Única y apremiante solución a escala global: multilateralismo democrático

martes, 14 de mayo de 2019


“…Todo es posible… pero ¿quién si no todos?”.
Miquel Martí i Pol

Hace tiempo que, conocedor de los procesos potencialmente irreversibles, vengo alertando sobre los grandes desafíos a los que la humanidad debe hacer frente y que sólo podrán solucionarse con un multilateralismo democrático que permita evitar que se alcancen puntos de no retorno, e iniciar una nueva era en la que la razón de la fuerza se sustituya por la fuerza de la razón y las armas por la palabra,  de tal modo que puedan cumplirse las inaplazables responsabilidades intergeneracionales.

Constituiría un error histórico e irremediable que el legado del antropoceno fuera una calidad de vida gravemente deteriorada, con unos sistemas de gobernanza totalmente ineficientes confiados a unos grupos plutocráticos de 6, 7, 8 o 20 países, que esconden en realidad la hegemonía mundial que siempre ha pretendido el Partido Republicano de los Estados Unidos.

Los presidentes Macron y Sánchez, en sus intervenciones ante la Asamblea General de las Naciones Unidas en otoño de 2018, pusieron de manifiesto la necesidad imperativa de reforzar el multilateralismo.

Como científico, insisto en que es preciso conocer la realidad en profundidad ya que sólo así será posible modificarla, en su caso, en profundidad. De otro modo, las informaciones y apreciaciones superficiales y sesgadas, seguirán proporcionando al público una visión deformada de los hechos y, en consecuencia, de las medidas a adoptar.

Sin Mosul y su petróleo, ¿se hubiera invadido Irak argumentando falazmente la posesión de “armas de destrucción masiva”? ¿Por qué no importa Trípoli sino Bengasi en el caso de Libia? ¿Por qué se presionó obstinadamente en atacar a Irán si no fuera porque tienen, junto a Venezuela, los mejores pozos de petróleo? Si Venezuela careciera de tan fantásticas reservas… ¿prestarían tanto interés los grandes consorcios capitaneados por el Presidente Trump?

De momento, ya ha conseguido que el gasto militar alcance su máximo histórico. Todos obedientes, todos sometidos a los designios del magnate que, al mismo tiempo, ha advertido que no pondrá en práctica los Acuerdos de París sobre Cambio Climático –en cuya firma tan importante papel jugó su antecesor el Presidente Obama- y los Objetivos de Desarrollo Sostenible aprobados por la Asamblea General de las Naciones Unidas en diciembre de 2015 “para transformar el mundo”.  

Las cinco prioridades de las Naciones Unidas para asegurar una vida digna –alimentación, agua, salud, medio ambiente, educación- y que deberían ser el fundamento de la ayuda al desarrollo a los países más necesitados no cuentan para los grupos plutocráticos (G7, G8, G20), a los que el Presidente Reagan y la Primer Ministro Margaret Thatcher confiaron en la década de los ochenta las riendas del destino común al tiempo que marginaban al Sistema de las Naciones Unidas.

Lo más grave de cuanto acontece actualmente es que se trivializa la irreversibilidad de procesos que pueden afectar sin remedio la habitabilidad de la Tierra. Desde 1947 en que la UNESCO creó la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICM) y luego puso en marcha los Planes Geológico, Hidrológico, Oceanográfico… el gran programa “El Hombre y la Biosfera”… ; y en 1972 Aurelio Peccei, fundador del Club de Roma, advirtió de los “límites del crecimiento”; y en 1979, la Academia de Ciencias de los Estados Unidos indicó de que no sólo se estaban incrementando peligrosamente las emisiones de anhídrido carbónico y otros gases con efecto invernadero sino que, lo que es todavía peor, la capacidad de recaptura de los océanos está disminuiría sensiblemente...

Al gran público le han llegado siempre muchas más falsedades que verdades ya que –es otro gran tema que debe abordarse sin demora- son mayoría los medios de comunicación “la voz de su amo”, a sueldo de los más pujantes consorcios que han ido eliminando la capacidad de réplica de una civilización a la deriva, debido a que, como sucede en la  Unión Europea, se han situado monedas donde deberían hallarse, inexpugnables, los valores y “principios democráticos”, que establece la Constitución de la UNESCO.

