Menos bombas, más bomberos

viernes, 11 de septiembre de 2020

 Ahora sí que ya es patente y bien reconocido, gracias al COVID-19, que con la exclusiva atención neoliberal al PIB, es decir, al crecimiento económico y no al desarrollo humano, carecemos de los medios personales, técnicos y financieros para hacer frente a pandemias, a los incendios y otras catástrofes naturales, a la pobreza extrema… y, sin embargo, destinamos ingentes cantidades a los gastos militares y de producción y almacenamiento de armas, siguiendo impertérritos el perverso proverbio, aplicado desde el origen de los tiempos, de “si quieres la paz, prepara la guerra”. Arsenales repletos de bombas y cuarteles de soldados, al tiempo que el fuego devora bosques y más bosques, contando siempre con pocos bomberos y escasos efectivos técnicos para prever y combatir las llamas con eficacia.

Múltiples anacrónicos desfiles y misiones a Marte y la Luna –con excursiones espaciales para super millonarios incluidas- cuando disminuyen las “misiones a la Tierra” y la insolidaridad, inmigrantes y refugiados clama al cielo. No me canso de repetir  que es éticamente intolerable que cada día mueran de hambre miles de personas, la mayoría niñas y niños de una a cinco años de edad, cuando se invierten en defensa más de 4000 millones de dólares.

La COVID ha proporcionado la oportunidad de reflexionar, de tomar conciencia de muchas cosas que en la “vida normal” se aceptan como insoslayables, y la mayoría de los ciudadanos no son actores sino espectadores de lo que acontece, aturdidos y abducidos por unos medios de comunicación que, por lo general, procuran que la ciudadanía siga las directrices de la publicidad para un consumo y un “bienestar” diseñado en las más altas instancias del poder económico.

Llevamos años rechazando muy sensatas propuestas para reconducir tendencias que han ido imponiendo una gobernanza plutocrática y un dominio hegemónico absoluto, originando una situación bipolar con omnipotentes y omnipresentes gigantes (empresas digitales, en particular) en un extremo y, en el otro, los marginados, cuyo número y amplitud de brecha social se agiganta progresivamente. Pero ahora los cambios radicales tantas veces evitados son inaplazables porque, por primera vez en la historia, la humanidad se afrenta a procesos potencialmente irreversibles –como la fusión del océano glaciar Ártico- de tal forma que pueden alcanzarse en pocos años puntos de no retorno en la propia habitabilidad de la Tierra.

Ya en 1947, la UNESCO creó la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) y una serie de programas internacionales (geológico, hidrológico, oceanográfico) para dar consistencia a las medidas científicamente correctas que pudieran encauzar debidamente estos fenómenos. Su gran programa “El Hombre y la Biosfera” fue acompañado al poco tiempo, en 1972, por la primera publicación de Aurelio Peccei, en el Club de Roma, titulado “Los límites del crecimiento”. En 1979, la Academia de Ciencias de los Estados Unidos advirtió de que no sólo las emisiones de anhídrido carbónico se incrementaban sino que disminuía la capacidad de recaptura de las mismas por las aguas oceánicas (deterioro del fitoplancton). Esta clara advertencia no sólo no fue tomada en cuenta sino que grandes compañías petrolíferas -Exxon Mobile- crearon fundaciones rápidamente apoyadas por los países del Golfo, para difundir aviesamente pautas contrarias.

