Desarme y actualización de las estrategias de Defensa

jueves, 1 de septiembre de 2011

¡Bravo!, por fin, el Ministerio de Defensa español reacciona y se pone a la altura de las exigencias de una gobernación democrática: "No debimos adquirir sistemas que no vamos a usar, con dinero que no teníamos", declaró el Secretario de Estado de Defensa en el mes de agosto de 2011. Para cumplir los compromisos y alianzas -la OTAN, especialmente, que debería encauzarse de una vez por todas como un sistema europeo de seguridad, aliado pero no dependiente de los EE.UU- España adquirió, en particular durante el gobierno anterior, grandes cantidades de armamento que ni necesitaba ni podía pagar. Son armas "para escenarios de confrontación que no existen".

Hace ya más de un año, el Presidente Obama anunció -dando las indicaciones pertinentes a su Secretario de Defensa, Robert Gates- el diseño y aplicación de una nueva estrategia de seguridad que permitiera hacer frente de manera rápida y eficaz al nuevo tipo de enfrentamientos que, desde la guerra del Vietnam, han demostrado que requieren nuevas modalidades de combate y de material.

Pero el fabuloso poder del consorcio bélico-industrial no se doblega fácilmente.

Hace ya un año (13 de septiembre de 2010) el International Herald Tribune advertía de la influencia negativa de la recesión global en la compra de armas. En 2009 hubo un declive del 8,5 % y se vendieron "sólo" 57.500 millones de dólares. Los EE.UU. representan el 40% del mercado mundial. Los mejores clientes son los países del Próximo Oriente y Asia (¿dónde situarán tantos aviones los países del Golfo?). Porque, casi simultáneamente, se anunciaba el mayor contrato de aviones con Arabia Saudita: 60.000 millones de dólares.

Después de los EE.UU, los grandes mercaderes de armas son Alemania, Italia, China y el Reino Unido.

Ahora mismo, en el Pentágono se plantean si será posible finalmente producir el F-35, el más costoso avión militar de la historia, fabricado por la Lockheed Martin. El Pentágono sigue pensando en comprar 2.443 F-35 en el curso de los próximos 25 años, por un importe de 382.000 millones de dólares. El Secretario de Defensa ha advertido de que deberán recortarse todavía más los gastos en material y logística, y que los EE.UU. no pueden seguir asumiendo el 75% del coste de la Alianza (OTAN). Los socios europeos invierten, como máximo, el 2% de su PIB, mientras los EE.UU. dedican el 5% a gastos militares.

Los arsenales de armas se perciben, históricamente, como exponentes de la seguridad de los Estados. La seguridad, tan importante, pero considerada, normalmente, como contraposición de la paz. "Si quieres la paz, prepara la guerra...".

Ya es hora de prepararse para la paz. Para "evitar el horror de la guerra a las generaciones venideras", como establece el inicio de La Carta de las Naciones Unidas.

Nuevas estrategias... para no seguir vendiendo y obligando a la compra de armas costosísimas, propias de guerras pretéritas.

¡Armas, armas!... ¿Nada puede paliar la ignominia del hambre, la vergüenza colectiva de la extrema pobreza, del desamparo y del olvido? La seguridad recibe, como si fuera inexorable, miles y miles de millones. La paz, la dignidad humana, unas migajas procedentes más de la caridad, de la bondad ciudadana que de la justicia, como deber de Estado, a escala mundial.

En los últimos tiempos se ha planteado la utilización de los "drones", aviones de combate sin piloto. Drones... y hambre! Muertos de hambre, muertos por drones. Todos los días. Por drones, de vez en cuando.

La hambruna del "Cuerno de África" se veía venir. Instituciones del Sistema de las Naciones Unidas y ONGD clamaban (en el desierto) desde hace tiempo... Nada. Nada puede detener la inmensa maquinaria de la guerra, uno de los pilares fundamentales del "gran dominio".

