"Nosotros, los pueblos..."

martes, 9 de octubre de 2018


Adopción de una declaración universal de la democracia para entrar adecuadamente en la nueva era

En San Francisco, en 1945, al final de la Segunda Guerra Mundial, se fundaron, con el liderazgo norteamericano del Presidente Roosevelt, las Naciones Unidas, cuya Carta comienza así: "Nosotros, los pueblos, hemos decidido evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra". Hoy más que nunca es importante recordar que es a la humanidad en su conjunto a quien se debe tener en cuenta… Por encima de los gobiernos, el pueblo…  

Los principios y valores universales no se observan con frecuencia en la vida cotidiana de la "aldea global". Se tolera el comportamiento perverso de líderes que vulneran permanentemente las normas básicas de convivencia, sin que las Naciones Unidas puedan intervenir de inmediato; se transfieren responsabilidades de gobierno a los designios del mercado; se permiten, con toda impunidad, tráficos de capitales, de armas, de drogas, de personas, porque no existen los mecanismos reguladores y punitivos propios del único marco ético-jurídico que existe: las Naciones Unidas, integradas por "nosotros" es decir, todos los pueblos del mundo.

Todos unidos, sin fisuras. Todos juntos para defender cada día unos valores que eviten los desgarros sociales, la marginación y la exclusión. Todos juntos para dar el imprescindible vigor a las medidas que se adopten para paliar rápidamente la "vulnerabilidad física" que padecemos. También debemos, todos juntos, aplicar medidas correctoras de la "vulnerabilidad moral" de nuestros tiempos, como preconizaba ya en un artículo del mismo título publicado hace 17 años. Debemos situarnos todos del lado de la vida. Y prevenir.

Se atenta contra la vida de muchas maneras… En actos terroristas, tolerando el tráfico de personas y, sobre todo,  con actitudes insolidarias ante los cientos de emigrantes que llegan a las playas europeas (si es que logran llegar…) en busca de un “futuro mejor” y no encuentran la acogida que esperaban… Atentar contra una sola vida es un acto asesino injustificable. Hacerlo contra miles de ciudadanos indefensos es atroz y nos impulsa, consternados e indignados, a contribuir cada uno, con mayor determinación que nunca, a fortalecer la solidaridad con todos los habitantes de la Tierra.

Debemos mantenernos despiertos y vigías. En los momentos de gran tensión humana, si se piensa grande, si se piensa en todos, se acierta. Si se piensa pequeño, en unos cuantos, se yerra. La legitimidad moral implica que la libertad, la igualdad y la justicia se apliquen a escala global.

Es muy difícil combatir desde la luz a quienes se mueven en la oscuridad. Es imprescindible que se refuerce sin demora el Sistema de las Naciones Unidas, dotándolo de los recursos personales, financieros, técnicos y de defensa que le permita actuar con diligencia y con la capacidad de anticipación y de prevención que le es propia. Al final de la II Gran Guerra -guerra de las prácticas más abominables, del genocidio, del holocausto- los pueblos del mundo carecían de la posibilidad de acción, porque en su inmensa mayoría nacían, vivían y morían en unos cuantos kilómetros cuadrados, desconocían lo que acontecía más allá de su entorno, obedecían al poder absoluto indefectiblemente masculino, y permanecían silenciosos y atemorizados. Desde hace tres décadas, progresivamente y gracias en buena medida a la tecnología digital, saben lo que sucede en todo el mundo, pueden expresarse libremente y, sobre todo, son hombre y mujer. Todos iguales en dignidad. ¡Todos con la facultad distintiva de crear! Todos deben unirse  ahora para enderezar muchos rumbos actuales y hacer frente común contra los que, con su comportamiento mezquino y cortoplacista, atentan contra la paz y la convivencia.

Son precisas  unas Naciones Unidas fuertes, que cuenten con el apoyo de todos los países de la Tierra y, en primer lugar, de los más poderosos, para "evitar a las generaciones venideras el horror...". Unas  Naciones Unidas plenamente facultadas para la puesta en práctica de la Agenda 2030 “para transformar el mundo”, asegurando que el desarrollo es integral, endógeno, duradero, humano, y que los recursos de toda índole -el conocimiento muy en primer término- se distribuyen adecuadamente, al tiempo que se preserva la diversidad sin fin de la especie humana -diversidad que es su mayor riqueza- con la fuerza que le confiere su unión alrededor de unos valores básicos aceptados por todas las creencias e ideales.

