Unidos por la paz y el multilateralismo democrático

jueves, 5 de mayo de 2022

Actuemos con apremio, ahora que ya podemos expresarnos libremente en grandes clamores planetarios,

– para un alto el fuego inmediato en Ucrania y el inicio de un proceso de paz sólido y abierto,

– para la urgentísima eliminación de la condición de unanimidad en la Unión Europea, de tal modo que pueda asumir plenamente el papel de interlocutor que le corresponde y que ha asumido hasta ahora la OTAN,

– para la aplicación del excelente diseño de las Naciones Unidas de Roosevelt: “Nosotros, los pueblos… hemos resuelto evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra”- eliminando el veto de tal modo que se pueda sustituir la actual gobernanza plutocrática supremacista (G6,G7,G8,G20) y evitar así un nuevo desorden mundial basado en el poder militar, en la razón de la fuerza y no la fuerza de la razón, para dejar de ser espectadores impasibles de lo que acontece y ser ciudadanía consciente y responsable, cumpliendo nuestros inaplazables deberes intergeneracionales,

-para cumplir con diligencia los Acuerdos de París sobre el Cambio Climático y la Resolución de las Naciones Unidas sobre la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible “para transformar el mundo”, que suscribió el presidente Barack Obama, y que suprimió el mismo día de su nombramiento su sucesor el presidente Donald Trump, sin provocar reacción alguna-delito de silencio-en los 192 países restantes.

Sí: unidos por la paz, ahora ya todos iguales en dignidad,

-para poder mirar a los ojos de los niños y decirles que vamos a evitar que la cultura de guerra siga imponiéndose sobre la cultura de paz y no violencia, y que los intereses del “gran dominio“ (financiero, militar, energético, mediático, digital) sigan prevaleciendo sobre los de la ciudadanía global,

– para la total eliminación de las armas nucleares y un nuevo concepto de seguridad, que armonice la defensa territorial con la de quienes habitan estos espacios tan bien protegidos (alimentación, agua potable, servicios de salud de calidad, cuidado del medio ambiente, educación para todos a lo largo de toda la vida),  para, en suma, lograr que la especie humana -inverosímil desmesura de facultades intelectuales y creativas- pueda vivir y convivir en plenitud en una tierra bien conservada.  

Unidos por la paz, por la palabra, por la democracia. 

Tengamos siempre presente el  lúcido preámbulo de la Carta de la Tierra: “Nos hallamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, en el cual la humanidad ha de elegir su futuro. A medida que el mundo se hace más interdependiente y frágil, el futuro presenta a la vez grandes riesgos y grandes promesas… Somos una sola familia humana y una sola comunidad con un destino común. Hemos de unirnos para crear una sociedad global sostenible basada en el respeto a la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y la cultura de paz”.

Tenemos que procurar que nadie se sienta excluido en esta elección, para hacer posible un nuevo comienzo. Es necesario dar fin a un sistema que, desde tiempo inmemorial, se ha basado en el poder masculino absoluto. Unos cuantos hombres, muy pocos, han ejercido el mando de tal forma que hasta la propia vida debió  ofrecerse a sus designios sin discusión posible.  

Confinados en un espacio territorial e intelectual muy limitado, los habitantes de la Tierra han sido súbditos silenciosos y obedientes. En dos ocasiones, al término de las dos grandes guerras del siglo pasado, se intentó sustituir progresivamente el uso irrestricto de la fuerza por la palabra, por la negociación, por la diplomacia.  

Pero, siempre triunfó la seguridad sobre la convivencia pacífica. Al término de las dos grandes guerras “calientes”, en 1918 y 1945, dos destacados Presidentes norteamericanos, Wilson y Roosevelt, respectivamente, intentaron establecer un orden mundial basado en la mediación y el multilateralismo. En ambas ocasiones, desgraciadamente, el perverso adagio “si quieres la paz, prepara la guerra” se aplicó sin cortapisas, y la seguridad prevaleció, como había sucedido durante siglos, sobre la paz. 

Es importante no olvidar el  inconmensurable perjuicio que causó el Partido Republicano de los Estados Unidos al no apoyar a la Sociedad de Naciones creada por Wilson. Se hizo posible el resurgir bélico de Alemania… y que Hitler, en 1933, escribiera en su libro “Mi lucha” que “la raza aria es incompatible con la judía”. 