El uso de "Unmanual Aerial Systems", los "drones", se ha ido propiciando en los conflictos actuales, en los que las víctimas, más que soldados, pertenecen a la población civil. El Pentágono ha incrementado (The Economist, 30 de julio de 2011) en los últimos años 13 veces su producción de drones (como mínimo 5.000 millones de dólares adicionales al año). Los ejércitos -dicen- utilizarán progresivamente máquinas en lugar de personas. Los drones "Predator" y "Reaper" dotados de los últimos adelantos, manejados a miles de kilómetros de distancia constituyen, sin duda, un artefacto que puede ser útil en muchos conflictos, especialmente contra el terrorismo... siempre que se considere que la vida de los civiles del país donde actúan tiene el mismo valor que la de los soldados del país que los utiliza.

Creo que es interesante recoger aquí el párrafo de Paul Kennedy en su libro "Auge y caída de las grandes potencias": ..."Se necesita de la riqueza para sostener el poder militar y del poder militar para adquirir y proteger la riqueza. Sin embargo, si una proporción excesiva de los recursos del Estado se desvía de la creación de la riqueza para colocarla en objetivos militares, esto puede conducir a un debilitamiento del poder nacional a largo plazo. Si un Estado se excede estratégicamente... corre el riesgo de que los beneficios potenciales de la expansión externa sean superados por el enorme gasto del proceso, problema que se agudiza si la nación involucrada ha entrado en un periodo de declive económico relativo"...

Bravo, pues, por la claridad con que el Ministerio de Defensa español inicia un "recorte" que puede, además de efectos beneficiosos internos, contribuir a poner en su sitio al "gran dominio militar"... Con las energías renovables moderaremos pronto al "gran dominio energético"... Y luego el mediático... Y el económico...

Sí: podemos estar, con la ayuda de la movilización virtual, al principio de la "era de la gente".

LOS MERCADOS INSACIABLES

viernes, 26 de agosto de 2011

¿Se adueñarán también de las fuentes económicas “alternativas”, como la “tasa Tobin”, previstas para la lucha contra el hambre y la pobreza?

No deberíamos consentirlo.

Hasta aquí podíamos llegar. Ha sido preciso aceptar, a regañadientes, que en los actuales escenarios del poder, especialmente en Occidente, los Estados enflaquecidos cedieran al “gran dominio”, para evitar quiebras de gran calado que objetivamente no debían consentirse, fondos destinados a fines sociales para el pago de la deuda, de la reducción del déficit… para, en suma, calmar las exigencias, en cuantía y tiempo, de los últimos coletazos de un sistema a la deriva.

Pero no debe ahora permitirse que, además de los presentes, entren en el escenario nuevos “actores” para inmolarse en la turbamulta de cotizaciones especulativas azuzadas por agencias de calificación obedientes, sin contemplaciones, a sus amos. No: las fuentes alternativas deben, a la mayor brevedad posible cumplir los deberes de solidaridad internacional que los Estados han incumplido, y aplicarse a los Objetivos del Milenio. Es una cuestión de justicia internacional. Mientras sigamos absortos las variaciones de la Bolsa, … mientras sigamos invirtiendo cantidades astronómicas en armas propias de guerras pretéritas… mientras sigamos a merced de los grandes productores de petróleo sin adoptar las urgentes medidas sobre fuentes energéticas renovables que demandan nuestras responsabilidades intergeneracionales… mientras sigamos obcecados las informaciones sesgadas y partidistas que nos ofrece un inmenso poder mediático uniformizante y gregarizante… dejaremos de ejercer la influencia que corresponde a ciudadanos democráticos para que nuestros representantes superen el acoso de los mercados y hagan política basada en la justicia y los derechos humanos.

Somalia se muere



Esta fotografía impresionante, se publicó en portada de “El País” correspondiente al 14 de agosto pasado:

Safia Adem, refugiada en la Catedral de Mogadiscio, llora la muerte de su hijo de 3 años. Esta es la imagen que debemos de retener todos en nuestra mente de forma permanente. Estas son las auténticas necesidades que no pueden ocultar los frenéticos movimientos bursátiles.

Si se aplicaran estos fondos a tantas y tantas personas que hoy viven debajo del umbral de la pobreza en todo el mundo, incluyendo los Estados Unidos, habría más “clientes” potenciales, habría una auténtica movilización de recursos para pasar de una economía de especulación, explotación y guerra a una economía de desarrollo global sostenible.

