Gravísimo error: autorizar manifestaciones fascistas y xenófobas

lunes, 23 de mayo de 2016

Cualquier asociación de esta naturaleza, prohibirla. Los promotores deben saber que sí hay algo que es esencialmente incompatible con la democracia, los derechos humanos y la igual dignidad son el nazismo, el fascismo, el racismo y el fanatismo, porque defienden la prevalencia de unos sobre otros. 

La piedra angular de la convivencia es la igual dignidad de todos los seres humanos, sea cual sea su género, edad, etnia, ideología, creencia... los que no aceptan este fundamento conceptual deben ser inmediatamente situados fuera de la legalidad. Con los intolerantes, tolerancia cero. 

La violencia se halla enraizada en el odio, la animadversión, la desconsideración. A los que creen que son superiores no se les debe conceder el menor espacio en un Estado de Justicia. Recordemos lo que sucedió en España en los años 35 y 36 y en Europa en los años 38 y 39. 

Sólo los obcecados y los fanáticos son hoy un riesgo que todos debemos rechazar. Aceptar la inaceptable ha producido demasiadas víctimas para que ahora sigamos siendo benévolos con los que no lo son.

Gravísimo error. Otro error. Y otro... Y silencio. Y la gente de espectadora impasible. Delito de silencio.

Demasiadas cosas, en demasiados sitios

Como es habitual, Soledad Gallego-Díaz hace un análisis excelente de la situación "glocal", como se dice ahora. 

Me limito a reproducirlo, con igual título y términos, porque creo que su lectura puede inspirar muchas actitudes. 

"Es posible que cuando pasen unos años, algún historiador se refiera a los meses de junio y julio de este año como los dos meses que empezaron a cambiar el mundo. Seguramente ese historiador no se fije tanto en las elecciones del 26 de junio en España, (lamentablemente, no estamos en condiciones de influir tanto, aunque algo aportaremos, quizás) como en el referéndum sobre la salida de Gran Bretaña de la Unión Europea (23 de junio) y en la convención del Partido Demócrata norteamericano, del 25 al 28 de julio. Añadirá seguramente las presidenciales austriacas, con la extrema derecha al ataque y un primer ministro socialdemócrata dimitido e incapaz de unir a la izquierda; el proceso de destitución de Dilma Rousseff a manos de una banda de ladrones que domina el Parlamento de Brasil; la elección como presidente de Filipinas de un violento que jura matar a 100.000 criminales y, sin duda, el golpe autoritario del presidente turco, Erdogan, ciegamente respaldado por una Unión Europea incapaz de asumir su responsabilidad en Siria. 

La cuestión es que se están juntando demasiadas cosas en demasiados lugares y en demasiado poco tiempo. Es posible que Gran Bretaña, finalmente, no abandone la UE y que Donald Trump no sea elegido presidente de Estados Unidos, pero nada garantiza, hoy por hoy, que vaya a ser así. Y aunque esos dos monstruos no lleguen a sentarse a nuestra mesa, es seguro que dejarán su huella en la puerta y que esa puerta está ya astillada por el creciente autoritarismo de Centroeuropa, la inmolación del modelo social de Occidente a manos de un capitalismo que exacerba la desigualdad y la crisis de los inmigrantes que, se mire como se mire, es una etapa lógica de la globalización. El calendario comienza el próximo día 7, con las primarias demócratas en California, que pueden introducir el caos en la Convención de julio. La enorme dificultad que tienen los partidos de izquierda para llegar a acuerdos no es exclusiva de España, ni tan siquiera de Europa. A su manera, la misma batalla se está dando dentro del Partido Demócrata norteamericano, entre los dos candidatos a la nominación presidencial, Bernie Sanders y Hillary Clinton. Sanders, que ha hecho una campaña excepcional y que se define a sí mismo como socialista outsider, no está dispuesto a retirarse antes de la Convención de su partido, sino que aspira a defender sus posiciones frente a los delegados demócratas, pese a llegar en minoría. El problema es que la actitud de Sanders no permite a Hillary Clinton dedicarse ya de pleno a combatir al candidato republicano Donald Trump, como sería lo apropiado a estas alturas. Trump, que se ha deshecho prácticamente de sus competidores internos, se encuentra el campo casi libre, para temor de quienes comienzan a pensar que no es solo un personaje destemplado y violento, sino que representa un peligro real en las urnas. 