Frente al triple reto del cambio climático y degradación de la biosfera, la pobreza extrema  y la amenaza nuclear, que exige la rápida puesta en práctica de un nuevo concepto de seguridad y de trabajo, de estilo de vida, estamos viviendo sin brújula y camino ya que, en lugar de favorecer la invención de alternativas ponderadas, en lugar de incrementarse cada día el número de ciudadanos responsables que sean actores de su destino y no espectadores impasibles de lo que sucede… en lugar de elevar, ahora que ya los pueblos pueden expresarse libremente, la voz en grandes clamores populares… nos dejamos amilanar, ofuscar, caminar sin rumbo. Está claro,  para el  buen entendedor, que el gran problema que nos acosa no es de diferencia sino de indiferencia, no del reconocimiento de la igual dignidad sino del supremacismo y el racismo.

Seremos ahora, por fin, “Nosotros, los pueblos”, como tan lúcida como prematuramente se inicia la Carta de las Naciones Unidas, los que tomen el relevo. Por fin, la mujer en el estrado, en pie de igualdad plena…;  por fin los jóvenes conscientes de su responsabilidad para asegurar la calidad del legado intergeneracional, actuando con gran firmeza en favor de la adopción de medidas que eviten el descalabro social de la humanidad y el empeoramiento de las condiciones de vida.

Esta movilización popular debe ser liderada por las comunidades académica, científica, artística, literaria, intelectual en suma, conscientes de que mañana puede ser tarde.

Cada ser humano único y capaz de crear, nuestra esperanza: el futuro hay que inventarlo, superando la inercia y el uso de fórmulas ya periclitadas.

Para enderezar en un momento crucial tantas trayectorias erróneas, es imprescindible la transformación de la gobernanza mundial. En escritos anteriores he resumido las propuestas actuales para refundar las Naciones Unidas así como la perentoria necesidad de una Declaración Universal de la Democracia[i] –ética, social, política, económica, cultural  e internacional- que favoreciera el pleno ejercicio por todos los ciudadanos de los derechos que les son inherentes. Es de destacar a este respecto la interesantísima y oportuna propuesta de la San Francisco Promise hecha pública el 6 de noviembre de 2018, en la que se sientan las bases para transformar la Carta en una Constitución de las Naciones Unidas, con las reformas funcionales y estructurales que son esenciales.

“Hay que cambiar de rumbo y nave”, advirtió José Luis Sampedro a los jóvenes. Sigamos, diligentemente, su consejo.



“La mano que se cierra opaca”

sábado, 20 de abril de 2019


Transcribo unos versos  del poema “Sobre el tiempo presente” de José Ángel Valente: “Escribo sobre el tiempo presente. / …Escribo sobre la latitud del dolor, / desde lo que hemos destruido / ante todo en nosotros… / …desde el clamor del hambre y del trasmundo, / …desde la mano que se cierra opaca”.

Cuando hay tantas imágenes que conmueven, que mueven a manos abiertas… nos encontramos con manos repletas, cerradas, manos armadas, alzadas… que rehúsan la máxima felicidad de dar, de darse, de compartir, de convivir, de desvivirse en favor de los más vulnerables y menesterosos.

¡Pienso tantas veces en aquella frase que leí hace muchos años en una capilla cerca de Montpellier: “Las mortajas no tienen bolsillos”!  La sociedad saciada olvida este hecho fundamental y vive ensimismada, abducida, alejada de la realidad que, de otro modo, podría sonreírle…

No podemos seguir callados, silenciosos, distraídos… cuando cada día mueren de hambre y extrema pobreza miles de personas, la mayoría niñas y niños de uno a cinco años de edad, al tiempo que los poderosos encumbrados y distantes invierten más de 4000 millones de dólares al día en armas y gastos militares.