En el año 1992 se celebró en Río de Janeiro la Cumbre de la Tierra, auspiciada por las Naciones Unidas bajo la inteligente y entusiasta dirección de Maurice Strong. La Agenda de la Tierra -sabiamente reflejada en la excelente “Carta de la Tierra”,  presentada en los albores de siglo y de milenio como gran referencia de la misma- fue progresivamente marginada, al igual que lo fueron los Objetivos de Desarrollo  del Milenio para los años 2000 a 2015 por quienes habían confiado la gobernanza a escala mundial a grupos oligárquicos y plutocráticos. Primero el G6, a finales de la década de los 80. Después el G7, el G8… y el G20 en el 2008 con motivo de la crisis financiera… Siempre el Partido Republicano de los Estados Unidos rechazando el multilateralismo democrático y favoreciendo su poder, incluido el armamento nuclear. Durante la “guerra fría”, la carrera de fuerza a escala mundial entre los Estados Unidos y la Unión Soviética, permitió  “justificar” la amenaza nuclear a nivel global y la posesión de los más destructores artificios bélicos. Sin embargo –tuve ocasión de vivir de cerca la reunión en octubre de 1986 entre el Presidente Reagan y el Presidente Gorbachev en Reikiavik-  la inesperada e histórica conversión de la URSS en una Comunidad de Estados Independientes, no disipó los recelos norteamericanos y no pudo culminarse la eliminación de las armas nucleares y el funcionamiento eficaz de un multilateralismo democrático, más necesario que nunca.

Gracias al Presidente Barack Obama, no sólo pudieron atenuarse tensiones a escala mundial como las relaciones con el islam, etc. sino que en el año 2015 se logró la firma por los Estados Unidos de Norteamérica de los Acuerdos de París  sobre Cambio Climático y de la Resolución de las Naciones Unidas “para transformar el mundo” mediante la Agenda 2030 y sus 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS).

Fue una pausa de esperanza… que desapareció rápidamente cuando, muy poco después de ser nombrado Presidente de los Estados Unidos, Donald Trump advirtió sin ambages que no iba a aplicar ni los Acuerdos de París ni los ODS, al tiempo que imprimía  a una economía neoliberal de especulación, deslocalización productiva y guerra mayor ímpetu que en el pasado, dejando sin efecto la excelente propuesta de Lisboa del año 2000 para una economía basada en el conocimiento para un desarrollo sostenible y humano.

El confinamiento a que ha obligado hacer frente a la pandemia del COVID-19 puede, ¡ya era hora!, reconducir el rumbo político a escala mundial, respondiendo a la convicción de muchísimos ciudadanos de que, ahora sí, es posible inventar un futuro distinto antes de que se llegue a puntos de no retorno, antes de que se consoliden los peligrosísimos brotes supremacistas, dogmáticos, fanáticos, que están surgiendo en tantas partes del mundo, olvidando las trágicas consecuencias que tuvieron dichos comportamientos en la germinación de la segunda guerra mundial.

Ahora sí, por fin, capaces de expresarse libremente, de saber lo que acontece, de actuar en un plano de total igualdad sin discriminación alguna por razón de género, de sensibilidad sexual, etnia, religión, ideología… serán “Nosotros, los pueblos”, como tan lúcidamente (como prematuramente en aquel momento) se inicia La Carta de las Naciones Unidas, quienes se decidan a participar, a ser co-responsables de la gobernanza global.

Comprendo el desánimo de muchos que, viendo el pronto olvido de las acciones que podrían producir los cambios más apremiantes  se sometan  ahora inadvertidamente “al ritmo oscuro de tanta sangre cansada”, en certera expresión del poeta Miquel Martí i Pol (1974).

Sólo un multilateralismo democrático eficaz puede, con una ciudanía mundial que ha tenido ocasión de pensar en profundidad en ella y en las próximas generaciones durante la pandemia, lograr actuando resueltamente todos unidos, la eliminación de los paraísos fiscales, de los distintos y aborrecibles tráficos, de los comportamientos que no se hallan a la altura de la dignidad humana.

Todo ello es propio de un nuevo concepto de seguridad que no sólo atienda a los territorios y fronteras, sino a los ciudadanos que los habitan, procurando a todos las seis prioridades de las Naciones Unidas: alimentación, agua, servicios de salud, cuidado del medio ambiente, educación para todos a lo largo de toda la vida y paz.