¿Qué hace que Clinton afronte más resistencia que cualquier otro candidato demócrata anterior? Hay quienes creen que es su condición de mujer lo que hace que su oponente se sienta incapaz de reconocer la derrota. Otros, por el contrario, defienden a Sanders y su pelea por empujar al Partido Demócrata hacia posiciones menos convencionales, aunque eso suponga mantener una posición de extrema agresividad contra Clinton hasta el final. Todos esos análisis son muy interesantes, siempre que Donald Trump no gane las presidenciales. Porque si llegara a ocurrir, ya no importará lo más mínimo lo que pretendiera Bernie Sanders. Lo único importante, insoportable, será ver a Trump en la Casa Blanca y a Clinton, derrotada".

El País, 22 de mayo de 2016

La evolución pendiente

viernes, 13 de mayo de 2016

¡Qué certero, qué preciso, José Monleón al titular su libro-aviso-alerta de 2011: “Siglo XXI: la evolución pendiente! Porque hoy, cinco años después, con el apremio añadido de que mucho procesos (sociales, medioambientales…) pueden ya, al haber entrado en el antropoceno, alcanzar en poco tiempo puntos de no retorno, lo que constituiría un agravio intolerable, histórico, hacia las generaciones veniderasnos damos cuenta de que es imperativo poner en práctica sin demora la evolución pendiente.

La evolución, porque si no hay evolución habrá revolución. La diferencia, no me canso de repetirlo, es la “r” de “responsabilidad”. Es indispensable vencer la inercia –nuestro principal reto- y atrevernos a, por fin, serena pero firmemente, enfrentar los retos de nuestro tiempo, en particular aquellos que conducirían a entregar a las generaciones venideras un legado conceptual y materialmente de peor calidad que el que hemos recibido. Tenemos que recordar, me gusta también reiterarlo, la frase terrible de Albert Camus: “Les despreciaba, porque pudiendo tanto se atrevieron a tan poco”.  Es preciso inventar el mañana. Para ello debemos liberarnos del miedo, como se establece con tanta lucidez en el preámbulo de la Declaración de los Derechos Humanos. Es acuciante atreverse a saber y saber atreverse.

Hoy, gracias a la tecnología digital, ya podemos expresarnos, ya sabemos lo que acontece y, por tanto, somos ciudadanos del mundo con una “conciencia global” que debe ser reactiva,  con actitud de resistencia firme, de resiliencia para evitar a través de un gran clamor multitudinario “la completa claudicación de la clase política ante los poderes económicos”. José Monleón destacaba ya entonces la “importancia del inmenso poder mediático para atenuar e incluso anular la reacción popular: tenemos enfrente a los incansables cuatro jinetes del Apocalipsis, capaces de desencadenar las más profundas regresiones: el fanatismo, la ignorancia, la autocracia y la manipulación de la información”. La garantía del cambio, de la evolución, es la democracia genuina. Ser “libres y responsables”, como define la Constitución de la UNESCO a los educados para que, por fin, las riendas del destino se sitúen en las manos de “Nosotros, los pueblos…”.

En la década de los ochenta, el neoliberalismo marginó a las Naciones Unidas y las sustituyó por grupos plutocráticos (G6, G7, G8,… G20), cambió la cooperación por la explotación y compartir, que es la clave de la nueva era, por acumular. Para lograr la evolución que ahora constituye una auténtica emergencia, debemos rechazar la paz de la seguridad por la seguridad de la paz y de la justicia.