Debemos recuperar a esas Naciones Unidas que permitieron al mundo remontar el vuelo desde las cenizas de la Segunda Guerra Mundial; las que aprobaron el 10 de diciembre de 1948 la Declaración Universal de los Derechos Humanos, que constituye una pauta de hondo calado -cuya imperiosa necesidad se agiganta en estos momentos- para orientar la gobernación del mundo. Corresponde hoy a “Nosotros, los pueblos”, reclamar, a los 70 años de ese gran referente ético a escala planetaria, la adopción de una Declaración sobre la Democracia, único contexto en el que puede asegurarse el pleno ejercicio de los derechos humanos y cumplir las responsabilidades intergeneracionales.

Ya tenemos voz y debemos alzarla. No podemos continuar permitiendo, con nuestro silencio,  la explotación de los recursos naturales de los países menos avanzados por aquellos que debieran haberles ayudado a su desarrollo endógeno, el éxodo de los mejores talentos y un progresivo abismo entre las condiciones de vida de los prósperos y los menesterosos. Grandes masas excluidas y hambrientas -miles de seres humanos mueren cada día de inanición- proclaman la urgente necesidad de corregir los actuales modelos de desarrollo, ya que no es sólo la presente inestabilidad lo que está en juego sino las propias condiciones de vida sobre la Tierra  para nuestros descendientes.

Poco a poco, las funciones de las Naciones Unidas para la construcción de la paz (peace building), esenciales y propias de su misión, se han sustituido por funciones de mantenimiento de la paz (peace keeping) y de ayuda humanitaria, al tiempo que en el escenario global los "pueblos" se han ido  difuminando…  Grandes conglomerados públicos y privados actúan sin "códigos de conducta" que, a escala supranacional, sólo las Naciones Unidas podrían establecer.

Hoy está claro que no se puede dejar en manos de unos cuantos -y mucho menos sólo en las del "mercado"- la gobernación del mundo, sino que debe hacerse sobre la base de unos principios generalmente reconocidos. Bien entendido, la paz y la justicia no dependen sólo de los gobernantes. Dependen sobre todo de cada uno de nosotros, que debemos saber construirla en nosotros mismos, en nuestras casas, evitando la violencia en y con nuestro entorno.

Hay que destacar la dramática diferencia entre los medios dedicados a potenciales enfrentamientos y los disponibles para hacer frente a recurrentes catástrofes naturales (incendios, inundaciones, terremotos, tsunamis,...),  para comprobar, con consternación, que el concepto de "seguridad" que siguen promoviendo los grandes productores de armamento es no sólo anacrónico sino altamente perjudicial para la humanidad en su conjunto, y que se precisa, sin demora, la adopción de un nuevo concepto de "seguridad", bajo la vigilancia atenta e implicación directa de las Naciones Unidas.  Se impone ahora con urgencia una nueva estrategia en la que nadie que atente contra el derecho fundamental a la vida quede impune. Y para reducir a la mínima expresión a los fanáticos extremistas y deshumanizados es necesario que se tenga presente lo que significa la seguridad en estos albores de siglo y de milenio…

Los grandes poderes actuales siguen pensando que la fuerza militar es la única expresión y referencia de "seguridad". Gravísimo error, costosísimo error que se ocupa exclusivamente de los aspectos bélicos y deja totalmente desasistidos otros múltiples aspectos de la seguridad "humana", que es, en cualquier caso, lo que realmente interesa. 

Cuando observamos los arsenales colmados de cohetes, bombas, aviones y barcos de guerra, submarinos... y volvemos la vista hacia los miles de seres humanos que mueren de hambre cada día, y hacia los que viven en condiciones de extrema pobreza sin acceso a los servicios de salud adecuados... es insoslayable constatar y alertar sobre el deterioro progresivo de las condiciones de habitabilidad de la Tierra, conscientes de que debemos actuar sin dilación porque se está llegando a puntos de no retorno en cuestiones esenciales del legado a nuestros descendientes. 

La seguridad alimentaria, acceso al agua potable, servicios de salud, rápida, coordinada y eficaz acción frente a las situaciones de emergencia... es -ésta y no otra- la seguridad que "Nosotros, los pueblos..." anhelamos y merecemos.