Debemos entrar en una nueva era. Esta nueva era debe erigirse sobre unos pilares totalmente distintos. No con más bombas. Sino con muchos más bomberos, con personas preparadas para abordar las distintas facetas del mundo nuevo que anhelamos, sabiendo bien que, por fin, corresponde a cada uno forjar los años venideros.

Published in Wall Street International, 31 August 2020 

A Monseñor Pere Casaldáliga, con inmensa gratitud

lunes, 10 de agosto de 2020

“Hablemos del Tiempo, hermanos,
antes de que sea ido
lo que pudo ser humano.
Antes de que sea en vano
llorar un día perdido,
un surco sin nuestro grano,
un canto sin nuestro oído,
un remo sin nuestra mano”…

Estos versos de Dom Pedro reflejan  perfectamente su personalidad, su corazón, sus brazos y ojos abiertos a los demás.

El Obispo Pere Casaldáliga, misionero referente de “la iglesia del Evangelio y las sandalias”, teólogo de la liberación y poeta de la solidaridad, representa la cristiandad genuina, la que respeta la igual dignidad de todos los seres humanos, la de las manos tendidas, la de la austeridad extrema. Casaldáliga simboliza la frugalidad, la sencillez perseverante, la solidaridad, la entrega, el desprendimiento. Con sus versos y sus escritos y, sobre todo, con su ejemplo, ha iluminado tantos caminos!…

Pere Casaldáliga nos enseña que la pobreza material de muchos es el resultado de la pobreza espiritual de unos cuantos encumbrados, que no quieren observar lo que sucede más allá de su entorno. Esto me lleva a recordar Federico García Lorca cuando en 1936 escribía: "El día en que el hambre desaparezca, va a producirse en el mundo la explosión espiritual más grande que jamás conoció la humanidad". La vida del Obispo Casaldáliga ha estado dirigida precisamente a contribuir a que desaparezca el hambre, se restañen las heridas y se reduzca la intolerable brecha social con la inmarcesible fórmula de “amarás al prójimo como a ti mismo”…
  
"No hay caminos para la paz, la paz es el camino", nos recordó el Mahatma Gandhi. Un camino guiado por principios y valores. Por la justicia en primer lugar. Por la libertad y la responsabilidad. La paz es, a la vez, condición y resultado, semilla y fruto. Es necesario identificar las causas de los conflictos para poder prevenirlos. Evitar es la mayor victoria.

En el Manifiesto 2000 -Año Internacional para una Cultura de Paz- suscrito por más de 110 millones de personas de todo el mundo, se establece "el compromiso, en mi vida cotidiana, en mi familia, en mi trabajo, en mi comunidad, en mi país, en mi región, de respetar todas las vidas; rechazar la violencia; liberar mi generosidad; escuchar para comprenderse; preservar el planeta; y reinventar la solidaridad". De esto se trata, de involucrarnos, de implicarnos personalmente en este proceso que puede conducir, en pocos años, a esclarecer los horizontes hoy tan sombríos y permitir la convivencia pacífica de todos los habitantes de la tierra. El Obispo claretiano Pere Casaldáliga es, en nuestra hoja de ruta cotidiana, componente crucial de la implicación personal para compartir, compadecer, convivir… para contribuir a ese otro mundo posible que anhelamos.

Ha llegado el momento de llevar a cabo los cambios radicales que merece la nueva era en los albores de siglo y de milenio. La mujer ya figura progresivamente en el estrado. Es tiempo de acción. Disponemos de muchos diagnósticos pero de pocos tratamientos a tiempo. El legado intergeneracional que asegure una vida digna a todos los seres humanos exige transformaciones sin demora.