Es apremiante que, a través de grandes clamores populares presenciales y en el ciberespacio, “Nosotros, los pueblos” –como tan lúcidamente expresa la primera frase de la Carta de las Naciones Unidas- alcemos la voz en favor de  un nuevo concepto de seguridad que no sólo atienda a los territorios y fronteras sino a quienes viven en estos lugares y requieren, para una vida digna, las cinco “seguridades esenciales” proclamadas por el multilateralismo democrático y que los grupos plutocráticos (G6, G7, G8, G20) han sustituido por gravísimas carencias: la alimentación, el acceso al agua potable, servicios de salud de calidad, cuidado del medio ambiente y educación para todos a lo largo de toda la vida…

Delito de silencio. Silencio cómplice. Ha llegado el momento inaplazable de cumplir nuestras responsabilidades intergeneracionales. De decir y escribir –ahora que ya podemos expresarnos libremente- el ineludible deber de procurar, juntas las manos y las voces, los cambios radicales que son exigibles.

Estamos ante la transición histórica de la fuerza a la palabra.  Como en los versos de Eliane Cevallos (2018), “…daré la vuelta a la esquina del silencio / y escribiré con toda el alma / sintiendo en cada letra / lo que siento”.

Cada ser humano único capaz de crear, nuestra esperanza porque, como proclamó el Presidente Kennedy en junio de 1963 y me alivia mucho repetir, “No hay ningún desafío que se sitúe más allá de la facultad creadora distintiva de la especie humana”.

Inventar el futuro… sin manos que se cierren opacas.

Mujer y juventud, piedras angulares de la nueva era

lunes, 4 de marzo de 2019


Unámonos todos y todas –la igualdad se refiere a todos y todas, sin excepción- a las manifestaciones de mujeres y jóvenes previstas para los próximos días 8 y 15 de marzo.

Las voces de la mujer y de la juventud, presenciales y en el ciberespacio, para propiciar los cambios esenciales y apremiantes que son exigibles antes de que se alcancen puntos de no retorno.

¡Por fin, “Nosotros, los pueblos”, como se inicia la Carta de las Naciones Unidas! En 1945 era prematuro porque el poder era absoluto masculino y la gran mayoría de la humanidad nacía, vivía y moría en unos kilómetros cuadrados. Eran seres humanos temerosos, obedientes, sumisos, silentes.

Hoy, gracias en buena medida a la tecnología digital, son muchos los seres humanos que pueden expresarse libremente,  que saben lo que acontece y, sobre todo, la mujer, marginada durante siglos, se halla en camino de desempeñar, en muy pocos años, el importante papel que, en plano de completa igualdad, le corresponde.

La humanidad hace frente, por primera vez en su historia, a procesos potencialmente irreversibles, lo que imprime un especialísimo vigor y rigor a las medidas que deben adoptarse para no alterar –lo que constituiría un histórico error- la calidad del legado intergeneracional.

Por desgracia, muchos siguen siendo espectadores impasibles en lugar de actores comprometidos, implicados. Los medios de comunicación –muchos de ellos son “la voz de su amo”- constituyen, en afortunada expresión de Soledad Gallego, una potentísima arma de “distracción masiva”.

Las comunidades científica, académica, artística, literaria, intelectual en suma, deberían, conscientes de la gravedad de la situación y las tendencias, liderar la reacción popular. Pero la maraña burocrática-cibernética que acompaña la deriva neoliberal y la gobernanza de sus grupos plutocráticos (G7, G8, G20) ha impedido hasta ahora –hay repuntes muy recientes que pueden ser de gran interés a este respecto- que se adoptaran las medidas que en el otoño de 2015 llenaron de esperanza a los más advertidos de la gravedad de las amenazas globales de un mundo en manos de irresponsables. En efecto, la Resolución de 21 de octubre de 2015 de la Asamblea General de las Naciones Unidas, por la que se fija la Agenda 2030 con 17 Objetivos de Desarrollo Sostenible, se titula “Para transformar el mundo”. Y, de inmediato, se logra en París la firma de los Acuerdos sobre Cambio Climático convencidos de que era imprescindible, pensando en nuestros descendientes, actuar de forma inaplazable.

El nombramiento del Presidente Norteamericano Donald Trump, insólito en tantos aspectos, hubiera debido tener inmediata respuesta cuando manifestó que no cumpliría los compromisos contraídos por su antecesor. La  Unión Europea, exclusivamente monetaria,  no tuvo la capacidad y firmeza de acción que era necesaria en aquellos momentos. Al contrario, siguiendo las indicaciones del magnate, el G7 decidió unánimemente incrementar los fondos para defensa (se invertían ya 4000 millones de dólares al día en gastos militares y armamento al tiempo que mueren de hambre y pobreza extrema miles de personas, la mayoría niñas y niños de uno a cinco años).

