Unidos por la paz y el multilateralismo democrático

jueves, 5 de mayo de 2022

Actuemos con apremio, ahora que ya podemos expresarnos libremente en grandes clamores planetarios,

– para un alto el fuego inmediato en Ucrania y el inicio de un proceso de paz sólido y abierto,

– para la urgentísima eliminación de la condición de unanimidad en la Unión Europea, de tal modo que pueda asumir plenamente el papel de interlocutor que le corresponde y que ha asumido hasta ahora la OTAN,

– para la aplicación del excelente diseño de las Naciones Unidas de Roosevelt: “Nosotros, los pueblos… hemos resuelto evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra”- eliminando el veto de tal modo que se pueda sustituir la actual gobernanza plutocrática supremacista (G6,G7,G8,G20) y evitar así un nuevo desorden mundial basado en el poder militar, en la razón de la fuerza y no la fuerza de la razón, para dejar de ser espectadores impasibles de lo que acontece y ser ciudadanía consciente y responsable, cumpliendo nuestros inaplazables deberes intergeneracionales,

-para cumplir con diligencia los Acuerdos de París sobre el Cambio Climático y la Resolución de las Naciones Unidas sobre la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible “para transformar el mundo”, que suscribió el presidente Barack Obama, y que suprimió el mismo día de su nombramiento su sucesor el presidente Donald Trump, sin provocar reacción alguna-delito de silencio-en los 192 países restantes.

Sí: unidos por la paz, ahora ya todos iguales en dignidad,

-para poder mirar a los ojos de los niños y decirles que vamos a evitar que la cultura de guerra siga imponiéndose sobre la cultura de paz y no violencia, y que los intereses del “gran dominio“ (financiero, militar, energético, mediático, digital) sigan prevaleciendo sobre los de la ciudadanía global,

– para la total eliminación de las armas nucleares y un nuevo concepto de seguridad, que armonice la defensa territorial con la de quienes habitan estos espacios tan bien protegidos (alimentación, agua potable, servicios de salud de calidad, cuidado del medio ambiente, educación para todos a lo largo de toda la vida),  para, en suma, lograr que la especie humana -inverosímil desmesura de facultades intelectuales y creativas- pueda vivir y convivir en plenitud en una tierra bien conservada.  

Unidos por la paz, por la palabra, por la democracia. 

Tengamos siempre presente el  lúcido preámbulo de la Carta de la Tierra: “Nos hallamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, en el cual la humanidad ha de elegir su futuro. A medida que el mundo se hace más interdependiente y frágil, el futuro presenta a la vez grandes riesgos y grandes promesas… Somos una sola familia humana y una sola comunidad con un destino común. Hemos de unirnos para crear una sociedad global sostenible basada en el respeto a la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y la cultura de paz”.

Tenemos que procurar que nadie se sienta excluido en esta elección, para hacer posible un nuevo comienzo. Es necesario dar fin a un sistema que, desde tiempo inmemorial, se ha basado en el poder masculino absoluto. Unos cuantos hombres, muy pocos, han ejercido el mando de tal forma que hasta la propia vida debió  ofrecerse a sus designios sin discusión posible.  

Confinados en un espacio territorial e intelectual muy limitado, los habitantes de la Tierra han sido súbditos silenciosos y obedientes. En dos ocasiones, al término de las dos grandes guerras del siglo pasado, se intentó sustituir progresivamente el uso irrestricto de la fuerza por la palabra, por la negociación, por la diplomacia.  

Pero, siempre triunfó la seguridad sobre la convivencia pacífica. Al término de las dos grandes guerras “calientes”, en 1918 y 1945, dos destacados Presidentes norteamericanos, Wilson y Roosevelt, respectivamente, intentaron establecer un orden mundial basado en la mediación y el multilateralismo. En ambas ocasiones, desgraciadamente, el perverso adagio “si quieres la paz, prepara la guerra” se aplicó sin cortapisas, y la seguridad prevaleció, como había sucedido durante siglos, sobre la paz. 

Es importante no olvidar el  inconmensurable perjuicio que causó el Partido Republicano de los Estados Unidos al no apoyar a la Sociedad de Naciones creada por Wilson. Se hizo posible el resurgir bélico de Alemania… y que Hitler, en 1933, escribiera en su libro “Mi lucha” que “la raza aria es incompatible con la judía”. 

Las semillas del fascismo fructificaron en el fascismo de Benito Mussolini y en el terreno abonado del Imperio del Sol Naciente nipón, con el Plan Tanaka y el emperador HiroHito…. Esta confluencia de grandes movimientos supremacistas dio lugar a la Segunda Guerra Mundial, atroz, con millones de víctimas, al final de la cual el Presidente Franklin Delano Roosevelt establece, con un diseño perfecto, las Naciones Unidas. El inicio de la Carta resume lúcidamente las grandes líneas de la gobernanza mundial: “Nosotros, los pueblos… hemos resuelto evitar a nuestros hijos el horror de la guerra”. Me gusta destacar, por ser de gran actualidad, los tres pilares de lo que hubiera podido ser una nueva era: i) son los pueblos a quienes se encomienda tomar en sus manos las riendas del destino; ii) La paz debe construirse para evitar, de este modo, el “horror de la guerra”; iii) la solidaridad intergeneracional constituye el compromiso supremo de todo ser humano. 