Las semillas del fascismo fructificaron en el fascismo de Benito Mussolini y en el terreno abonado del Imperio del Sol Naciente nipón, con el Plan Tanaka y el emperador HiroHito…. Esta confluencia de grandes movimientos supremacistas dio lugar a la Segunda Guerra Mundial, atroz, con millones de víctimas, al final de la cual el Presidente Franklin Delano Roosevelt establece, con un diseño perfecto, las Naciones Unidas. El inicio de la Carta resume lúcidamente las grandes líneas de la gobernanza mundial: “Nosotros, los pueblos… hemos resuelto evitar a nuestros hijos el horror de la guerra”. Me gusta destacar, por ser de gran actualidad, los tres pilares de lo que hubiera podido ser una nueva era: i) son los pueblos a quienes se encomienda tomar en sus manos las riendas del destino; ii) La paz debe construirse para evitar, de este modo, el “horror de la guerra”; iii) la solidaridad intergeneracional constituye el compromiso supremo de todo ser humano. 

El diseño de las Naciones Unidas realizado en 1945 –con el complemento de la Declaración Universal de los Derechos Humanos tres años más tarde- es inmejorable. Pero en aquel momento, “Nosotros, los pueblos”, no existían: el 90 % de los seres humanos nacían, vivían y morían en unos kilómetros cuadrados. Eran temerosos, sumisos, obedientes, silenciosos… y la mujer se hallaba altamente discriminada. 

A finales de la década de los 80, cuando, gracias a Nelson Mandela y Mikhail Gorbachev podían haberse reconducido muchas tendencias perniciosas, el supremacismo y el fanatismo volvieron a ensombrecer los horizontes del mundo en su conjunto. Vuelve el gran dominio a ejercer su poder absoluto. Vuelven las sectas -algunas propiciadas desde los propios servicios de inteligencia- a contrarrestar los esfuerzos de las democracias genuinas… 

Se ha comentado con frecuencia que la Declaración “Universal” era en realidad reflejo de la visión occidental.  Debo destacar, a este respecto, que fue sometida a una amplia consulta a los principales representantes de las diversas civilizaciones y culturas. Siendo Director General de la UNESCO, hallé en los archivos de la Organización la carta que escribió en el mes de febrero del año 1947 el Mahatma Ghandi a Julian Huxley, primer Director General. Le decía que agradecía el envío del borrador, y le indicaba que lo había consultado con la “persona más inteligente que he conocido, una mujer, analfabeta, mi madre, que me ha indicado…”. Entre las indicaciones figuraba la conveniencia de que se pusieran de manifiesto también algunos deberes en los derechos que se declaraban… 

Dos citas del preámbulo deben destacarse porque son especialmente significativas: al final del primer  párrafo se dice que “estos derechos son para liberar a la  humanidad del miedo”. Esta promoción de la autoestima y de la necesidad de mostrar las discrepancias cuando existan, se refrenda en el párrafo segundo del preámbulo cuando se dice que, si no pudieran ejercerse plenamente, los seres humanos “podrían verse compelidos a la rebelión”. Ahora, cuando por fin “los pueblos” podemos expresarnos libremente, es preciso tener muy en cuenta que debemos. 

Para actuar debidamente y a tiempo es preciso prepararse con gran rigor, conocer las fuentes y raíces de las actitudes violentas, de las reacciones conflictivas. El supremacismo es el origen de muchos conflictos y actos de violencia.  La mejor manera de contrarrestarlo es tener en cuenta que todos los seres humanos somos  iguales en dignidad, sin importar su sexo, color de la piel, creencias, ideologías, culturas…  Otra de las fuentes más importantes del terrorismo es la pobreza extrema y el hambre.  La diversidad cultural es una riqueza. La xenofobia, el odio y el rechazo son intolerables éticamente y constituyen una amenaza para la paz. 

Europa, muy especialmente, debe ser referente en el pleno ejercicio de los derechos humanos. La Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, del año 2000, es mucho más importante, muchísimo más, que la prima de riesgo. La crisis no es sólo económica. Es sobre todo ética. Es la debacle de un sistema guiado por la codicia y el cortoplacismo. Un sistema que ha sustituido los valores morales por los bursátiles y las Naciones Unidas por grupos plutocráticos. Un sistema que ha sido capaz de invadir a otro país, con miles de muertos, mutilados y desplazados, con argumentaciones falsas, para justificar sus ambiciones geoeconómicas.  Un sistema que no ha sabido movilizar a “los pueblos” para forzar a Putin  a no poner en práctica su intolerable decisión invasora ni responder con millones de voces procedentes de todos los continentes.  