Es imprescindible un nuevo concepto de seguridad en que, junto a la de los territorios, se tenga en cuenta la alimentación, salud, educación, cuidado del medio ambiente… de los que habitan estos territorios.

“Dos tercios de la humanidad tienen comunicación móvil”, es noticia del Congreso Mundial de Móviles que acaba de celebrarse en Barcelona. ¡Qué maravilla! Este puede ser el fin de la gobernanza de los grupos plutocráticos y el inicio del reforzamiento del multilateralismo democrático, con unas Naciones Unidas a la altura de las competencias que tiene que desempeñar ahora de inmediato a escala global.

Unamos nuestras voces a las de las mujeres y jóvenes que estos próximos días llevarán a cabo los primeros pasos para incorporarnos correctamente a la nueva era.

El 1 de marzo de 2016 escribí: “Vuestra voz, / mujeres del mundo entero, / es la gran fuerza / que ha de mover / lo hasta ahora inamovible. / Voz acallada / y desoída / desde el origen / de los tiempos. / Hoy se iluminan / los caminos / que recorremos / juntos, / juntas las voces, / juntas las manos, / en el inicio / de una nueva era”.

Sí: ¡unamos voces y manos!

Cuando la nave se hunde…

miércoles, 6 de febrero de 2019


de pronto, escribió Leonardo Da Vinci, ya no hay a bordo ricos o pobres, jóvenes o ancianos, blancos o negros… sólo pasajeros afanados, trabajando en común para sobrevivir, para evitar el naufragio.

Ese es el consejo que ahora deberíamos difundir por todos los medios para que los “pueblos” tomen conciencia de la situación en la que, por primera vez en la historia, se halla la humanidad. En efecto, desde hace unos años, han aparecido una serie de amenazas globales como procesos potencialmente irreversibles, que exigen que se las aborde y trate a tiempo, antes de que sea demasiado tarde.

El cambio climático es ya una realidad incontestable. El océano glacial Ártico ha desaparecido prácticamente y la Antártida empieza a agrietarse. No se ha logrado reducir los gases “con efecto invernadero”… y la habitabilidad de la Tierra se deteriora sin cesar. La puesta en práctica de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS), sabiamente adoptados por la Asamblea General de las Naciones Unidas en octubre de 2015 “para transformar el mundo”, no se llevan a cabo porque no cuentan con el respaldo efectivo de los grandes  países… y los ciudadanos  se hallan bajo la presión de un inmenso poder mediático que les aturde y les convierte en espectadores impasibles en lugar de actores responsables.

El neoliberalismo, capitaneado contra viento y marea por el Partido Republicano de los Estados Unidos, ha debilitado el Estado-Nación y ha sustituido el multilateralismo democrático de las Naciones Unidas por la gobernanza de unos grupos oligárquicos plutocráticos (G6, G7, G8, G20) que han conducido a la presente deriva, en la cual sólo cuenta el PIB, los intercambios mercantiles… y la discrecionalidad del Presidente Trump, al que nadie se atreve a enfrentarse.

Lo más preocupante es cómo germinan aquí y allá semillas de supremacismo, de racismo, de fanatismo, de dogmatismo… sin que nadie parezca acordarse de lo que sucedió en los año 1933 a 1939… Una gran mayoría de la ciudadanía se halla  siguiendo aturdida y obsesionada a sus equipos de fútbol o atenta en exclusiva al pasado inmediato y al presente, con reivindicaciones que, fundamentadas con frecuencia en torpezas de los que han gobernado a uno y otro lado, tendrían cabida en situaciones de menor apremio, no se da cuenta de que ahora las generaciones jóvenes y venideras son las únicas que merecen atención para conseguir mantener el mundo a flote y asegurarles una vida en condiciones aceptables.

Aunque haya razones para soñar y procurar  otros sistemas de gobernanza, aunque se estime que, por fin, se está cerca de convertirse en realidad lo que siempre se dijo que era imposible, lo único cierto es que ha llegado el momento de la unión de manos y voces y no de rupturas; el momento del multilateralismo eficiente y con autoridad a escala planetaria; el momento de la democracia genuina… porque, de otro modo, la zozobra será irremediable.

