Los Estados Unidos e Israel abandonan la UNESCO…

lunes, 14 de enero de 2019

y ninguna noticia en los medios de comunicación sobre el progresivo debilitamiento del multilateralismo democrático.

Los Estados Unidos ya habían abandonado a la Organización intelectual del Sistema de las Naciones Unidas en el año 1984, cuando el Presidente Reagan y la Primer Ministro Margaret Thatcher iniciaban, como tétrico preludio, la “hoja de ruta” del neoliberalismo globalizador que, en pocos años, sustituiría el multilateralismo por la gobernanza oligárquica y plutocrática, confiada a 6 (G6), 7 (G7), 8 (G8)… o 20 países más tarde,  (G20 en 2008), cuya ineficacia total y ampliación de la brecha social está padeciendo actualmente la humanidad en su conjunto.

Lo hacen ahora acompañados de Israel. El Israel de Netanyahu. El Israel de Shimon Peres e Isaac Rabin fue, bien al contrario, muy activo en favor de la concordia y de la paz en la UNESCO durante los años 1987 a 1995. Isaac Rabin fue especialmente partidario de lograr un acuerdo de paz con el Estado Palestino, hasta el punto de ofrecer a Yasser Arafat en el mes de junio de 1995 la co-capitalidad de Jerusalén. A los pocos meses, fue asesinado y, profundamente afectado, decidí dedicarle la Plaza de la Tolerancia del recinto de la UNESCO en París, construida por el eminente arquitecto israelí Dani Karavan. Todos los Estados árabes, sin excepción alguna, acudieron a honrar la memoria de Rabin. Ahora, el Israel de Netanyahu aumenta la tensión con Palestina… y abandona la UNESCO siguiendo al Presidente Trump, que sigue implacable la estela y mal ejemplo de su antecesor republicano Ronald Reagan. No se dan cuenta de que  los Estados Unidos necesitan a la UNESCO muchísimo más que la UNESCO a los Estados Unidos, ya que su sistema educativo –no son pocos los Estados donde es preceptivo explicar el creacionismo, por ejemplo- deja, en todos los grados, mucho que desear.

La deriva neoliberal hacia el supremacismo, la xenofobia, el racismo, la exclusión… es patente y sólo  una gran movilización popular en el ciberespacio podría eliminar los grupos plutocráticos y reforzar a las Naciones Unidas, la genuina Organización multilateral, cuya Carta se inicia, lúcidamente, con “Nosotros,  los pueblos…”. Nada hay que esperar de unos gobernantes amilanados. Sólo el establecimiento firme y apremiante de “los principios democráticos” –justicia, libertad, igualdad y solidaridad- que según la Constitución de la UNESCO deben “guiar” a la humanidad podría reconducir las sombrías tendencias actuales. 

Gen - Ética

lunes, 17 de diciembre de 2018


El 11 de mayo  de 2015 publiqué en este mismo periódico un artículo titulado “Líneas rojas en la investigación científica”, en el que indicaba que en 2003, en el libro “Gen - Ética”, editado en colaboración con el Dr. Carlos Alonso Bedate, “quedó muy clara la diferencia que, tanto en genética como en otros campos de investigación, existe entre lo factible y lo admisible.  Esto no significa que haya conocimientos prohibidos, sino que hay prácticas prohibidas, aplicaciones del conocimiento incompatibles con la dignidad humana, fundamento conceptual y existencial del ser, razón por la cual la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea (7 de diciembre de 2000) la sitúa en primer lugar”.

En 1997,  la  Conferencia  General  de  la  UNESCO adoptó  unánimemente -como hizo un año después la Asamblea General de las Naciones Unidas- la Declaración Universal sobre el Genoma Humano y los Derechos Humanos, redactada por el Comité Mundial de Bioética, con el fin de evitar que, valiéndose de la ingeniería genética, pudiera ahora llevarse a cabo el sueño de Hitler y Mengele de conseguir un ser humano “de diseño”.  Lo intentaron con las técnicas propias de la genética mendeliana y fracasaron.

En el artículo undécimo de la Declaración Universal aludida se establece: “No deben permitirse las prácticas que sean contrarias a la dignidad humana, como la clonación con fines de reproducción de seres humanos. Se invita a los Estados y a las organizaciones internacionales competentes, a que cooperen para identificar estas prácticas y a que adopten, en el plano nacional e internacional, las medidas que corresponda para asegurarse de que se respetan los principios enunciados en la presente Declaración”.

Esta cuestión ha vuelto en los últimos días a ocupar páginas de periódicos y espacios televisivos y audiovisuales con motivo de la eliminación, por el científico chino He Jiankui  del gene CCR5 que produce la proteína afín al virus del sida.  El método empleado es todavía imperfecto y, por tanto, no sólo no pueden alcanzarse las mejoras deseadas sino que pueden inducirse otras situaciones patológicas. Es inaceptable  que se lleven a cabo experimentos “opacos” de esta naturaleza.  Constituye una grave irresponsabilidad, una utilización precipitada de técnicas que deben perfeccionarse para alcanzar objetivos bien establecidos.

Transparencia, transparencia y consulta, siguiendo las pautas de las Declaraciones adoptadas por las Naciones Unidas sobre bases científicas bien consolidadas.  Rigor científico: esta es la cualidad suprema de quienes se dedican a la investigación, especialmente en biomedicina.