El diseño de las Naciones Unidas realizado en 1945 –con el complemento de la Declaración Universal de los Derechos Humanos tres años más tarde- es inmejorable. Pero en aquel momento, “Nosotros, los pueblos”, no existían: el 90 % de los seres humanos nacían, vivían y morían en unos kilómetros cuadrados. Eran temerosos, sumisos, obedientes, silenciosos… y la mujer se hallaba altamente discriminada. 

A finales de la década de los 80, cuando, gracias a Nelson Mandela y Mikhail Gorbachev podían haberse reconducido muchas tendencias perniciosas, el supremacismo y el fanatismo volvieron a ensombrecer los horizontes del mundo en su conjunto. Vuelve el gran dominio a ejercer su poder absoluto. Vuelven las sectas -algunas propiciadas desde los propios servicios de inteligencia- a contrarrestar los esfuerzos de las democracias genuinas… 

Se ha comentado con frecuencia que la Declaración “Universal” era en realidad reflejo de la visión occidental.  Debo destacar, a este respecto, que fue sometida a una amplia consulta a los principales representantes de las diversas civilizaciones y culturas. Siendo Director General de la UNESCO, hallé en los archivos de la Organización la carta que escribió en el mes de febrero del año 1947 el Mahatma Ghandi a Julian Huxley, primer Director General. Le decía que agradecía el envío del borrador, y le indicaba que lo había consultado con la “persona más inteligente que he conocido, una mujer, analfabeta, mi madre, que me ha indicado…”. Entre las indicaciones figuraba la conveniencia de que se pusieran de manifiesto también algunos deberes en los derechos que se declaraban… 

Dos citas del preámbulo deben destacarse porque son especialmente significativas: al final del primer  párrafo se dice que “estos derechos son para liberar a la  humanidad del miedo”. Esta promoción de la autoestima y de la necesidad de mostrar las discrepancias cuando existan, se refrenda en el párrafo segundo del preámbulo cuando se dice que, si no pudieran ejercerse plenamente, los seres humanos “podrían verse compelidos a la rebelión”. Ahora, cuando por fin “los pueblos” podemos expresarnos libremente, es preciso tener muy en cuenta que debemos. 

Para actuar debidamente y a tiempo es preciso prepararse con gran rigor, conocer las fuentes y raíces de las actitudes violentas, de las reacciones conflictivas. El supremacismo es el origen de muchos conflictos y actos de violencia.  La mejor manera de contrarrestarlo es tener en cuenta que todos los seres humanos somos  iguales en dignidad, sin importar su sexo, color de la piel, creencias, ideologías, culturas…  Otra de las fuentes más importantes del terrorismo es la pobreza extrema y el hambre.  La diversidad cultural es una riqueza. La xenofobia, el odio y el rechazo son intolerables éticamente y constituyen una amenaza para la paz. 

Europa, muy especialmente, debe ser referente en el pleno ejercicio de los derechos humanos. La Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea, del año 2000, es mucho más importante, muchísimo más, que la prima de riesgo. La crisis no es sólo económica. Es sobre todo ética. Es la debacle de un sistema guiado por la codicia y el cortoplacismo. Un sistema que ha sustituido los valores morales por los bursátiles y las Naciones Unidas por grupos plutocráticos. Un sistema que ha sido capaz de invadir a otro país, con miles de muertos, mutilados y desplazados, con argumentaciones falsas, para justificar sus ambiciones geoeconómicas.  Un sistema que no ha sabido movilizar a “los pueblos” para forzar a Putin  a no poner en práctica su intolerable decisión invasora ni responder con millones de voces procedentes de todos los continentes.  

No son los grupos plutocráticos los que solucionarán las amenazas que se ciernen a escala planetaria. Tan difícil misión sólo puede ser desempeñada por unas Naciones Unidas dotadas de los recursos humanos, técnicos y financieros adecuados, que integren a todos los países y sean realmente “los pueblos” quienes “construyan los baluartes de la paz” y aseguren a todos una vida digna.

 Paz a todos. Paz en la Tierra. Este es el más profundo anhelo humano desde el origen de los tiempos, inhacedero por el poder basado en la imposición y en la fuerza.

 Reaccionemos. No sigamos de espectadores impasibles. Levantemos la voz. Millones de voces, para que, de una vez, logremos liberarnos de las colosales amenazas ecológicas y bélicas que ensombrecen hoy el destino común.

 ¡Unidos por la paz y el multilateralismo democrático!