Marco Schwartz[1] citaba hace poco al Presidente Franklin D. Roosevelt cuando, en octubre de 1936, defendía su programa social del New Deal: “Hemos tenido que luchar con los viejos enemigos de la paz –monopolios financieros y económicos, especulación, banca despiadada, antagonismos de clases, enriquecimiento con las guerras… Habían empezado a considerar al gobierno de Estados Unidos como un mero apéndice de sus propios intereses. Ahora sabemos que el gobierno del capital organizado es tan peligroso como el gobierno de la turba organizada”…

Es hora de decisiones clave.

Uno de los resultados de la reciente Cumbre Franco-Alemana ha sido la propuesta de una tasa sobre las transacciones financieras para mejorar la situación de las arcas de los Estados europeos y, así, poder hacer frente al enorme déficit y consiguiente deuda a la que nos ha llevado la actual crisis, y en especial, el rescate del sistema financiero internacional iniciado el año 2008, por la irresponsable inducción del G-20.

Ante esta situación es de extremada urgencia recordar que la propuesta de este tipo de tasas ha sido un caballo de batalla de la sociedad civil y del mundo académico durante las últimas décadas, con un objetivo muy claro: la lucha contra la pobreza y en favor del desarrollo sostenible de los más desfavorecidos, así como para contribuir a la consecución de los Objetivos de Desarrollo del Milenio.

Se trata de una propuesta original que el profesor norteamericano y Premio Nobel de Economía James Tobin hizo en 1972, habiéndose desarrollado un conjunto de mecanismos encaminados al establecimiento de una pequeña tasa a nivel internacional (de entre el 0.05 y el 0.3%) en todas las actividades de compra y venta de divisas y productos financieros (acciones, bonos, derivados…). Así, de un lado, se recaudaría una importante cantidad de recursos que se dedicarían a la lucha contra el hambre, la pobreza y las grandes pandemias (Sida, tuberculosis, malaria, etc.). De otro, dicha tasa ayudaría a reducir en parte la naturaleza especulativa que hoy en día tienen la mayor parte de estas operaciones.

La puesta en práctica, en las modalidades adecuadas, de este tipo de alternativas financieras la hemos venido defendiendo incansablemente durante años y desde diferentes instancias, pero en especial desde la sociedad civil: el Foro Ubuntu[2], el Movimiento ATTAC o la reciente campaña de la “Tasa Robin-Hood”…

Es importante destacar que desde el año 2004, estas ideas han sido recogidas por un número considerable de Estados asociados en el “Grupo Piloto de Financiación Innovadora para el Desarrollo”. Este Grupo se halla liderado por Francia, pero cuenta con la participación directa de otros países como Japón, Brasil o Chile y, en estos momentos es España la que lo preside. Trabaja asimismo, en la elaboración de otras propuestas de financiación innovadora, y ha realizado estudios por grupos internacionales de expertos independientes que demuestran su viabilidad desde un punto de vista técnico.

A cuanto antecede, se suma el apoyo que le dio el pasado mes de marzo el Parlamento Europeo y la carta publicada en abril de este año suscrita por más de 1,000 economistas de instituciones tan prestigiosas como las Universidades de Harvard, Columbia, Oxford, Cambridge o el MIT, entre otras.

Se trata, pues, de un tema de voluntad política, pero sobre todo, de justicia.

Es indispensable y apremiante que, por las razones indicadas, se tomen medidas a nivel europeo –no sólo por el eje franco-alemán- para hacer frente a la “crisis de la deuda” pero no puede aceptarse de manera alguna que esta iniciativa se lleve a cabo, otra vez, a costa del incumplimiento reiterado de nuestras promesas de ayuda y solidaridad.

Un impuesto sobre el cambio de divisas y otros productos financieros es una necesidad imperiosa y justa, como nos recuerdan las terribles imágenes que nos llegan estos días desde el “cuerno de África”, a las que ya hemos hecho referencia.

Adoptemos, pues, el compromiso de trabajar para que las decisiones y medidas que se tomen en Europa en el futuro próximo y a medio plazo no se guíen por los mismos instintos de codicia y visión cortoplacista que nos han llevado al borde del abismo. Por una vez actuemos con sensatez y con firmeza.