No son los grupos plutocráticos los que solucionarán las amenazas que se ciernen a escala planetaria. Tan difícil misión sólo puede ser desempeñada por unas Naciones Unidas dotadas de los recursos humanos, técnicos y financieros adecuados, que integren a todos los países y sean realmente “los pueblos” quienes “construyan los baluartes de la paz” y aseguren a todos una vida digna.

 Paz a todos. Paz en la Tierra. Este es el más profundo anhelo humano desde el origen de los tiempos, inhacedero por el poder basado en la imposición y en la fuerza.

 Reaccionemos. No sigamos de espectadores impasibles. Levantemos la voz. Millones de voces, para que, de una vez, logremos liberarnos de las colosales amenazas ecológicas y bélicas que ensombrecen hoy el destino común.

 ¡Unidos por la paz y el multilateralismo democrático!

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¿Vuelta a la anormalidad?

martes, 12 de abril de 2022


Al terminar, cuanto antes, el terrible episodio bélico de Ucrania, con una invasión abominable en todos los aspectos decidida por Putin y en la que los interlocutores no han sido la Unión Europea y las Naciones Unidas, ambas inhabilitadas por el veto, sino los militares de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), presidida por los EEUU y empeñada en desplazarse hacia el Este y el Sur….volveremos, si no nos esforzamos en remediarlo, a la anormalidad, porque la gobernanza global de los grupos plutocráticos (G-6,G-7,G-8,G-20), creados al final de la década de los 80 por el presidente Reagan, ha conducido a la confusa y anormal situación actual, con sombríos horizontes ecológicos, sociales, políticos ….de los que debemos ser conscientes.

Conscientes para la acción, para la participación, para no ser más espectadores impasibles sino actores que procuran, con su comportamiento cotidiano, un cambio radical en las tendencias presentes. Desde los años 60 del siglo pasado, diversas instituciones y personas (la UNESCO, el Club de Roma, Aurelio Peccei…) han venido insistiendo en la necesidad de evitar que las actividades humanas pudieran dañar, y hacerlo irreversiblemente como es el caso en los últimos años, el medio ambiente, la naturaleza, la habitabilidad de la tierra.

En 1997, la Academia de Ciencias de los Estados Unidos alertó sobre la excesiva emisión de gases “con efecto invernadero“ y, sobre todo, de la progresiva disminución de su recaptura por la disminución del fitoplancton. Silencio.

En 1992, las Naciones Unidas convocaron en Río de Janeiro la primera gran “Cumbre de la Tierra” en la que se adoptó un documento de gran rigor científico: la Agenda 21. Y silencio. De nuevo se desoyó al multilateralismo democrático.

Diez años más tarde, en 2002, la segunda “Cumbre de la Tierra “se convocó en Johannesburgo, al poco tiempo de la difusión de uno de los documentos-guía que debería incluirse en los estudios de todos los niveles: la “Carta de la Tierra”. Se aprobaron los Objetivos de Desarrollo del Milenio “, recomendándose su inmediata aplicación. Silencio.

Fue necesaria la sabia y oportuna intervención del presidente demócrata Barack Obama quien, en el otoño del año 2015, firmó en París los Acuerdos sobre el Cambio Climático y, dos meses más tarde, suscribió asimismo la Resolución “para transformar el mundo” aprobada por la Asamblea General (Agenda 2030 y ODS).

Por fin, una pausa de esperanza. Por fin, podía preverse una reacción a escala planetaria para hacer frente a los gravísimos retos globales. Pero fue un periodo muy breve… porque, a los pocos meses, la elección del presidente republicano Donald Trump, desvaneció al instante todas las expectativas: el mismo día de su toma de posesión manifestó que no pondría en práctica los Acuerdos de París ni la Agenda 2030. Pensé que aquella total discrepancia con las decisiones de su antecesor sería inmediatamente contrarrestada por la Unión Europea y un número muy relevante de los países que integran las Naciones Unidas. Pero, una vez más, silencio… y seis años más de la gobernanza del “gran dominio” (militar, financiero, energético, mediático, digital). Esta “normalidad” ha sido alterada profundamente en los dos últimos años por la pandemia COVID-19 y, el último mes y medio por la intolerable invasión rusa de Ucrania. La UE con el veto de la unanimidad y las NNUU con el de los cinco vencedores de la II Guerra Mundial, con papeles secundarios y sólo la OTAN protagonista….

