El Roto nos muestra lo que no debe romperse

viernes, 22 de julio de 2016

Gracias al El Roto, siempre, por su lucidez.

El País, 22 de julio de 2016

¿Dónde está la comunidad internacional?

lunes, 18 de julio de 2016

Por su importancia y actualidad, reproduzco a continuación algunos párrafos de la “Tribuna” que publicó en el Diario de Sevilla el Prof. Juan Antonio Carrillo Salcedo, el 4 de marzo del año 2000. Una de las tareas más urgentes que tenemos en estos momentos, acuciados por la posibilidad de alcanzar puntos de no retorno, es escuchar ahora y poner en práctica las advertencias que con tanta lucidez y anticipación formularon estas personas–vigía, estas personas-faro de las que el Prof. Carrillo Salcedo es, sin duda, uno de los máximos exponentes. 

En las frases iniciales, antes del propio título, escribe: “Los países ricos dan la espalda a Mozambique. Si no despertamos, nadie se salvará. Si el sufrimiento quedase reservado a los pobres, nadie dará crédito a los valores que el mundo rico dice sostener y pasaremos a la historia como ejemplo de cinismo moral y miopía política”.

...”Hoy en Mozambique, ayer en Centroamérica o Filipinas, un desastre provoca muerte y desolación, centenares de miles de seres humanos desplazado… Imágenes de los pueblos crucificados de nuestro tiempo, que nos conmueven y nos impulsan a lamentar su tragedia, dar una ayuda mediante un ingreso en una cuenta corriente de Cruz Roja o de alguna ONG humanitaria, para finalmente terminar olvidándoles. Hasta que la próxima tragedia humanitaria repita el ciclo… 

…Los pobres siempre sufren más, y las catástrofes, naturales o políticas, ponen de manifiesto con mayor intensidad sus carencias y problemas estructurales. Y para salir de esa situación necesitan de su propio esfuerzo y de la ayuda que deben y pueden recibir de la comunidad internacional. Pero, ¿dónde está la comunidad internacional? Para una guerra, como la del Golfo o más recientemente la de Kososvo, en nombre de la comunidad internacional se movilizaron inmensos recursos, entre ellos aviones, helicópteros… Ahora, en Mozambique, los recursos que se movilizan son escasos, como si los poderosos únicamente tuvieran poder para hacer una guerra pero fueran impotentes frente a una catástrofe humanitaria. 

El pueblo de Mozambique ha sufrido la guerra civil y ahora el efecto destructor de ciclones e inundaciones… Como los demás de su condición, parece que está ahí para dar testimonio del destino de los pobres: sufrir y, todo lo más, recibir la ayuda espontánea, e insuficiente, de gente de buena voluntad y algún socorro dispensado por gobiernos. 

Hace falta que la comunidad internacional deje de ser un concepto retóricamente utilizado por los poderosos cuando quieren legitimar su recurso a la fuerza, para ser una realidad que exprese un mundo más solidario y más justo. Un mundo en el que la ONU dispusiera de medios para hacer frente a las situaciones de emergencia humanitaria, tanto si éstas se deben a la naturaleza como si tienen otras causas… 

La conmiseración y la caridad son saludables y positivas, pero no bastan y habría que preguntarse cómo podríamos afrontar estas situaciones con mayor eficacia y mayor decencia. ¿Sería utópico proponer que los Estados miembros de las Naciones Unidas, entre ellos España, pusieran de modo permanente a disposición de la Organización recursos financieros y materiales para que la ONU pudiera actuar, pronta y eficazmente, en situaciones de emergencia humanitaria, cualquiera que fuera su causa, en las que las vidas de millones de seres humanos se ponen en peligro? ¿Sería muy utópico proponer que los países desarrollados, entre ellos España, fuesen más conscientes de que la pobreza es el mayor desafío, condonasen la deuda externa de los países más pobres, dedicasen el 0.7% de su PIB a la ayuda oficial al desarrollo y abriesen sus mercados a las materias primas y productos manufacturados de los países subdesarrollados? 

Muchos dirán que esto es irrealizable y un sueño. 

Pero, si no despertamos, nadie se salvará…”. 

Es ahora oportuno repetir, 16 años después, la alarma y consejo del Prof. Carrillo. Un cambio radical es apremiante. No podemos seguir siendo una unión monetaria en Europa. No podemos seguir sin poner en práctica nuestros deberes humanos con los refugiados y emigrantes. No podemos seguir permitiendo que los brotes xenófobos y fanáticos no se sitúen inmediatamente fuera de la ley. No podemos seguir arriesgándonos a dejar a las generaciones venideras como legado un planeta con la habitabilidad deteriorada. 

Leyendo la propuesta del Prof. Carrillo Salcedo, la situación de emergencia global debería llevarnos a convocar una sesión extraordinaria de la Asamblea General de las Naciones Unidas, en la que participaran instituciones civiles globales y regionales para afrontar debidamente los procesos potencialmente irreversibles: medioambientales, extrema pobreza, amenaza nuclear. Dedicar a la seguridad “humana” una parte de los ingentes caudales que se dedican a “seguridad militar”. El International Peace Bureau ha iniciado la campaña, que finalizará el día 30 de septiembre en Berlín, de “Desarme para el Desarrollo”… 

Sabias advertencias e iniciativas como las que hoy, transcurridos ya 16 años, reiteramos, podrían resolver, al menos, los más apremiantes problemas de la humanidad. Esperemos que la “miopía política” y el “cinismo moral” no sean ahora, sobrecogidos por el espanto, los que prevalezcan y sepamos, urgidos por las circunstancias, reaccionar eficazmente.

Europa: inmenso déficit de solidaridad y superávit de xenofobia

martes, 5 de julio de 2016

La unión monetaria permanece insensible a las apremiantes necesidades de los refugiados y emigrantes, incumpliendo sus responsabilidades -nítidamente establecidas en la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, año 2000– y reduciendo drásticamente su ayuda al desarrollo. 

Europa, que debería de ser no sólo ejemplar cumplidora de sus deberes sociales sino también vigía y referencia a escala mundial, se halla subordinada a la dinámica económica de los “mercados”. Sin pautas de conducta bien precisas y observadas en toda la Unión en relación a la xenofobia, fanatismo, racismo, nazismo… podíamos vernos abocados, por no haber aprendido bien las lecciones del pasado, a un futuro de extrema violencia. 

Si no se acomete con firmeza y denuedo enderezar las presentes tendencias, y se define y establece resueltamente una Unión política y económica, el sueño europeo se irá desvaneciendo. 

Sí: el déficit que debe preocuparnos realmente es el de la solidaridad y las intolerables actitudes de aislacionismo y extremismo que acarrea.