Es indispensable conocer bien el pasado para, desde el presente, inventar el futuro. El fundamento de la esperanza es que el por-venir está por-hacer. Y que el don supremo que distingue a la especie humana es la capacidad de crear.

La sociedad no seguirá aceptando ahormarse y ser espectadora en lugar de actora. Empezará a revolverse contra quienes pretenden, con una gigantesca industria del entretenimiento, mantenernos amilanados y apocados. 

De la fuerza a la palabra. Sólo la evolución –en la que la mujer es “piedra angular”, según el Presidente Nelson Mandela- permitirá la transición de una cultura de imposición, dominio, violencia y guerra a una cultura de encuentro, conciliación, no violencia y paz, de tal forma que el “Si vis pacem para bellum” se transforme en “Si vis pacem para verbum, haciendo posible la plena emancipación de los seres humanos, que actuarán en virtud de sus propias decisiones y nunca más al dictado de nadie.

La evolución para pasar, todos, de la mano alzada a la mano tendida. Evolución apremiante que debe ser liderada por las comunidades académica, científica, artística, intelectual en suma, que no pueden seguir impasible y silenciosa contemplando lo que sucede sin ejercer plenamente las facultades que la especie humana posee en exclusiva. 

Es de esperar que pronto –escribía en el prólogo del libro de José Monleón- no sean necesarios tsunamins ni grandes cataclismos para que sintamos interiormente la necesidad imperativa de actuar, de no permanecer ociosos, distraídos, de tal manera que logremos que el mundo ya no sea como essino como debería de ser.

Se avecina la zozobra de la sociedad saciada. Está llegando el tiempo de la amistad, del amor, del desprendimiento, de la permanente actitud de servicio, de la permanente militancia en favor de la igual dignidad humana, de la convivencia armoniosa.

Como ha escrito María Novo, citaba, “es necesario desplegar la capacidad de vislumbrar mundos posibles en los que nadie tenga que nacer con el hambre escrita de antemano”.

Quieran o no quieran reconocerlo estamos viviendo auténticos “saltos” históricos que podrán situarnos pronto en condiciones de realizar una evolución bien calculada,  que conserve lo que debe ser conservado y modifique con diligencia lo que debe ser modificado. Inventar el futuro. Este es el gran reto, esta es la gran misión insoslayable.

Este año, a iniciativa del International Peace Bureau, tiene lugar una campaña activísima de desarme para el desarrollo, que permitiría disponer de los fondos necesarios para la puesta en práctica de los acuerdos de la Cumbre de París sobre el Cambio Climático y de los ODS (Objetivos de Desarrollo Sostenible), al tiempo que no se afectaba la seguridad a escala global. Como proclamaron en mes de diciembre los Premios Nobel de la Paz, bastaría con un 20% de los inmensos caudales dedicados hoy a gastos militares y armamento para que la humanidad pudiera iniciar este nuevo comienzo que es absolutamente insoslayable. La reunión final de “desarme para el desarrollo” tendrá lugar en Berlín a primeros de octubre del año en curso. Debe alzarse un gran clamor popular, con una especial movilización liderada por los creadores, los intelectuales, para que la evolución impida la revolución. 

Hace años, Ernesto Sábato ya nos advertía de que “Hay una manera de contribuir al cambio: no resignarse”. Llevemos a cabo la evolución pendiente a la que nos convocaba José Monleón. Situémonos en la vanguardia de la movilización, para no merecer los versos que Otto René Castillo escribía en los años 70 en su inolvidable libro “Informe de una injusticia”: “Un día, / los intelectuales, / apolíticos / de mi país / serán interrogados / por el hombre / sencillo / de nuestro pueblo. / Se les preguntará / sobre lo que hicieron / cuando / la patria / se apagaba / lentamente / como una hoguera dulce, /  pequeña y sola”. Ahora es el mundo el que se “apaga” vertiginosamente. Actuemos de tal forma que podamos decir en poco tiempo que fuimos capaces de llevar a cabo la evolución pendiente.

Federico Mayor Zaragoza
11 de mayo de 2016.





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