Insisto y subrayo que la solución es la democracia a escala local y mundial: la voz de los pueblos, de todos los pueblos. Con ellos alcanzaríamos la "solidaridad intelectual y moral de la humanidad" que proclama la constitución de la UNESCO, uno de los documentos más luminosos del siglo XX, que comienza así: "Puesto que las guerras nacen en las mentes de los hombres, es en la mente de los hombres donde deben erigirse los baluartes de la paz". Construir la paz a través de la educación de todos durante toda la vida.

Desde siempre vivimos en el contexto de la ley del más fuerte. "Si quieres la paz, prepara la guerra", proclama un adagio especialmente perverso. Tendremos ahora que pasar de una cultura de enfrentamiento a una cultura de conversación, de una cultura de imposición a una de relaciones "fraternales", como reza el artículo primero de la Declaración Universal de Derechos Humanos.  

Me gusta repetir que el pasado ya está escrito. Sólo podemos describirlo, y debemos hacerlo fidedignamente. Recordar para no repetir los errores sino aprender de ellos. Sólo podemos escribir el por-venir que está por-hacer.  El futuro podemos y debemos escribirlo todos juntos, inspirados en los grandes valores universales, en favor de la dignidad de toda la especie humana y, recordando siempre que somos “Nos-otros” y que somos en la medida  que hay otros y  no al margen de los otros…

Nos-otros. Distintos, pero unidos por unos principios universales que guían nuestro destino inexorablemente común.  Como en el barco leonardino que, cuando se abate la tormenta y se encrespan las aguas, súbitamente no hay a bordo mujeres y hombres, pobres y ricos, negros y blancos, jóvenes y adultos... sino únicamente pasajeros que deben colaborar afanosamente para mantener el buque a flote…  Encuentro y debate, para presentar nuestras propuestas y conocer las de los otros.  Para inventar conjuntamente un porvenir con faz humana… 

¿Qué mejor celebración del 70 aniversario de la Declaración Universal de los Derechos Humanos que adoptar en las Naciones Unidas una Declaración sobre la Democracia? Ya disponemos de un borrador bastante elaborado sobre las dimensiones ética, social, política, económica, cultural e  internacional de la democracia (https://declaraciondemocracia.wordpress.com/ ). Faltan el conocimiento y la voluntad política. “Nosotros, los pueblos”, nunca más espectadores impasibles sino actores implicados, nos comprometemos a reclamar su adopción. Sólo una democracia genuina a todos los niveles podría reconducir y esclarecer  las sombrías tendencias actuales.


Manos y voces unidas para la evolución pendiente y apremiante

jueves, 20 de septiembre de 2018


La voz, inaplazable.  Si no, delito de silencio cómplice.

Transcribo un poema del 10 de mayo de 1995 publicado en “Terral”:

“La voz herida
hoy
que se creía
invulnerable.

Al amparo
del pasado
refugiada,
oculta,
la voz estuvo
silenciosa,
silenciada.

La voz
a veces
no fue voz
por miedo.

La voz que pudo ser
remedio
y no fue nada.

Cuando al fin
se decidió,
fue voz baldía,
voz alcanzada
en pleno albor
de la palabra,
al iniciar el vuelo.

Si hubiera sido
inesperada,
intrépida,
hubiera influido
en el cambio
de sentido,
hubiera iluminado
inéditos
senderos,
inexplotadas y apacibles
sendas de futuro.

Por haber sido contenida,
llegó sin embargo,
solamente,
desoída,
a las oscuras y azarosas
orillas
del presente”.
París, 10.5.1995


Ha llegado el momento de la palabra.  Manos y voces unidas para la evolución pendiente y apremiante.