Pere Casaldáliga nació en Balsareny, en 1928.  Fue ordenado sacerdote en 1952 y en 1968 se desplazó a Brasil, su patria de adopción, para desarrollar una intensísima labor de reconocimiento, ayuda y orientación a las comunidades indígenas. ¡Sí: todos los seres humanos iguales en dignidad! Años más tarde fue nombrado Obispo de la Prelatura de Sao Félix de Araguaio, en el Mato Grosso. Fundó el Consejo Indigenista Misionero y la Comisión Pastoral de la Tierra…  Cuarenta años de lucha en favor de la gente, contra la dictadura y el sometimiento. Se jubiló en el año 2008, pero ha seguido siempre en su puesto de vigía, de referente para nuevos rumbos y naves…

En la “Misa de los Quilombos, el pueblo negro grita libertad”, uniendo su voz a la de Pedro Tierra y Milton Nacimento, con la colaboración de José María Castillo, Cyprian Melibi y Eduardo Lallana… establece lúcida y audazmente diseños de  un porvenir común, sin discriminación alguna.

Fue en 1502 cuando llegaron a Brasil y otros países americanos los primeros esclavos procedentes de África…  Sus principales actividades eran la minería, la caña de azúcar, el café…   Desde esta fecha hasta finales del siglo XIX sesenta millones de africanos fueron comprados por los traficantes.  En la década de los 90, como Director General de la UNESCO, puse en marcha el Programa “La Ruta de los Esclavos” para poner de manifiesto y conferir todo su valor a este atroz hecho histórico. Los que lograban liberarse y huir de la esclavitud se refugiaban en territorios libres: son los llamados “kilombos” (Brasil) o “palenques” en Chile, Perú, Colombia…  “Kilombo” significa “casa”.

“Una nueva aurora que viene a despertar a la iglesia de Jesucristo...  En el pasado no ha sido solidaria con la causa de los esclavos”, exclamó D. José María Pires, Arzobispo de Joao Pessoa, de raza negra, en Recife en el mes de noviembre de 1981. Eduardo Lallana ha comentado que Dom Pedro “se encontró en su Prelazia con tres grandes problemas: la lucha por la tierra, el pueblo negro esclavizado y los indígenas degradados y marginalizados”.  Por este motivo compuso la Misa de la
Tierra sin Males para “conmemorar los millones de mártires que en nombre de la civilización occidental cristiana, en nombre de la Cruz se hicieron a los pueblos indígenas”…

Ambas misas, dos obras maestras de Teología y Poesía de la Liberación, son símbolos del quehacer pastoral de Dom Pedro y de su compromiso social y político. Dom Pedro Helder Camara alentó desde el primer momento estas acciones y Pedro Tierra, poeta  y militante brasileño fue su inspirado escritor. “Para escándalo de muchos fariseos y alivio de muchos arrepentidos… cantamos el remordimiento y la esperanza”. 

Ante la reprimenda vaticana, Dom Pedro matizaba que “quien celebra la muerte del Señor ya reivindica toda Vida.  Quien celebra su resurrección reivindica la Liberación plena de las personas y de los pueblos”. En 1992, la prohibición fue levantada…

De este modo, progresivamente unidos por un Dios sin color de piel, sin pertenencias por razón de historia o de costumbres todos se sentirán parte del mundo en su conjunto.  Como tan brillantemente expresó  Rigoberta Menchú al pueblo maya, llegará un día en que “se levantará en lo más alto del cielo azul/ la voz de los que nunca hablaron”.

La esplendida trayectoria humana de Dom Pere Casaldáliga me indujo a terminar la Introducción a mi libro “Recuerdos para el Porvenir” (2017) con unos versos suyos:

“Al final del camino me dirán:
“¿Has vivido? ¿Has amado?”.
Y yo, sin decir nada,
abriré el corazón lleno de nombres”.

¡Ha hecho tanto bien!  ¡Son tantos los nombres que figuran en su corazón!
Podemos tener la seguridad de que su estela seguirá iluminando los caminos del mañana.
  
No le olvidaremos. Somos muchísimos los que le retendremos en nuestro iris y nuestra mente, para seguir "conspirando" en procurar aliviar y evitar el sufrimiento, para plantar semillas de amor en las tierras áridas de la desafección y del olvido, para alumbrar sonrisas en horizontes tan sombríos.