Que los medios de comunicación transmitan fidedignamente los datos sobre la sostenibilidad de la Tierra y alerten al mundo, sustrayéndose de las intencionadas noticias mercantiles y políticas que les incitan a lo contrario.

Que los grandes consorcios financieros se aperciban de la responsabilidad histórica que tienen, en situaciones sin retorno, de alentar y contribuir a la toma de  conciencia y no a la confusión y la desmesura.

Que los pueblos –“Nosotros, los pueblos”, como tan lúcidamente se inicia la Carta de las Naciones Unidas- tomen en sus manos, ahora que ya saben lo que acontece y que pueden expresarse libremente, ahora que ya son hombre y mujer, las riendas del destino común.

La nave, por no haber prestado atención a las recomendaciones que se han formulado repetidamente en las últimas décadas, se está hundiendo. Es preciso y urgente que, como en el relato leonardino, reaccionemos todos, porque a todos nos concierne, para lograr mantener en toda su grandeza el misterio de la existencia humana. “Todo es posible,… pero ¿quién si no todos?”, nos advirtió Miquel Martí i Pol.

Repito una vez más, porque para mí su lectura fue determinante, los versos de José Ángel Valente en su poema “Sobre el tiempo presente”:
“Escribo desde un naufragio.
escribo sobre la latitud del dolor,
sobre lo que hemos destruido
ante todo en nosotros…
Escribo desde  la noche,
desde el clamor del hambre y del trasmundo,
desde la mano que se cierra opaca,
…desde los niños infinitamente muertos,
…desde el árbol herido en sus raíces…
Pero escribo también desde la vida,
desde su grito poderoso
…desde la muchedumbre que padece…
Escribo, hermano mío, de un tiempo venidero”.

Inspirados por Leonardo Da Vinci, Miquel Martí i Pol y José Ángel Valente, depongamos cualquier actitud adversa al rápido restablecimiento de una adecuada y serena navegación. En los nuevos tiempos no será la razón de la fuerza la que prevalezca sino la fuerza de la razón, no las armas sino la palabra, no el  gregarismo sino cada ser humano capaz de crear, de reflexionar y decidir por sí mismo.

Si logramos mantener el buque a flote, con todos los pasajeros, la humanidad podría inaugurar una nueva era.


Artículo publicado en El País, 6/02/19

¡Basta de “Informativos” que sólo transmitan malas noticias y banalidades!

martes, 5 de febrero de 2019


Da la impresión de que predominan los asesinos, dementes, desvergonzados, haraganes, corruptos… cuando, por fortuna, predominan los seres humanos solidarios, generosos, que se desviven por atender a los demás.  Múltiples malos ejemplos que se divulgan a los cuatro vientos… cuando los más numerosos buenos ejemplos permanecen en los grandes ámbitos de lo silenciado.

Cuando se comunica lo extraordinario, lo insólito, lo que no tiene lugar habitualmente -que por esto es “noticia”- se debería acto seguido indicar cuál es la incidencia, qué grado de alarma social conllevan, qué atención ciudadana merecen…

Cuando, por ejemplo, leo o veo sucesos escolares muy poco edificantes, pienso que hay más de 800 mil docentes en España y unos 10 millones de alumnos en los distintos grados, la mayoría de los cuales observan una conducta apropiada y, con frecuencia, excelente.

En consecuencia, debe destacarse la excepcionalidad de los acontecimientos que se cuentan… o su trascendencia porque, de otro modo, progresivamente sólo interesa y preocupa el estado del músculo abductor que permitirá o no que tal futbolista pueda intervenir en la próxima contienda…