La Carta de las Naciones Unidas se inicia con una frase que debemos ahora, conscientes y responsables, adoptar toda la ciudadanía: “Nosotros, los pueblos… hemos resuelto evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra”.

Pero en 1945 los “pueblos” no existían. La inmensa mayoría de los seres humanos nacían, vivían y morían en unos pocos kilómetros cuadrados. Eran temerosos, sumisos, obedientes, silenciosos, bajo un poder absoluto masculino que, invariablemente, ponía en práctica el perverso adagio de “si quieres la paz, prepara la guerra”.

La discriminación era extrema, por razón de género, de ideología, de creencia, de sensibilidad sexual, de etnia… Ahora, por fin, “los pueblos”, todos iguales en dignidad y capaces de expresarse libremente,  ya son una realidad. Ahora, por fin, ya podemos participar activamente  y alzar la voz en grandes clamores populares. Ahora ya podemos. Ahora ya debemos. Ahora es apremiante ser plenamente consciente de los retos globales, algunos irreversibles, que se ciernen sobre la vida humana. Ahora no podemos ser espectadores impasibles de lo que acontece, sino que es preciso actuar con diligencia.

Ahora, deber de memoria, para recordar los diversos conflictos “olvidados y ocultados”: Siria, Libia, Yemen… Ahora, teniendo presentes las indebidas invasiones, bombardeos e incumplimiento de acuerdos con tanto trabajo alcanzados, tenemos que hacer posible, mediante grandes movilizaciones populares, la sustitución de la gobernanza neoliberal plutocrática por un multilateralismo democrático, alcanzado mediante una urgente reforma de las Naciones Unidas, con una Asamblea General que adoptaría una Declaración Universal de la Democracia (a escala personal, local, nacional, regional e internacional) para asegurar que son “los pueblos” y no los oligarcas los que tienen en mano las riendas del destino común.

Ahora un nuevo concepto de seguridad humana que no sólo tenga en cuenta la defensa territorial sino la de quienes habitan estos espacios tan bien protegidos, con las cinco prioridades establecidas por las Naciones Unidas: alimentación, agua potable, servicios sanitarios de calidad, cuidado del medio ambiente y educación para todos durante toda la vida. Ahora, actuar de tal modo que no vuelva a ser “normalidad” la inversión diaria de 4000 millones de dólares en armas y gastos militares, al tiempo que mueren de hambre y extrema pobreza miles de personas… Se duplicará en la Asamblea General el número actual de representantes de los Estados por los de la sociedad civil, sobre la base de una equilibrada proporcionalidad, sin veto. Y se iniciará un proceso de emergencia con la total eliminación de las armas nucleares… y de los paraísos fiscales… y de los incumplimientos fiscales anómalos y delictivos… facilitando en todo el mundo la puesta en práctica de los ODS…

Ha llegado el momento –deber de memoria, delito de silencio- de contribuir a una “normalidad” muy distinta de la anormal situación que ha caracterizado estas últimas décadas. Ha llegado el momento de una “nueva seguridad”… y de inventar un futuro más acorde con las inverosímiles capacidades de la especie humana.

Ahora, “Nosotros, los pueblos”… “compelidos a la rebelión”, como se establece en el tercer párrafo del preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, vamos a transitar de la razón de la fuerza a la fuerza de la razón. Ahora ya podemos, ya sabemos cómo, ya debemos actuar para que nuestros descendientes no deban repetir aquella terrible frase de Albert Camus: “Los despreciamos porque pudiendo no se atrevieron”.

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Guerra en Ucrania: ¿diplomacia con veto?

miércoles, 2 de marzo de 2022

 

Sin disminuir ni un ápice la responsabilidad de Putin, debemos reflexionar, con apremio y firmeza, sobre las causas de esta guerra, de los demás conflictos, de la existencia de armas nucleares, de la gobernanza plutocrática, de amenazas globales potencialmente irreversibles… Debemos preguntarnos por qué Europa, que debía tener un papel cualitativo muy relevante a escala mundial, no ha figurado como interlocutor, absorbida por la OTAN, Organización del Tratado del Atlántico Norte… que se extiende hacia el este y habla en nombre de la ciudadanía europea… Deber de memoria.