En consecuencia, lo pertinente es que, antes de realizar este tipo de trabajos y una vez confirmada su excelencia científica, se recabe la opinión de quienes han profundizado en los aspectos éticos de las múltiples aplicaciones de los nuevos saberes.

El Profesor Carlos Romeo Casabona de la Universidad del País Vasco, lleva trabajando, con un equipo de primera, en los más diversos aspectos de la Declaración Universal del Genoma, y en todo lo que tiene que ver con el delicado establecimiento de “líneas rojas” en la investigación genética, en el espacio tan relevante que media entre lo factible y lo admisible. Corresponde a los mejores especialistas juzgar y evitar toda actuación que pueda incidir en la “reproducción humana”, porque, según el artículo décimo de la Declaración, “ninguna investigación relativa al genoma humano ni ninguna de sus aplicaciones, en particular en las esferas de la biología, la genética y la medicina, podrá prevalecer sobre el respeto de los derechos humanos, de las libertades fundamentales y de la dignidad humana…”.

El Dr. Carlos Alonso Bedate, en el capítulo “El Estatuto Ético del Embrión Humano” del libro antes indicado, aborda con extraordinaria lucidez las numerosas dimensiones de esta cuestión esencial.  Y la Dra. Yolanda Gómez Sánchez trata de “la dignidad como fundamento de los derechos y su incidencia en el posible ‘derecho a no nacer’ ”.

Todo lo que conduzca a conseguir una vida digna es positivo y debe recomendarse.  La prevención es la gran victoria.  Desde hace 50 años empezamos en España, con la Profesora Magdalena Ugarte, la detección neonatal de metabolopatías que, si no se tratan de inmediato, producen lesiones neuronales irreversibles. La ciencia “suple” así una carencia del recién nacido que la madre había llevado a  término durante el proceso de gestación. Se ha ido ampliando progresivamente el número de alteraciones y actualmente son ya una treintena las que pueden detectarse con “la prueba del talón”.  Más de 5.000 personas oportunamente diagnosticadas en España viven hoy normalmente.  Ahora vamos a procurar aumentar las patologías evitables añadiendo a las determinaciones metabólicas el cribado precoz genómico.

La condición humana modifica la naturaleza gracias al conocimiento, gracias a su capacidad creadora, de anticipación y de prevención.  Es totalmente admisible y deseable practicar tratamientos que conduzcan a personas sin defectos hereditarios, ya que sólo se modifican, como sucede en toda terapia, unas características patológicas sin afectar la “identidad personal”.

El problema es saber cuándo nos acercamos a límites que, sin un estudio detenido y solicitando distintos puntos de vista, no se deben, al menos de momento, traspasar.

En resumen, es imprescindible que las distintas instancias legislativas e informativas dispongan del asesoramiento científico pertinente.  El rigor científico, lo repito, debe prevalecer. En el caso que hoy comentamos, como en tantos otros de complejidad creciente, no será la gobernanza a escala mundial de los G.7, G.8 y G.20 la que halle soluciones para que el legado intergeneracional -incluido el patrimonio genético- sea el que las generaciones venideras merecen.  Debemos todos contribuir a que, lo antes posible, desaparezcan los grupos plutocráticos y se refuerce el Sistema de las Naciones Unidas como expresión del multilateralismo democrático.  Este es el gran reto.

¿Licencia para matar? No, señor Trump. Hasta aquí podíamos llegar

viernes, 30 de noviembre de 2018


Pensé que cuando el insólito Presidente Trump dijo que no iba a poner en práctica los Objetivos de Desarrollo Sostenible y los Acuerdos de París sobre el Cambio Climático se produciría una gran reacción de los líderes del mundo y, en particular, de los europeos. No fue el caso. Todos sumisos aceptaron aumentar todavía las escandalosas inversiones en armas y gastos militares, cuando mueren de hambre y extrema pobreza miles de seres humanos al día y, lo que es peor todavía, eliminaron del orden del día de los encuentros de los países que integran los grupos plutocráticos, para no agraviar al magnate norteamericano, los puntos que se referían al cumplimiento de estas apremiantes medidas en favor de la habitabilidad de la Tierra y de la igual dignidad humana.

Era intolerable que se estuvieran incumpliendo elementales responsabilidades intergeneracionales, que se estuvieran contraviniendo y aplazando sine die decisiones muy urgentes si se piensa en quienes llegan a un paso de nosotros... y los que deberían hallarse en la vanguardia de la oposición a la indescriptible discrecionalidad y marginación del multilateralismo democrático por parte del Partido Republicano de los EE.UU., supieran únicamente mirar hacia otro lado.

Pero ahora, al recibir los soldados situados en las fronteras licencia para matar, creo que ha llegado el momento de una gran reacción popular. Ahora somos "nosotros, los pueblos", los que debemos elevar la voz y, en un gran clamor presencial y en el ciberespacio, decirle al Presidente Trump que, si no cambia radicalmente de actitud dejaremos de adquirir productos norteamericanos. El único lenguaje que entendería.

Hasta aquí podíamos llegar. En caso contrario, cómplices. Delito de silencio.