En resumen: además de las “noticias” sobre desastres, asesinatos, catástrofes… comuniquen, por favor, informaciones sobre hechos que pongan de manifiesto la inmensa bondad que anida, por fortuna, en tantas personas… y aquellos que resultan en beneficio de toda la humanidad.  Hace tan sólo unos días expusimos, con gran alegría, la prevención -que siempre es la mayor victoria- de enfermedades metabólicas en el neonato gracias a  la “prueba del talón”.  Estas alteraciones moleculares, si no se detectan y tratan a tiempo, originan un gravísimo deterioro neuronal irreversible.  En las últimas cinco décadas se han evitado estas discapacidades en más de 5,000 personas, que viven con total normalidad.   Que los medios de comunicación ponderen el valor de la prevención, que insistan en la importancia de invertir en salud y bienestar, en un nuevo concepto de seguridad que permita evitar o aminorar el efecto de las catástrofes naturales o provocadas, que exalte las actividades de tantos voluntarios que mitigan sufrimientos ajenos…

Sí, por favor: ¡dennos también buenas noticias!

Ciudadanos del mundo “libres y responsables”

martes, 29 de enero de 2019


Es apremiante fomentar ser “libres y responsables” –como califica magistralmente a los educados la UNESCO- para que no se mantengan sumisos y dependientes  un elevado porcentaje de ciudadanos, que ahora ya disponen de tecnologías que les permiten levantar la voz y hacerse oír. El clamor popular es inaplazable.

Ahora ya podemos expresarnos libremente gracias a la moderna tecnología digital, dejando de ser testigos impasibles, invisibles, anónimos, temerosos y obedientes. Ya es posible el paso de súbditos a ciudadanos plenos capaces de participar y defender nuestros puntos de vista. No podemos seguir distraídos, mal informados, manejados por la omnipotente y omnipresente influencia del “gran dominio”.

Hemos entrado en una nueva era en la que los seres humanos ya no vivirán confinados territorial e intelectualmente; en que la longevidad procurará una formidable experiencia que debe ser plenamente utilizada; en que los jóvenes, conocedores de la Tierra, con conciencia y ciudadanía global, contribuirán con su imaginación y su impulso a hacer realidad, por fin, los cambios radicales que, enfrentados por primera vez en la historia a procesos potencialmente irreversibles, son apremiantes. La inercia es el gran enemigo. 

La mujer es “piedra angular”, por las facultades que le son inherentes de la convivencia pacífica, de la inflexión histórica de la fuerza a la palabra. 

Ahora que tenemos conciencia global, medios para expresarnos con libertad irrestricta y un porcentaje proporcionalmente mayor de mujeres en la toma de decisiones, debemos descubrir e inventar nuevos caminos y esclarecer los sombríos horizontes actuales, para que el legado que debemos dejar a los que llegan a un paso de nosotros esté a la altura de la dignidad humana. Cada ser humano capaz de crear, nuestra esperanza. 

Ciudadanos del mundo, con una “nueva mirada” para abarcar la Tierra entera, libre e irresponsables, protagonistas y beneficiarios, para llevar a cabo, sin delaciones, las acciones cotidianas que  pueden enmendar las sombrías proyecciones que vivimos. No es posible continuar con más informes y diagnósticos. Ha llegado la hora de los tratamientos a tiempo, antes de que se alcancen puntos de no retorno.

Expresión libre e información veraz

jueves, 24 de enero de 2019


La expresión irrestricta de nuestros puntos de vista es un Derecho Humano (art. 19 de la Declaración Universal). La Constitución de la UNESCO, que tiene como misión construir la paz "en la mente de los hombres", establece en su artículo primero "la libre circulación de las ideas por la palabra y por la imagen".

También es un derecho poder acceder a una información veraz, equilibrada, que no refleje la ideología, creencias,  partido político, etc. de quienes emiten la noticia.

Es intolerable que los muy pocos sean capaces de modelar el comportamiento de los muchos mediante el acoso de un enorme poder mediático, hasta el punto de que sigan callados e inaparentes cuando el tiempo del silencio ha concluido. 

La desinformación es peligrosísima.

No me canso de insistir en el riesgo de ser sólo espectadores, receptores impasibles, pusilánimes, resignados. Las generaciones venideras merecen algo más. No nos dejemos convencer y ahormar. Con la mejor voluntad, muchas personas no conocen más verdades que las que se les presentan por quienes no dan puntada sin hilo pensando exclusivamente en las próximas elecciones.