Debe terminarse, resueltamente, con la fuerza que da la convicción de la gran mayoría de los ciudadanos –por favor, olvídense ahora algunos líderes de sus intereses partidistas y electorales- porque como ha escrito Irene Lozano, “la mayor amenaza a la autonomía individual reside en la debilidad de la democracia frente al poder financiero”.

No confiemos en el G-20, ni en la OMC… cuyas “rondas” como la reciente de Doha han demostrado su total ineficacia. Son otro fruto amargo de la “globalización”. Volvamos con presteza a unas Naciones Unidas fuertes, democráticas y no plutocráticas, unidas!

Ya en septiembre de 2010, daban la noticia[3] de que la Unión Europea estudiaba la posibilidad de impuesto sobre las transacciones para mejorar su capacidad recaudatoria. El documento de la Comisión Europea proponía dos tipos de impuestos: la tasa sobre las transacciones financieras (TTF) y la tasa sobre la actividad financiera (TAF), que gravaría el volumen de negocio. Una versión más restringida (TFF2) debería sólo gravar las transacciones efectuadas con acciones y bonos.

Ahora la Comisión Europea[4] presentará en octubre una propuesta legislativa, antes de la Cumbre del G-20, que aplica una tasa del 0.05% a las transacciones, junto con un nuevo IVA Comunitario “para financiar el presupuesto de la UE en el período 2014-2020, con el fin de reducir las contribuciones directas de los Estados”.

Holanda e Irlanda han pedido que no se aplique sólo a escala europea sino global para evitar “la enorme distorsión que se produciría”.

Antonio Valdecantos[5] advertía hace poco que “los ajustes a la crisis van a ser un estado de excepción permanente. Las decisiones cruciales ya no las toman los ciudadanos ni sus gobiernos, sino estos agentes económicos transnacionales llamados “los mercados”.”

No se puede pretender favorecer el crecimiento si el gran objetivo es reducir, sea como sea y perentoriamente, el déficit.

Las 255 mayores fortunas del planeta equivalen a la del 40% de la población más desfavorecida (2,500 millones de personas)[6]. Está claro que no podemos permitir esta nueva acción de los mercados insaciables.

La sociedad civil debe alzar la voz. Con unas instituciones que, como ATTAC, se formaron precisamente para favorecer este nuevo tipo de posibilidades de financiación alternativa, y en concreto la tasa sobre las transacciones financieras…

No lo vamos a permitir. Sería otro sueño que nos robarían… y, desde el 15-M, ya se sabe que, “si no nos dejan soñar, no les dejaremos dormir”.

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1 Schwartz, Marco, en “ Público”, 20/08/2011.
2 Foro creado por la Fundación Cultura de Paz en el año 2000. Agradezco a su Director, Manuel Manonelles, su colaboración en la preparación de este “blog”.
4 Missé, Andreu, en “El País”, 7 septiembre de 2010.
5 Noticias de “El País”, 19 de agosto de 2011.
6 Valdecantos, Antonio, en “El País”, 2.06.2011

INAPLAZABLE: un "nuevo comienzo" a escala mundial

sábado, 13 de agosto de 2011

“La civilisation au bras des mercenaires”
Georges Moustaki en “Declaration” (1973)