Ha llegado el momento de la voz firme e intrépida.  En otro caso, seguirá siendo desoída…

Día 15 de septiembre, Día Internacional de la Democracia

martes, 18 de septiembre de 2018


Con motivo del Día Internacional de la Democracia, el Secretario General de las Naciones Unidas, Antonio Guterres, ha hecho público el siguiente mensaje:

“La democracia se ve sometida a más presión ahora que en ningún otro momento desde hace décadas. Por ello, este Día debería hacernos buscar formas de vigorizar la democracia y respuestas a los desafíos sistemáticos que enfrenta.
Ello supone corregir la desigualdad, tanto económica como política. Supone hacer más inclusivas nuestras democracias, mediante la integración de los jóvenes y los marginados en el sistema político. Y supone hacer que las democracias sean más innovadoras y receptivas a los nuevos desafíos. 
Esforzarnos por un futuro que no deje a nadie atrás nos exige considerar interrogantes esenciales y urgentes. Por ejemplo, ¿cómo repercutirán la migración o el cambio climático en la democracia en la próxima generación? ¿Cuál es la mejor forma de aprovechar el potencial de las nuevas tecnologías evitando al mismo tiempo sus peligros? ¿Cómo hemos de construir una mejor gobernanza para que la democracia ofrezca mejores condiciones de vida y colme las aspiraciones de las personas?
En este Día Internacional de la Democracia, comprometámonos a aunar nuestras fuerzas por el futuro de la democracia”.
Estas son las palabras que deberían reproducir ampliamente los medios de comunicación y las redes sociales porque, por primera vez en la historia, la humanidad hace frente a desafíos globales que requieren acciones inaplazables.  “Mañana puede ser tarde”, debido a que se trata de procesos potencialmente irreversibles.
La respuesta es democracia genuina, basada en la convicción de la igual dignidad de todos los seres humanos.  Democracia ética, social, política, económica, cultural e internacional, tal como figura en el texto borrador de la Declaración de Democracia[1] que se redactó hace unos años con Karel Vasak, Juan Antonio Carrillo Salcedo…y ha sido suscrito, después, entre otras personalidades bien acreditadas, por Mario Soares, Adolfo Pérez Esquivel, Javier Pérez de Cuéllar, Boutros Boutros Ghali,… habiendo incorporado matices y sugerencias de  notorios expertos en este tema. 
Ha llegado el momento de la democracia participativa, de la educación para todos a lo largo de toda la vida, para que actuemos en virtud de nuestras reflexiones y nunca más al dictado de nadie.  Para que seamos “libres y responsables”, como lúcidamente establece la constitución de la UNESCO para los “educados”.
Ha llegado el momento de la democracia, de “Nosotros, los pueblos”, como se inicia la Carta de las Naciones Unidas.  Son “los pueblos” los que deben tener en sus manos las riendas de la gobernanza y no los grupos plutocráticos (G7, G8, G20) que han conducido a la deriva conceptual y práctica que actualmente sufre la humanidad.
Hay que reconocer, sin embargo, que en 1945 “los pueblos” no tenían voz.  Más del 90% de la población mundial nacía, vivía y moría en unos cuantos kilómetros cuadrados… .  Eran personas obedientes, silenciosas, temerosas.  Hoy sigue siendo alto este porcentaje, pero son muchos los que ya pueden, gracias en buena medida a la tecnología digital, saber lo que acontece más allá de su entorno inmediato, y pueden expresarse libremente.   Pero, sobre todo, ahora “los pueblos” son ya hombre y mujer.
Sí: “los pueblos” están siendo acosados por el “gran dominio” (militar, financiero, mediático, energético) para ser espectadores impasibles y obcecados en lugar de actores diligentes y comprometidos.  Miles de personas mueren al día, la mayoría niñas y niños de 1 a 5 años de edad, al tiempo que se invierten en armas y gastos militares más de 4,000 millones de dólares… al tiempo que se deteriora la habitabilidad de la Tierra, incumpliéndose, sin posibilidades de retorno, nuestras responsabilidades intergeneracionales… al tiempo que resurgen brotes supremacistas y xenófobos, peligrosísimos precursores de las confrontaciones más sangrientas… al tiempo que la insolidaridad se acentúa y la brecha social se agudiza…
Por todo ello, es tan importante que resuene bien alto y en todas las conciencias la necesidad apremiante de una democracia participativa que permita poner en práctica lo que establece con gran clarividencia el Preámbulo de la Constitución de la UNESCO:”La humanidad será guiada por los “principios democráticos”…
Que el día 15 de septiembre, “Día de la Democracia”, se extienda a todos los días y se inicie el cambio de rumbo que los jóvenes y las generaciones futuras merecen.  He repetido el gran impacto que tuvo en mi vida la frase terrible de Albert Camús: “Les desprecio porque podían y no se atrevieron”. 
¡Debemos atrevernos!