Pensar en la razones que condujeron a la Segunda Guerra Mundial -el supremacismo ario, romano y nipón, porque la Sociedad de Naciones había sido desde el mismo inicio abandonada por los Estados Unidos- … Pensar en que ha sido el veto de los vencedores el que ha hecho inoperante el excelente diseño multilateral de Roosevelt en las Naciones Unidas… quedando sin efecto la primera frase de la Carta: “Nosotros, los pueblos, hemos resuelto evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra”…

Acabamos de comprobar la irrelevancia de las Naciones Unidas, porque 196 países están a merced de la voluntad de cinco… Y también la irrelevancia de la Unión Europea, que debe adoptar decisiones por unanimidad, lo que se traduce en 27 vetos, porque la unanimidad es la antítesis de la democracia… Y por ello resulta que no es Europa si no la OTAN la que se expresa en su lugar.

Todas las crisis pueden convertirse en oportunidades de cambio. La crisis actual, originada por la razón de la fuerza, puede convertirse en impulso de un gran movimiento mundial en favor de la fuerza de la razón, de la mediación, de la palabra, de un multilateralismo democrático a escala mundial, que permita, cuando ya se apuran las posibilidades de acción ante amenazas globales irreversibles, la puesta en marcha efectiva de la Agenda 2030 y de los Acuerdos sobre Cambio Climático.

Sí: ahora, por primera vez en la historia, se está consiguiendo el reconocimiento de la igual dignidad de todos los seres humanos, sin discriminación alguna por razón de género, etnia, ideología, creencia, sensibilidad sexual… Ahora, por primera vez en la historia, los seres humanos pueden expresarse libremente, gracias a la tecnología digital y pueden, por tanto, participar, que es la base de la democracia… Ahora, por fin, “Nosotros, los pueblos” podemos, plenamente conocedores de la situación presente y de las tendencias, levantar la voz y cumplir nuestras responsabilidades esenciales con las generaciones venideras… No podemos seguir abducidos por el inmenso poder mediático -“arma de distracción masiva”, según acertada definición y advertencia de Soledad Gallego-. Nunca más espectadores, sino actores para la gran transición desde una cultura de imposición, dominio, violencia y guerra a una cultura de encuentro, diálogo, conciliación, alianza y paz.

Deber de memoria para la acción resuelta. Delito de silencio. Ha llegado el momento de una gran coalición global, liderada por las mujeres y la juventud, en favor de la paz y la no violencia, de la resolución de los conflictos en el contexto de un multilateralismo democrático que desplace la gobernanza de los G6, G7, G8 y G 20.

Coalición mundial para la gran transformación de la fuerza a la palabra, reformando a las Naciones Unidas mediante una nueva composición de la Asamblea General, que incluiría de verdad a “los pueblos” con un 50 % de representantes de la sociedad civil, que se añadirían a los representantes (el otro 50 %) de los Estados, y donde el veto sería sustituido por porcentajes bien ponderados y equilibrados…

“Nosotros, los pueblos“ para, ahora sí, poder mirar a los ojos de nuestros descendientes y decirles que no les dejaremos un planeta con la habitabilidad deteriorada; que las ojivas nucleares serán inmediatamente eliminadas; que los paraísos fiscales desaparecerán y los ingentes medios dedicados hoy a la defensa territorial también tendrán en cuenta la seguridad humana-alimentación, agua, salud, educación, cuidado del medio ambiente-de quienes habitan estos territorios tan bien protegidos…

Para estas impostergables transformaciones es ineludible erradicar la imposición y sembrar la democracia: democracia a escala personal, local, nacional, regional e internacional. Igual que en 1948 las Naciones Unidas aprobaron la Declaración Universal de Derechos Humanos, las nuevas Naciones Unidas podrían adoptar una Declaración Universal de Democracia ([1]) para abordar y resolver los problemas de la nueva era.

La decisión de Putin en primerísimo lugar, pero teniendo en cuenta también otras cosas que debemos lamentar y reconducir del conflicto de Ucrania. Podemos convertirlas en oportunidad de cambio si, plenamente conscientes de lo que ha acaecido en el pasado, nos disponemos a cambiar con diligencia para ser, ¡por fin!, “Nosotros, los pueblos” los que tomemos en mano las riendas del destino común.

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