La globalización ha llevado al mundo a la deriva. No se abordaron los gravísimos desafíos alimenticios, sanitarios, medioambientales… de los que depende la calidad de vida que cada ser humano requiere, al tiempo que:
• Los especuladores y agencias de calificación de dudosa calidad promueven turbulencias en cadena en la economía planetaria, para exclusivo beneficio del “gran dominio” (energético, financiero, militar, mediático), con tales aluviones de noticias que ocultan -¡que vergüenza!- el genocidio cotidiano de miles de personas falleciendo de inanición o viviendo en la extrema pobreza.
• El acoso de los mercados, perfectamente dirigido, ha ido impidiendo progresivamente la acción política, haciendo imposible la aplicación de algunos programas socio-económicos bien elaborados y enturbiando la imagen y trayectoria de buenos gobernantes, mientras se sitúa en primer plano, con gran incongruencia, fruto de una codicia sin límites, a países con frecuencia dictatoriales convertidos en “fábricas del mundo” , donde la producción y los pingües beneficios que acarrea a los deslocalizadores hace que, como acostumbran, miren a otro lado sin tener en cuenta las condiciones laborales ni los derechos humanos de sus habitantes.
• Los gastos militares y de material bélico –en buena medida totalmente inapropiado para las actuales contiendas- siguen como si nada pasara y las “exigencias de seguridad” inducen a muchos países en situación de grandes carencias sociales a adquirir costosísimos artefactos bélicos: se calcula que cada día un mundo confuso y desorientado invierte 4000 millones de dólares en este capítulo, que sigue alimentando impropiamente una cultura de imposición, violencia y guerra, no dejando espacio a la resolución pacífica de conflictos. La primera transparencia que debería exigirse es la de estos dispendios formidables totalmente injustificados.
• La sustitución de los principios democráticos, tan lúcidamente establecidos en la Constitución de la UNESCO, por las leyes del mercado ha conducido a profundos desgarros sociales y a unas condiciones de vida absolutamente inadmisibles en buena parte de la población de la Tierra.
• Los intentos de gobernación mundial por grupos oligárquicos de los países más ricos del mundo han conducido, así mismo, a deplorables resultados: el G7, G8… G20 no han podido, como era de esperar, imponer su voluntad a todos los países del planeta. La hegemonía ambicionada por el Presidente Reagan y la Primer Ministro Thatcher implicaba reducir el Sistema de las Naciones Unidas a una simple agencia humanitaria. En la Cumbre de Seúl, en 2010, quedó claro que el G20 era incapaz de dar respuestas adecuadas a la gravísima crisis.
• “Vuestro silencio nos está matando”, gritaban ciudadanos dispuestos a dar su vida por la libertad en Siria, hace tan sólo dos semanas, sin que hasta ahora hayan logrado que el dictador deje de reprimir a disparos las protestas. Y los islamistas han ocupado la Plaza Tahrir en Egipto exigiendo que se aplique la sharía … Está claro, con estos ejemplos, que los grupos plutocráticos lo único que logran hacer antes estos grandes problemas -¡a qué precio de vidas!- es el ridículo.
• En los últimos años hemos contemplado, como horrorizados pero impasibles espectadores, invasiones –Kosovo, Irak…- movidas por el exclusivo interés de los atacantes, con el resultado de víctimas sin fin, mutilados, desplazados… y profundos agravios a los derechos humanos (tortura, etc.). Ahora mismo estamos viendo la incapacidad de los gobernantes occidentales, y en concreto de la Unión Europea, para hacer frente a situaciones como las provocadas en Libia, Yemen, Siria… que es apremiante encauzar.
• Los paraísos fiscales y la desregularización generalizada han permitido una total impunidad a la actuación a escala supranacional de traficantes de drogas, armas, patentes, capitales,… personas
• Etc., etc....

Por cuanto antecede, y conociendo con cierto detalle muchas de las circunstancias con frecuencia poco manifiestas del momento que vivimos, me siento obligado en conciencia a urgir, para procurar el comienzo de una nueva era, la adopción de una serie de decisiones que pudieran hacer frente al “gran dominio” , reconduciendo el progreso alcanzado en tantos aspectos en favor de la humanidad en su conjunto.

El Presidente Obama podría liderar esta inflexión histórica, contando con el G20, para convocar de urgencia a todos los países del mundo en las Naciones Unidas con el fin de:

1. De manera inmediata:
-Designar con amplio respaldo un único interlocutor para resolver los conflictos de Libia, Siria, Yemen y los otros de índole parecida que puedan presentarse.
-Urgente ayuda mundial contra el hambre y las condiciones de vida en los lugares más menesterosos (Haití, Somalia,…).
-Ayuda a las transiciones democráticas y vigilancia de la actuación de la Justicia (activación de la Corte Internacional de Justicia y otros tribunales internacionales).
-Regulación a escala global de los flujos financieros (FMI y BM debidamente potenciados y dotados de agencias de calificación de referencia).
-Eliminación sin contemplaciones de los paraísos fiscales.
-Incorporación de la Organización Mundial del Comercio al ámbito del Sistema de las Naciones Unidas.
2. Acto seguido, poner en marcha un proceso constituyente de unas Naciones Unidas dotadas de la composición, estructuras y medios personales, financieros y técnicos para el cumplimiento de su acción global:
i) Asamblea General compuesta por el 50% de representaciones estatales y el 50% restante, con los porcentajes que se acuerden, por instituciones y organizaciones internacionales y personas elegidas por los países y asociaciones regionales que se consideren.
En las deliberaciones de la Asamblea General y de todos los órganos de las Naciones Unidas se utilizaría un sistema de votación ponderado.
ii) Consejo de Seguridad reforzado con una bien equilibrada representación en virtud del “peso específico” actual de los países, con una gran capacidad de movilización y coordinación de fuerzas (cascos azules).
Llevaría a efecto, entre otras, las funciones principales siguientes:
-Desarme nuclear y reducción de la producción bélica. Desarrollo de nuevas tecnologías acordes con los retos actuales y las estrategias militares que les corresponden.
-Vigilancia de los arsenales militares de todos los países.
-Lucha contra el terrorismo mediante disposiciones de alcance mundial, sin permitir en ningún caso la existencia de “santuarios”.
-Rápida culminación del proceso de paz entre israelíes y palestinos como una de las cuestiones prioritarias para la estabilidad mundial.
-Coordinación a escala planetaria de los efectivos para hacer frente con rapidez a las catástrofes naturales o provocadas, reduciendo el impacto de las primeras y previniendo las segundas, en toda la medida de lo posible.

iii) Consejo de Seguridad socio-económico
-Pautas internacionales para el debido equilibrio monetario. Banco Mundial para el desarrollo, evitando la explotación. Debe terminar la guerra de divisas y de instrumentos atípicos de calificación.
-Economía de desarrollo global sostenible, con acceso al agua, nutrición, salud y educación a todos los seres humanos.
-Observancia de la Declaración Universal de los Derechos Humanos.
-Fortalecimiento de la democracia genuina: libertad de expresión y derecho a una información veraz, con la normativa adecuada para impedir un desmesurado poder mediático.
-Dinamización de los tribunales de justicia a escala mundial, para la plena vigencia y respeto de las normas del derecho internacional.
-Remodelar la deslocalización, cuidando que los beneficios que la codicia induce no sean opuestos a las exigencias medioambientales ni oculten las condiciones de trabajo.
-Favorecer la interculturalidad y convivencia, sobre la base ética esencial de la igual dignidad de todos los seres humanos.
-Prevención de tráficos delictivos supranacionales, con especial referencia al de las drogas, cuyo consumo –como sucede con otros productos nocivos para la salud como el alcohol o el tabaco- pasarán a ser responsabilidad exclusiva del usuario, realizándose las campañas de alerta que correspondan, con el fin de reconducir a su auténtica dimensión sanitaria el grave problema de seguridad que representa en la actualidad.
-Tasas sobre las transacciones financieras electrónicas.
-Estricta regulación estatal en caso de servicios públicos privatizados.

iv. Consejo de Seguridad Medioambiental
-Aplicación en todo el mundo –con las compensaciones a que hubiera lugar- de las pautas de comportamiento y consumo que moderen y anulen en su caso las actuales tendencias de deterioro ecológico, con especial apremio en los procesos potencialmente irreversibles.
-Fomento, científicamente dirigido, de las energías renovables y de las fuentes de escasa o nula producción de CO2 y otros gases con efecto invernadero, que permitan sucesivamente una utilización más racional del petróleo, sustrato que no debemos negar como legado a las generaciones venideras.
-El cambio climático debe pasar a constituir una indiscutible prioridad a escala global, de tal forma que la habitabilidad del planeta no se vea comprometida en el futuro.
-Especial atención a los océanos.

Para todo ello se podría contar desde el principio, junto a personas directamente implicadas en la puesta en práctica de las decisiones, con un grupo de asesores de reconocida autoridad mundial.

“Cuando una oportunidad pasa es inútil correr después para alcanzarla”. Quizás estemos ahora ante una oportunidad, en medio de un gran vendaval, para hacer posible la transición desde una cultura secular de dominio y violencia a una cultura de diálogo, alianza y paz. La gran transición de la fuerza a la palabra, que marcaría un “nuevo comienzo”.

El futuro debe inventarse. No dejemos de hacerlo.