Lamentablemente, hasta los medios de comunicación menos tendenciosos se inclinan, de vez en cuando, ante el inmenso poder del “gran dominio” (militar, financiero, energético, mediático).   La concentración del poder mediático audiovisual y escrito es de tal naturaleza que no sólo influye a escala mundial para justificar acciones difícilmente asumibles por la mayor parte del público sino que, a través de los medios más adecuados del "grupo", desencadenan movimientos especulativos de la economía  o crean "enemigos" para que no se desacelere la inmensa maquinaria de la guerra.

Muchas personas que no leen más de un periódico corren el peligro -salvo contadas excepciones- de formarse una idea totalmente errónea de lo que acontece. En consecuencia, sus opiniones sobre la gobernación, sobre la justicia, sobre los partidos... se van tiñendo de la misma parcialidad, de los mismos sesgos que los que caracterizan al diario. Lo mismo sucede con los canales de TV que, progresivamente, van perteneciendo a los mismos amos...

Es fundamental informarse prestando atención también a tendencias reconocidamente contrarias, ver otros canales de TV y escuchar, de vez en cuando al menos, otras emisoras de radio que las "habituales"... Y hablar desapasionadamente, serenamente, de temas controvertidos con amigos de "otros cestos"... Y ver también lo que pasa más allá de nuestro entorno, fuera de España.

Por cuanto antecede, es indispensable tener tiempo para pensar, para reflexionar sobre los distintos temas, para leer y escuchar otras opiniones y expresar después nuestros puntos de vista sin cortapisas, nunca al dictado de otros, nunca condicionados por influencias sectarias, fanáticas, dogmáticas, supremacistas. Sólo así  podremos avanzar hacia el otro mundo posible que anhelamos.

Recordar a Obama para propiciar cambios inaplazables

lunes, 21 de enero de 2019


Con motivo del inicio de su segundo mandato como Presidente de los Estados Unidos en enero de 2013, Barack Obama pronunció un excelente discurso. Creo que vale la pena hoy, después de seis años, recordar algunas de sus manifestaciones ya que siguen siendo extraordinariamente válidas y actuales: "Hemos comprendido que cuando los tiempos cambian también debemos cambiar nosotros, que la fidelidad a nuestros principios fundamentales requiere nuevas respuestas a nuevos retos". Continuaba diciendo: “Comprendemos que nuestros programas pueden ser ya  inadecuados para las necesidades de nuestro tiempo…" y "Nosotros, el pueblo, todavía creemos que nuestras obligaciones como norteamericanos no son sólo para nosotros sino para toda la posteridad. Responderemos a la amenaza del cambio climático, sabiendo que dejar de hacerlo traicionaría a nuestros hijos y a las futuras generaciones... La paz en nuestros tiempos requiere el constante avance de los principios de nuestro credo en común: tolerancia y oportunidad; dignidad humana y justicia". Finalizaba afirmando que ahora “es tiempo de decisiones" y "Ustedes y yo, como ciudadanos, tenemos la obligación de dar forma a los debates de nuestro tiempo, no sólo con los votos que emitimos, sino con las voces que levantamos en defensa de nuestros valores y nuestros ideales". 

Ante la avalancha de acontecimientos que no sólo complican todavía más la ya complejísima situación a escala local y nacional, regional y mundial, contribuyendo además a ocultar o tergiversar lo que es relevante para los intereses a corto y largo plazo de la gran mayoría de la gente, creo oportuno reiterar, para que cunda una firme reacción popular, que cada día mueren, como ignorados o inadvertidos “efectos colaterales” del sistema, miles de seres humanos de hambre y desamparo al tiempo que se invierten en armas y gastos militares más de 4.000 millones de dólares;   que el “barrio próspero” de la aldea global alberga sólo a un 20% de la humanidad, viviendo el 80% restante en un gradiente progresivo de precariedades, en condiciones adversas para la igual dignidad de todos, esencia de los derechos inherentes a la existencia humana. 

Me sigue inquietando e indignando que, en lugar de defender un multilateralismo democrático, con unas Naciones Unidas dotadas de los recursos personales, técnicos y profesionales adecuados, en una estructura que represente a “Nosotros, los pueblos…” como establece la Carta, pretendan gobernar al mundo grupos oligárquicos integrados por los 7, 8,… 20 países más ricos y poderosos de la Tierra, sustituyendo un sistema democrático de 196 Estados por un sistema plutocrático inadmisible. 