Federico Mayor Zaragoza
Presidente de la Fundación Cultura de Paz
Director General de la UNESCO (1987-1999)

Julio 2019

Un Mundo Nuevo - Propuestas para cambios apremiantes

viernes, 10 de julio de 2020


Hay propuestas que, con el tiempo, permanecen de actualidad e incluso se hacen más urgentes.

He releído los “cuatro contratos” que propuse en el libro “Un mundo nuevo”, publicado en el año 2000 cuando terminaba mis funciones como Director General de la UNESCO. Conté con un excelente grupo de información y prospectiva coordinado por Jêrome Bindé. Tenía entonces, como tengo ahora, la seguridad de que se iniciaría, con el siglo y el milenio, una nueva era en que la humanidad –todos los seres humanos y no sólo unos cuantos privilegiados- podría vivir plenamente el misterio de la existencia humana, capaz de crear, de pensar, de compartir, de anticiparse.

Los cuatro contratos que proponía para un mundo nuevo eran los siguientes:

1.     Un nuevo contrato social. Incluía las tendencias en la población, la pobreza y la marginación; cambiar la ciudad, cambiar de forma de vivir; el porvenir de los transportes urbanos; la lucha contra el consumo de drogas y el narcotráfico;… Los objetivos eran la paz y la justicia, ingredientes indispensables para un desarrollo sostenible que asegure la igual dignidad de todos los seres humanos.

2.     Nuevo contrato natural. Abordaba los temas propios de la calidad del medio ambiente; ciencia; desarrollo sostenible; desertificación; las fuentes de alimentación y energéticas; … de tal manera que fuera posible la sustitución de una economía basada en la especulación, la deslocalización productiva y la guerra por una economía basada en un desarrollo que garantizara la habitabilidad de la Tierra a las generaciones venideras. El compromiso intergeneracional es uno de los ejes que debe guiar nuestro comportamiento cotidiano.

3.     Nuevo contrato cultural: de la sociedad de la información a la sociedad del conocimiento. Abordaba la revolución de las nuevas tecnologías; el futuro del libro y la lectura; el valor patrimonial mundial de las lenguas y la educación en el horizonte del año 2020…  Quede claro que se trata de contribuir a la formación de ciudadanos que actúen en virtud de sus propias reflexiones, que sean “libres y responsables”, como se refiere a las personas educadas el artículo 1º de la Constitución de la UNESCO.

4.     Nuevo contrato ético. Dentro de este capítulo junto a los “dividendos de la paz”, la seguridad planetaria y el Sistema de las Naciones Unidas, se trataba también de una manera especial la deuda contraída durante siglos con la raza negra, de las especiales necesidades de África, que siempre compensa con su sabiduría y creatividad los intercambios que puedan efectuarse para su desarrollo socioeconómico y plena emancipación. Este importantísimo capítulo concluye –lo que es esencial destacar- que el por-venir está por-hacer, que se requiere con urgencia la transición desde una cultura secular de imposición, violencia y guerra a una cultura de diálogo, conciliación, alianza y paz.

Al final de cada capítulo se proponían soluciones concretas, basadas en la movilización popular, en la implicación personal, en expresarse libremente, en dejar de ser súbdito para “dirigir la propia vida”…

No cabe duda de que las expectativas no sólo no se han cumplido sino que la consecución de algunas es incluso más difícil que entonces.

La solución, no me canso de repetirlo, está en observar los “principios democráticos”, que con tanta precisión y lucidez establece la Constitución de la UNESCO, a escala personal, nacional y global.

