y no olvidar sobre todo a los sirios después de siete años de padecimientos sin límites por una guerra que no son capaces de detener quienes deberían haberla evitado o solucionarla en un contexto de mediación multilateral… Y memoria de Afganistán… Y de tantos países africanos -África, fuente de sabiduría y solidaridad humanas-… Y memoria de Haití, país que debería ser tenido permanentemente en cuenta porque , después de padecimientos de toda índole, ”ha agotado las lágrimas“, según publicaba “El País “del 22 de agosto… Memoria de las pretéritas consecuencias del supremacismo en Europa y Asia, para impedir que se repitan intolerables acciones como la invasión de Irak…o la “Operación Cóndor” en América Latina… que abrieron heridas de difícil sutura… Deber especial de memoria para resolver de una vez la convivencia entre palestinos e israelíes. En junio de 1995, con Yasser Arafat e Isaac Rabin se alcanzó el acuerdo… truncado acto seguido por el asesinato del Primer Ministro…   Memoria de las autocracias que en múltiples países permiten una gobernación corrupta, con narcotráfico y abusos inadmisibles de poder… Memoria del asalto al Capitolio de los Estados Unidos… Memoria constante de la naturaleza agraviada… Memoria del polo Ártico que, al fundirse, libera gas metano con un efecto ecológico muy superior al anhídrido carbónico… Y no olvidar los inmensos gastos de defensa cuando los habitantes de estos territorios tan bien protegidos pasan, con frecuencia, hambre y viven en condiciones de gran precariedad… No me canso de repetir que es intolerable que cada día se inviertan en armas y gastos militares más de 4000 millones de dólares al tiempo que mueren de inanición miles de personas, la mayoría niñas y niños de uno a cinco años de edad…

Debe aplicarse sin dilación un nuevo concepto de seguridad que permita disponer a la ciudadanía de mayores medios de todo orden ante catástrofes naturales, afecciones sanitarias… teniendo siempre en cuenta las cinco prioridades de las Naciones Unidas: alimentación, agua potable, servicios de salud de calidad, cuidado del medio ambiente y educación a lo largo de toda la vida… Deber de memoria de más de 4000 feminicidios en 2020 en América Latina, según se presentó en un artículo publicado en Other News el 25 de noviembre de 2021… Deber de memoria de la reciente auténtica “estafa” de Glasgow COP 26, donde resultó que los “compromisos” alcanzados no eran ¡“vinculantes”! (y, por tanto, no eran “compromisos”).  Sin embargo, se hizo público sólo a las 48 horas que era necesaria la ampliación “por razones geoestratégicas y defensivas”, de la capacidad de acción de la OTAN… ¡Como siempre! Como siempre, el lenguaje de las armas, de la fuerza, de la cultura de guerra en lugar de la cultura del encuentro, del diálogo, la conciliación, la palabra, la paz. Frente al autoritarismo, multilateralismo democrático…

Deber de memoria de quienes, contraviniendo derechos humanos esenciales del prójimo, no han querido vacunarse, actuando en contra también de las recomendaciones científicas. Pero deber de memoria, en particular, de aquellos que no se han podido vacunar por la reprobable codicia de los más prósperos.  Ahora, sabiendo lo que pasa en la Tierra en su conjunto, debemos ir a la raíces de los problemas… y no consentir por más tiempo una brecha social en la que fermentan tantos quebrantos que no pueden solucionarse por la fuerza sino por la palabra y la justicia.

Deber de memoria para no volver a la “normalidad pre-pandémica”, con botellones inverosímiles, altamente infecciosos… No volver a la globalización de la ignorancia, con miles de personas actuando irresponsablemente en lugar de, conscientes de su esencial  papel en la reconducción de la situación ecológica y social, disponerse a participar activamente… Si “volver a la normalidad” es volver a una gobernanza plutocrática, a los designios de inmensos consorcios omnipresentes  y omnipotentes, se agudizarían todavía los desafíos actuales a escala global. Hace unos años no teníamos pautas de conducta a seguir. Ahora sí: la Agenda 2030 y los ODS… Y al Presidente demócrata Joe Biden en la Casa Blanca.

¡Si al menos los super ricos abonaran los impuestos que les corresponden! Hace poco me impactó la noticia de que en España los 2/3 de las fortunas superiores a 30 millones de euros no pagaran impuestos de patrimonio… Todos iguales  -el supremacismo y el racismo deben ser inexistentes en el futuro-, todos juntos, alcemos la voz y  participemos en la reconstrucción, en la invención del futuro que debemos a las generaciones que llegan a un paso de la nuestra… La frase de Albert Camus “les desprecio, porque pudiendo tanto se atrevieron a tan poco”, me alienta, más que nunca en el pasado, a actuar con apremio. Hoy sería imperdonable que nuestros descendientes pudieran reprobarnos no haber estado debidamente preparados ante los retos, algunos de carácter irreversible, que enfrentamos en estos tiempos.