Creo que es fundamental conseguir el reconocimiento de la infinita diversidad cultural, el pluralismo político, el respeto a los principios éticos universales,… en suma, más y mejor democracia.


Ha llegado el momento de adoptar una “Declaración Universal de la Democracia[1] (ética, social, política, económica, cultural e internacional), único marco en el que podrían llevarse a término los derechos y deberes humanos. Democracia a escala personal, local, nacional, regional y planetaria: esta es la solución para todos y para todo. La fuerza de la razón en lugar de la razón de la fuerza, y comprobar la inmensa y distintiva capacidad creadora de la especie humana, que no puede reducirse a pequeños espacios y miopes objetivos. 

Es inaceptable que el neoliberalismo imperante haya sustituido los valores éticos por los bursátiles, los “principios democráticos” –tan lúcidamente establecidos en la Constitución de la UNESCO- por los mercantiles, la cooperación por la explotación y las ayudas por préstamos en condiciones draconianas. 

Ahora ya podemos expresarnos. Ahora ya sabemos lo que acontece en todo el mundo. Ahora ya somos, por fin, todos iguales en dignidad, sin discriminación alguna por razón de género, de credo, ideología, etnia… Ahora ya podemos y debemos levantar la voz, en grades e inaplazables clamores populares. El silencio y la indiferencia son cómplices. Son delito.

Los Estados Unidos e Israel abandonan la UNESCO…

lunes, 14 de enero de 2019

y ninguna noticia en los medios de comunicación sobre el progresivo debilitamiento del multilateralismo democrático.

Los Estados Unidos ya habían abandonado a la Organización intelectual del Sistema de las Naciones Unidas en el año 1984, cuando el Presidente Reagan y la Primer Ministro Margaret Thatcher iniciaban, como tétrico preludio, la “hoja de ruta” del neoliberalismo globalizador que, en pocos años, sustituiría el multilateralismo por la gobernanza oligárquica y plutocrática, confiada a 6 (G6), 7 (G7), 8 (G8)… o 20 países más tarde,  (G20 en 2008), cuya ineficacia total y ampliación de la brecha social está padeciendo actualmente la humanidad en su conjunto.

Lo hacen ahora acompañados de Israel. El Israel de Netanyahu. El Israel de Shimon Peres e Isaac Rabin fue, bien al contrario, muy activo en favor de la concordia y de la paz en la UNESCO durante los años 1987 a 1995. Isaac Rabin fue especialmente partidario de lograr un acuerdo de paz con el Estado Palestino, hasta el punto de ofrecer a Yasser Arafat en el mes de junio de 1995 la co-capitalidad de Jerusalén. A los pocos meses, fue asesinado y, profundamente afectado, decidí dedicarle la Plaza de la Tolerancia del recinto de la UNESCO en París, construida por el eminente arquitecto israelí Dani Karavan. Todos los Estados árabes, sin excepción alguna, acudieron a honrar la memoria de Rabin. Ahora, el Israel de Netanyahu aumenta la tensión con Palestina… y abandona la UNESCO siguiendo al Presidente Trump, que sigue implacable la estela y mal ejemplo de su antecesor republicano Ronald Reagan. No se dan cuenta de que  los Estados Unidos necesitan a la UNESCO muchísimo más que la UNESCO a los Estados Unidos, ya que su sistema educativo –no son pocos los Estados donde es preceptivo explicar el creacionismo, por ejemplo- deja, en todos los grados, mucho que desear.

La deriva neoliberal hacia el supremacismo, la xenofobia, el racismo, la exclusión… es patente y sólo  una gran movilización popular en el ciberespacio podría eliminar los grupos plutocráticos y reforzar a las Naciones Unidas, la genuina Organización multilateral, cuya Carta se inicia, lúcidamente, con “Nosotros,  los pueblos…”. Nada hay que esperar de unos gobernantes amilanados. Sólo el establecimiento firme y apremiante de “los principios democráticos” –justicia, libertad, igualdad y solidaridad- que según la Constitución de la UNESCO deben “guiar” a la humanidad podría reconducir las sombrías tendencias actuales.