La crisis actual demanda la urgente refundación de un Sistema de Naciones Unidas fuerte y con la autoridad moral que sólo poseen aquellas instituciones capaces de reunir a todos los países del mundo sin exclusión. Las ambiciones hegemónicas que condujeron a pretender gobernar el mundo desde agrupaciones plutocráticas de 6, 7, 8 o 20 países, deben dar ahora paso, como respuesta al clamor mundial que sin duda se producirá en poco tiempo, a la cooperación multilateral. Una nueva Asamblea General y unos nuevos Consejos de Seguridad (al actual se añadirían el Consejo de Seguridad Socioeconómica y el Consejo de Seguridad Medioambiental) que  permitieran el pleno desempeño de las funciones que, especialmente cuando la gobernanza global así lo exige, requieren disponer de estructuras internacionales adecuadas. Como reza la Carta de las Naciones Unidas, en el menor tiempo posible deben ser “los pueblos” — y no sólo los Estados — los que tengan representación en la Asamblea General, de tal modo que el progreso científico permita una vida digna para todos los habitantes de la Tierra, a través de una economía que atienda las prioridades bien establecidas hace ya tiempo por el Sistema de las Naciones Unidas: alimentación (agricultura, acuicultura y biotecnología); acceso general al agua potable (recolección, gestión, desalinización...); servicios de salud de calidad; cuidado del medio ambiente (emisiones CO2, energías renovables, etc.); educación y paz. Una educación que proporcione a todos conciencia global. Es un aspecto crucial: el prójimo puede ser próximo o distante. Y el cuidado del entorno no debe limitarse a lo más cercano sino que debe extenderse, porque el destino es común, a todo el planeta.

Es imprescindible volver a situar los valores –¡no los bursátiles!- en el centro de nuestra vida cotidiana, y encarar adecuadamente los desafíos que, juntos, podemos superar. La solución está en medidas políticas, porque los políticos, en democracias genuinas, tienen que reflejar la voluntad del pueblo.

No es posible que, cuando se habla de seguridad, se siga pensando que la fuerza militar es la única expresión y referencia de "seguridad". Es un gravísimo error, costosísimo error que, por lo general, cuesta y causa mucho dolor en pérdidas humanas y materiales. Pensar así, es tener una visión sesgada y seguir deteniéndose exclusivamente en los aspectos bélicos y dejando totalmente relegados otros muchos aspectos de la seguridad "humana", que es, en cualquier caso, lo que realmente debe importar.

La diferencia entre los medios dedicados a potenciales enfrentamientos y los disponibles para hacer frente a recurrentes catástrofes naturales (incendios, inundaciones, terremotos, tsunamis,...) evidencia que el concepto de "seguridad" (http://federicomayor.blogspot.com/2016/08/urgente-un-nuevo-concepto-de-seguridad_29.html ) que siguen promoviendo los grandes productores de armamento es anacrónico pero, sobre todo, está poniendo en grave riesgo a la humanidad en su conjunto y demanda un “contrato de seguridad”.

No me canso de recordar que no es posible que continuemos observando los arsenales colmados de cohetes, bombas, aviones y barcos de guerra, submarinos... sin levantar la voz y decir hay miles de seres humanos que mueren de hambre cada día, que viven en condiciones de extrema pobreza sin acceso a los servicios de salud adecuados... sin reaccionar ante esa cruda realidad y el deterioro progresivo de las condiciones de habitabilidad de la Tierra. Debemos actuar sin dilación porque se está llegando a puntos de no retorno en cuestiones esenciales del legado intergeneracional.

Alcemos la voz…  Ahora, por primera vez en la historia, “Nosotros, los pueblos”, ya hombre y mujer, podemos expresarnos libremente. Ahora ya podemos concertar hora y día  para que desde millones de móviles rechacemos las decisiones intolerables de líderes que anuncian que no van a seguir los Acuerdos sobre Cambio Climático y sobre los Objetivos de Desarrollo Sostenible, poniendo en riesgo la calidad de vida de los habitantes de la Tierra.