“El deber supremo es seguir”, advirtió Pedro Salinas. Sí: sólo se fracasa cuando se deja de intentar.  Vamos a transformar el mundo, según el título de la resolución de las Naciones Unidas sobre la Agenda 2030 y los ODS. Deber de memoria. Deber de acción. Delito de silencio.


Publicado en Other News

Almudena Grandes, inmarcesible voz de “Nosotros, los pueblos”

domingo, 28 de noviembre de 2021

Almudena se ha ausentado, pero su palabra seguirá siempre presente. Conocedora de todas las edades, sensible a todas las sensibilidades, confortadora de todos los corazones, paciente con todo tipo de pacientes… y, sobre todo, incansable promotora de la igual dignidad de todos los seres humanos. Éste fue el pilar, la base, de todos sus lúcidos mensajes, tan bellamente expresados. Al filo de las certezas e incertidumbres, la libertad humana, el gran don…

La mujer, ahora más que nunca en el pasado, con alas fuertes y grandes para elevarse lo suficiente, incluso a contraviento, para conocer bien la realidad y decidir con plena autonomía. Vivir intensamente y caminar “con el amor a cuestas”, como preconizaba Miguel Hernández, de quien ella y Luis García Montero aprendieron a querer a y querer con, que es el querer supremo.

Almudena Grandes, escribir para “aprojimarse”, para que, en último término, podamos seguir –seguir es imperativo, según Pedro Salinas- sembrando semillas de esperanza, para que descubramos la desmesura creativa humana y lo que somos a veces y lo que podemos llegar a ser.

En “Modelos de mujer” Almudena nos demostró que todas sin exclusión, pueden vivir intensamente el misterio de la vida. Y, en “Los besos en el pan” pone de manifiesto que es esencial, por mucho que tengamos, besar el nuestro y procurar que muchos, muchos, puedan besar el suyo. Luis, “En pie de paz”, nos ha permitido, al mismo tiempo, pensar que todos los jardines pueden ser, si tenemos ánimo de cultivarlos, nuestros jardines.

Temprano te has vuelto invisible pero tu luz permanecerá. En marzo de 1994, al morir físicamente Melina Mercuri, le dediqué un poema del que extraigo para ti, inolvidable Almudena, los siguientes versos:

“¿Se apagan las estrellas?

No.

Las estrellas mueren,

pero no se apagan.

No dejan

de iluminar

nuestros senderos

ni de inspirar

nuestras canciones…

Sus ojos se han cerrado,

pero ni su voz

ni su luz

se han apagado.

Las estrellas mueren

pero no se apagan”.

Glasgow: “Nosotros, los pueblos, compelidos a la rebelión “

jueves, 18 de noviembre de 2021

 

A pesar de los excelentes informes científicos que, una vez más, alertaron sobre la necesidad de adoptar medidas apremiantes y poner en práctica sin ulterior demora los Acuerdos de París sobre el cambio climático y la Agenda 2030 de la Asamblea General de las Naciones Unidas “para transformar el mundo“,… a pesar de la presencia de múltiples y activas instituciones y representantes de la ciudadanía mundial, con múltiples jóvenes de especial capacidad informativa… a pesar de países convencidos de la impostergable necesidad de resolver, sin vacilaciones, las presentes tendencias… al final ha sido, de nuevo, el “gran dominio”(financiero, militar, energético, digital , mediático) el que ha aplazado, con total irresponsabilidad intergeneracional, la adopción de medidas que pudieran detener, todavía , la presente deriva ecológica.

Desde hace décadas -no me canso de repetirlo- han sido múltiples las comunidades, especialmente la científica, que han llamado la atención sobre la necesidad de un cambio radical en la gobernanza mundial, indicando la urgencia de una acción conjunta a escala global a través de un multilateralismo democrático ponderado y eficiente, que permitiera, además, resolver los conflictos por la fuerza de la razón en lugar de seguir haciéndolo, desde el origen de los tiempos, por la razón de la fuerza. ”Si quieres la paz, prepara la guerra”: este perverso adagio ha sido puntualmente seguido por el poder absoluto masculino que ha tenido en sus manos las riendas del destino común a través de los siglos… hasta  hoy mismo en que se invierten diariamente -lo repetiré mientras no se resuelva- más de 4000 millones de dólares en armas y gastos militares, al tiempo que mueren de hambre y pobreza extrema miles de personas, la mayoría niñas y niños de uno a cinco años de edad.

A pesar de los intentos de tres Presidentes demócratas norteamericanos de pasar de la fuerza a la palabra -Wilson en 1919; Roosevelt en 1945, y Obama en 2015- lo cierto es que sus esfuerzos en favor del multilateralismo han sido contrarrestados invariablemente por las convicciones hegemónicas que hoy, desoyendo las alarmas por procesos irreversibles que amenazan a la humanidad en su conjunto por primera vez en la historia, están conduciendo a un claro deterioro de las condiciones de habitabilidad de la Tierra.

El incumplimiento de los deberes urgentes por parte de las presentes generaciones puede conducir, sin remedio, a que las venideras vean gravemente lesionados sus derechos.

