Escuchar la voz del pueblo

jueves, 16 de enero de 2014

Le democracia consiste, precisamente, en gobernar según la voluntad de la ciudadanía. Quienes lo hacen en nombre de la mayoría expresada en las urnas, no deben olvidar ni un instante a las minorías. 

Es un grave error aducir mayorías absolutas pretéritas, porque se trata de reflejar en cada momento los anhelos de los pueblos en su conjunto. La palabra “absoluto” es terminantemente incompatible con la democracia y deberían existir mecanismos correctores para evitar las “leyes rodillo” en el Parlamento, con total menosprecio de los otros grupos. 

Una democracia auténtica procura la evolución ponderada, de tal forma de que se conserven los “principios democráticos” –tan bien expresados en la Constitución de la UNESCO- y se modifiquen aquellas decisiones y aspectos que el tiempo ha invalidado. Pretender que las soluciones de ayer sirvan para los problemas de hoy y de mañana constituye una peligrosa miopía política. 

Insisto: evolución, como nos indica la sabia naturaleza, o revolución. La diferencia, lo he repetido muchas veces, es tan sólo un “r”, de responsabilidad. No escuchar, no atender el clamor y el grito de la calle, puede facilitar el detonante revolucionario. 

Escuchen. “Gamonal somos todos”, leía ayer en una pancarta. Gamonal somos muchos y hay muchos “gamonales”. La macroeconomía se refiere a unos cuantos y no remedia los desgarros sociales que hoy padecen tantos seres humanos, próximos y lejanos. 

Escuchen y rectifiquen.

Salario mínimo en Alemania y Estados Unidos: la codicia neoliberal al descubierto

viernes, 10 de enero de 2014

Dos noticias recientes ponen de relieve hasta qué punto la crisis es, ante todo, social. 

La primera, hace unas semanas: “Llegar a un acuerdo con el PSD conlleva, porque es una exigencia ineludible, fijar en Alemania un salario mínimo” (lo que indica con claridad meridiana que las empresas alemanas no se sienten muy concernidas por las condiciones de vida de sus empleados). Y añade: “Al conocer la claudicación de la señora Merkel, varias grandes empresas anuncian su deslocalización”. 

La segunda se refiere a unas declaraciones muy recientes del Presidente Obama en las que comenta con gran pesar que más de 50 millones de norteamericanos viven hoy por debajo del umbral de la pobreza, y propone aumentar razonablemente el salario mínimo. Como si les hubieran rozado el trigémino, los republicanos –especialmente los ultra, representantes de los sectores más acaudalados del país- han anunciado su rotunda oposición. 

Esperemos que estas noticias sirvan para despertar a tantos adormecidos, a tantos impávidos, a tantos impasibles, a tantos silenciados, a tantos silenciosos. 

Está claro que estamos a la víspera de grandes cambios, de un nuevo orden mundial. 

Tomen buena nota los gobernantes de que a una mayoría de los ciudadanos les tiene sin cuidado la prima de riesgo y las fluctuaciones bursátiles. Lo cierto es que las desigualdades se incrementan en lugar de reducirse y que, al no producirse la evolución que sensata y serenamente debía tener lugar, corremos el riesgo de la revolución. 

Repito con frecuencia el preciso y precioso verso-advertencia de D. Antonio Machado: “Es de necio confundir valor y precio”. Fueron necios. Siguen siendo necios. Dejen de serlo porque, en otro caso, el precio humano, social y medioambiental de su actitud actual sería extraordinariamente elevado. 

Evolución rápida o revolución.

¿Más de lo mismo? No. El por-venir está por-hacer.

sábado, 4 de enero de 2014

Y será el poder ciudadano el que haga posible los cambios radicales que se avecinan. 

Ya no más grupos oligárquicos en lugar de unas Naciones Unidas refundadas, dotadas de los recursos personales, financieros y técnicos necesarios. Ya no más valoración y orientación estrictamente dineraria sino acción política guiada por los “principios democráticos” claramente establecidos en 1945 (Constitución de la UNESCO). 

Ya no más una economía basada en la especulación, deslocalización productiva y guerra, sino en el conocimiento para un desarrollo global sostenible, que permita una vida digna a toda la humanidad y no excluya, como sucede ahora, al 80% de la misma. 

Una economía que, para asegurar la igual dignidad de todos los seres humanos, esencia y fundamento de todos los derechos humanos, atienda las prioridades a las que toda persona debe tener acceso: alimentación; agua; salud; medio ambiente; educación y paz. 

Ya no más explotación en base a acuerdos a todas luces abusivos, sino cooperación. 

Ya no más olvido del medio ambiente, irresponsable desaire ético de incalculables consecuencias en las generaciones venideras. 

Ya nunca más considerar como inevitable el genocidio cotidiano de desamparo y hambre de más de 60.000 personas, al tiempo que, por la seguridad de los más acaudalados, se invierten, en 24 horas, 4.000 millones de dólares en sofisticadas armas y gastos militares, fomentando -¡qué terrible incoherencia!- una “cultura de defensa”, de imposición y dominio en lugar de una cultura de paz, de encuentro, conciliación y alianza. 

Sobre todo en cuestiones potencialmente irreversibles, deberán adoptarse las medidas que permitan procurar las condiciones de habitabilidad de la Tierra. En muy pocos años, la disponibilidad de carburantes a partir de esquistos y clatrenos marinos, cambiará la geoeconomía mundial, requiriéndose un gran incremento en las energías renovables para regular las emisiones de CO2 y de gases con “efecto invernadero”. 

El por-venir está todavía por-hacer. El futuro que anhelamos emergerá de la conciencia global, de la ciudadanía mundial, con una equidad progresiva, capaz por fin de expresarse y dejar de ser invisible, silenciosa, sumisa. 

Por fin, la ciudadanía podrá, presencialmente y en el ciberespacio, manifestarse sin cortapisas. La voz de los ciudadanos fortalecerá a las actualmente democracias “formales”, que han debilitado al Estado y han conferido un inmenso poder a consorcios multinacionales. 

El por-venir está por-hacer. Pero como ha escrito Martí i Pol en un precioso verso, “¿quién, sino todos?”.

Unamos voces y manos. Suscribamos protestas y propuestas en las redes sociales. 

Una gran inflexión histórica se aproxima.