Ha llegado el momento de la ciudadanía mundial, de la convivencia sin fronteras, de compartir bienes, conocimientos, experiencia e intrepidez… para hacer frente a  los anclados en la inercia, en insistir en aplicar viejos remedios para nuevas patologías. Los líderes actuales dan muestra de un cortoplacismo irresponsable. Todo buen gobernante debe tener en cuenta, en primer lugar, los procesos que pueden conducir a daños irreparables. Millones de mujeres y hombres de toda la Tierra deben gritar que no van a consentir que se  lesione de manera  irreversible  el entorno ecológico.

La palabra com-partir — que era clave del Sistema de las Naciones Unidas en los años 50 y 60 — se ha ido acallando progresivamente y, en lugar de fortalecer a los países más necesitados con un desarrollo integral, endógeno, sostenible y humano, las ayudas al desarrollo se han reducido hasta límites insolentes y el Banco Mundial para la Reconstrucción y el Desarrollo “perdió” su apellido y se ha convertido en una herramienta al servicio de las grandes entidades financieras; y se ha debilitado al Estado-nación, transfiriendo progresivamente recursos y poder a gigantescas estructuras multinacionales.

No podemos seguir callados. No podemos seguir siendo impasibles espectadores de lo que acontece, porque nos convertiríamos en cómplices. Las comunidades científica, académica, docente, artística, intelectual y creativa, en suma, debe situarse en la vanguardia de la movilización popular (https://aeac.science/pacto2019/ ). Es preciso que actúe ahora, con gran apremio, para asegurar las condiciones de vida de los ciudadanos, que dejen de hallarse  manipulados por la omnipotente y omnipresente influencia del “gran dominio” (militar, financiero, energético y mediático).

Debemos apercibirnos de que hemos entrado en una nueva era en la que los seres humanos ya no vivirán confinados territorial e intelectualmente; en que la longevidad procurará una formidable experiencia que debe ser plenamente utilizada, pero depositando en personas menos añosas las funciones ejecutivas; en que los jóvenes, conocedores de la Tierra, con conciencia y ciudadanía global, contribuirán con su imaginación y su impulso a hacer realidad, por fin, el otro mundo posible que anhelamos. La inercia es el gran enemigo. Es tiempo de acción. Ya no se requieren más diagnósticos: es la hora de poner en práctica los tratamientos…

La actual situación hace más necesaria que nunca la adopción de una Declaración Universal de la Democracia (ética, social, política, económica, cultural e internacional - https://declaraciondemocracia.wordpress.com/ ), único marco en el que podrían ejercerse plenamente los derechos y deberes humanos. Democracia a escala personal, local, nacional, regional y planetaria: esta es la solución para todos y para todo. La fuerza de la razón en lugar de la razón de la fuerza, y comprobar la inmensa y distintiva capacidad creadora de la especie humana, que no puede reducirse a pequeños espacios y miopes objetivos.

Es necesario inventar el futuro. “Ingeniar” el futuro con la creciente participación de ciudadanos de todo el mundo, capaces de conocerse y concertarse a través de las redes sociales virtuales de creciente importancia y capacidad de movilización, que propondrán soluciones a los distintos problemas planteados, pasando a ser una parte relevante del funcionamiento democrático a escala local y planetaria. Innovación política, económica y social. Eliminación sin contemplaciones de la evasión tributaria, de los paraísos fiscales y de la corrupción, utilizando así mismo fuentes alternativas de financiación, como el impuesto sobre transacciones financieras electrónicas; contribuciones estrictamente proporcionales a los ingresos; revisión conceptual y práctica del trabajo y del empleo, propia de la era digital…

En este “nuevo comienzo” será necesario, con rapidez y buen tino, compartir adecuadamente los beneficios que se obtienen de la explotación de los recursos naturales entre aquellos que poseen la tecnología y los habitantes de los espacios donde dichos recursos se hallen.