Desde los años 50 del siglo pasado, la UNESCO -con la creación de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza, los programas geológico, hidrológico y oceanográfico y “El Hombre y la Biosfera “- … y el Club de Roma -advirtiendo sobre los límites del crecimiento -…. y la Academia de Ciencias de los Estados Unidos en 1979, subrayando el papel del agua marina…y, después, ¡dos “Cumbres de la Tierra”! (en Rio en 1992 y Johannesburgo en 2002)… y la “Carta de la Tierra” en 2000….y la Declaración y Programa de Acción sobre una Cultura de Paz (Naciones Unidas 1999)… directrices siempre marginadas por los grupos plutocráticos neoliberales (G-6,G-7,G-8,G-20) impulsados por los presidentes de los EEUU pertenecientes al Partido Republicano…

¡Al fin!, en aquel otoño de esperanza de 2015, se firman con el Presidente Obama los Acuerdos de Paris y la Resolución de las Naciones Unidas sobre la Agenda 2030 y los ODS… Deber de memoria: a los pocos meses llegó el presidente Trump y, acto seguido, dijo que Norteamérica no llevaría a la práctica ninguno de los convenios firmados por su antecesor… Y la Unión Europea, incapaz de oponerse, silenciosa,… porque para adoptar algunas medidas debe hacerlo por unanimidad… ¡que es la antítesis de la democracia…! Después de seis años de retraso, llegando ya al borde del abismo, se abrieron, al principio de la COP-26, ciertas expectativas por “compromisos alcanzados entre los grandes poderes”… pero resultó luego que eran compromisos “¡no vinculantes!”…

¡Qué oprobio, qué desvergüenza! Si no son vinculantes no son compromisos. De esta manera ha concluido la gran ocasión de Glasgow en la incertidumbre y desesperanza, porque es evidente que buena parte de la ciudadanía consciente ve desaparecer las últimas posibilidades de enfrentar y reconducir la situación presente.

Será necesario, en consecuencia, modificar sustancialmente el comportamiento cotidiano, el estilo de vida, antes de que se alcancen líneas rojas en el deterioro ecológico… La ciudadanía ya no puede ser, en buena medida, “espectador distraído” de lo que acontece. El Ártico se está fundiendo y no sólo los rayos solares carecen de “espejo” para reflejarse, sino que el permafrost ha acumulado durante siglos grandes bolsas de metano que, al liberarse, tienen un efecto mucho peor que el anhídrido carbónico sobre el cambio climático.

Está claro que, ahora sí, la solución es “Nosotros, los pueblos”, como se escribió lúcida pero prematuramente en la primera frase de la Carta de  las Naciones Unidas. En 1945, los “pueblos” carecían de voz y la inmensa mayoría de los seres humanos nacía, vivía y moría en unos kilómetros cuadrados… Las posibilidades de información residían en el entorno inmediato. Eran, lógicamente, temerosos, obedientes, silenciosos, sumisos. Desde hace unas tres décadas, ya pueden expresarse libremente de forma progresiva, en buena medida gracias a la tecnología digital, y se ha eliminado, en alto grado, la discriminación por razón de género, sensibilidad sexual, ideología, creencia, etnia…

Ahora sí, por fin, “los pueblos“ ya pueden participar activamente a nivel local, regional, global. Con grandes clamores populares puede lograrse que se elimine la gobernanza plutocrática y se refuerce el multilateralismo democrático… Ahora, “los pueblos“ ya pueden exigir que las ojivas nucleares dejen, de una vez, de constituir una intolerable “espada de Damocles” para el conjunto de la humanidad… Y que los paraísos fiscales desaparezcan del mapa, y que un nuevo concepto de seguridad disminuya los inmensos dispendios en armas y gastos militares actuales y permita que los habitantes de territorios tan bien protegidos con los sistemas de defensa actuales tengan acceso a la alimentación, al agua potable, a servicios de salud de calidad, a una educación para todos a lo largo de toda la vida, al cuidado adecuado del medio ambiente… Los pueblos actuarán, por fin, porque la propia Declaración Universal de Derechos Humanos -¡maravillosa previsión¡- así lo indica en el segundo párrafo del preámbulo: …“a fin de que los seres humanos no se vean compelidos al supremo recurso a la rebelión…”. Hace pocos días publiqué “Glasgow, conciencia mundial para cambiar de rumbo”. Hoy –a la vista de los pocos resultados de la COP-26 y, sobre todo, del anuncio, tan inoportuno como descorazonador, de que la UE reforzará sensiblemente en muy breve plazo su potencia militar-  está claro que debe ser la ciudadanía consciente la que, “compelida a la rebelión”, logre, voces y manos unidas, las transiciones que son exigibles antes de que se alcancen puntos de no retorno. Y “los pueblos”, mirando a los ojos de nuestros descendientes, vamos a exigir gobiernos que procuren un multilateralismo diligente, unas Naciones Unidas capaces, todavía, de adoptar las medidas más apremiantes para los cambios radicales que no admiten mayor demora. Compelidos a la rebelión, vamos a lograr cambiar, en poco tiempo, la fuerza por la palabra. Vamos a inventar otro futuro.