Otro reto no menos importante que requiere un  “contrato” es el que tiene que ver con el narcotráfico, que constituye una auténtica y gravísima amenaza a la estabilidad mundial y, después de muchos años, está sucediendo lo peor: se acepta como un "efecto colateral" del sistema económico, de la desequilibrada y confusa gobernación global que ha situado al mercado como protagonista de la política planetaria, en lugar de los principios democráticos.

El precio de las drogas no tiene el menor efecto disuasorio. El que cae en la trampa inmensa de la adicción, consigue los fondos que necesita como sea: desgarros familiares, amistades, robos… Su apremiante deseo no se soluciona con las armas sino con un adecuado enfoque sanitario. Es un problema de salud pública, no de seguridad.

Debería hacerse una gran campaña, en la que colaboraran todos los medios de comunicación, toda la sociedad implicada, para la mentalización contra la droga.

En último término, por las dimensiones del tráfico y su impacto económico y delictivo, el consumo de drogas afecta a la sociedad en su conjunto. A los adictos hay que ayudarles a que logren re-hacerse, a recuperar el dominio de sí mismos, para que vuelvan a "ser", para que vuelvan a vivir plenamente el misterio de su existencia. Y a los narcotraficantes hay que llevarles ante los tribunales y, todavía mejor, conseguir que desaparezcan haciendo que no valga nada su "mercancía".

Como en el caso del alcohol y del tabaco, es un tema de honda repercusión patológica, y deben realizarse amplias campañas para educar a los potenciales consumidores y alertar debidamente a la sociedad, para que sepan antes de iniciarse a lo que se exponen, y tratarlos luego –al igual que se hace con los afectados por el tabaco o el licor- en las instalaciones hospitalarias correspondientes. Hay que apelar a la responsabilidad de toda la sociedad porque es un drama que, progresivamente, afecta a todos…

En resumen, 20 años después, con la experiencia y conciencias adquiridas, en las reflexiones durante el confinamiento por el coronavirus, está claro que la gobernanza debe ser multilateral y que corresponde a “Nosotros, los pueblos” participar activamente en el “nuevo comienzo” como proclama “La Carta de la Tierra”, excelente hoja de ruta para los tiempos que se avecinan… Hay motivos de esperanza: las voces de la mujer y de la juventud, presenciales y en el ciberespacio, propiciarán los cambios esenciales y apremiantes que son exigibles.

En el otoño de 2015, después de unos años de lúcidos cambios y el adecuado enfoque de muchos temas internacionales (islam, ecología, mediación…), el Presidente Obama, un afrodescendiente, logró una gran pausa de esperanza al suscribir los Acuerdos de París sobre Cambio Climático  y la Resolución adoptada por la Asamblea General de las Naciones Unidas sobre la Agenda 2030 con 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, que se titula “Para transformar el mundo”, pensando en nuestros descendientes… Después de 4 años y medio de inacción por la irresponsable actuación de su sucesor, el Presidente Donald Trump, los horizontes actualmente ensombrecidos todavía más por el COVId-19, requieren un apremiante esclarecimiento. Las palabras iniciales de “La Carta de la Tierra” cobran todo su sentido: “Estamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, en el cual la humanidad debe elegir su futuro…”.

Digamos alto y fuerte a todos los que ahora son responsables de la puesta en práctica de las decisiones que trascienden las fronteras: es inaplazable una nueva cosmovisión con nuevos estilos de vida. El gran desafío a la vez personal y colectivo es cambiar de modelo de vida. El mundo entra en una nueva era. Tenemos muchas cosas que conservar para el futuro y muchas otras cosas que cambiar decididamente. Por fin, los pueblos. Por fin, la voz de la gente. Por fin, el poder ciudadano. Por fin, la palabra y no la fuerza. Una cultura de paz y no violencia y nunca más una cultura de guerra.

La gran transición de la fuerza a la palabra. De la mano armada a la mano tendida. Ha llegado el momento de la ciudadanía mundial, de la convivencia sin fronteras, de compartir bienes, conocimientos y experiencia…