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¿Vuelta a la anormalidad?

martes, 12 de abril de 2022


Al terminar, cuanto antes, el terrible episodio bélico de Ucrania, con una invasión abominable en todos los aspectos decidida por Putin y en la que los interlocutores no han sido la Unión Europea y las Naciones Unidas, ambas inhabilitadas por el veto, sino los militares de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), presidida por los EEUU y empeñada en desplazarse hacia el Este y el Sur….volveremos, si no nos esforzamos en remediarlo, a la anormalidad, porque la gobernanza global de los grupos plutocráticos (G-6,G-7,G-8,G-20), creados al final de la década de los 80 por el presidente Reagan, ha conducido a la confusa y anormal situación actual, con sombríos horizontes ecológicos, sociales, políticos ….de los que debemos ser conscientes.

Conscientes para la acción, para la participación, para no ser más espectadores impasibles sino actores que procuran, con su comportamiento cotidiano, un cambio radical en las tendencias presentes. Desde los años 60 del siglo pasado, diversas instituciones y personas (la UNESCO, el Club de Roma, Aurelio Peccei…) han venido insistiendo en la necesidad de evitar que las actividades humanas pudieran dañar, y hacerlo irreversiblemente como es el caso en los últimos años, el medio ambiente, la naturaleza, la habitabilidad de la tierra.

En 1997, la Academia de Ciencias de los Estados Unidos alertó sobre la excesiva emisión de gases “con efecto invernadero“ y, sobre todo, de la progresiva disminución de su recaptura por la disminución del fitoplancton. Silencio.

En 1992, las Naciones Unidas convocaron en Río de Janeiro la primera gran “Cumbre de la Tierra” en la que se adoptó un documento de gran rigor científico: la Agenda 21. Y silencio. De nuevo se desoyó al multilateralismo democrático.

Diez años más tarde, en 2002, la segunda “Cumbre de la Tierra “se convocó en Johannesburgo, al poco tiempo de la difusión de uno de los documentos-guía que debería incluirse en los estudios de todos los niveles: la “Carta de la Tierra”. Se aprobaron los Objetivos de Desarrollo del Milenio “, recomendándose su inmediata aplicación. Silencio.

Fue necesaria la sabia y oportuna intervención del presidente demócrata Barack Obama quien, en el otoño del año 2015, firmó en París los Acuerdos sobre el Cambio Climático y, dos meses más tarde, suscribió asimismo la Resolución “para transformar el mundo” aprobada por la Asamblea General (Agenda 2030 y ODS).

Por fin, una pausa de esperanza. Por fin, podía preverse una reacción a escala planetaria para hacer frente a los gravísimos retos globales. Pero fue un periodo muy breve… porque, a los pocos meses, la elección del presidente republicano Donald Trump, desvaneció al instante todas las expectativas: el mismo día de su toma de posesión manifestó que no pondría en práctica los Acuerdos de París ni la Agenda 2030. Pensé que aquella total discrepancia con las decisiones de su antecesor sería inmediatamente contrarrestada por la Unión Europea y un número muy relevante de los países que integran las Naciones Unidas. Pero, una vez más, silencio… y seis años más de la gobernanza del “gran dominio” (militar, financiero, energético, mediático, digital). Esta “normalidad” ha sido alterada profundamente en los dos últimos años por la pandemia COVID-19 y, el último mes y medio por la intolerable invasión rusa de Ucrania. La UE con el veto de la unanimidad y las NNUU con el de los cinco vencedores de la II Guerra Mundial, con papeles secundarios y sólo la OTAN protagonista….

La Carta de las Naciones Unidas se inicia con una frase que debemos ahora, conscientes y responsables, adoptar toda la ciudadanía: “Nosotros, los pueblos… hemos resuelto evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra”.

Pero en 1945 los “pueblos” no existían. La inmensa mayoría de los seres humanos nacían, vivían y morían en unos pocos kilómetros cuadrados. Eran temerosos, sumisos, obedientes, silenciosos, bajo un poder absoluto masculino que, invariablemente, ponía en práctica el perverso adagio de “si quieres la paz, prepara la guerra”.

La discriminación era extrema, por razón de género, de ideología, de creencia, de sensibilidad sexual, de etnia… Ahora, por fin, “los pueblos”, todos iguales en dignidad y capaces de expresarse libremente,  ya son una realidad. Ahora, por fin, ya podemos participar activamente  y alzar la voz en grandes clamores populares. Ahora ya podemos. Ahora ya debemos. Ahora es apremiante ser plenamente consciente de los retos globales, algunos irreversibles, que se ciernen sobre la vida humana. Ahora no podemos ser espectadores impasibles de lo que acontece, sino que es preciso actuar con diligencia.

Ahora, deber de memoria, para recordar los diversos conflictos “olvidados y ocultados”: Siria, Libia, Yemen… Ahora, teniendo presentes las indebidas invasiones, bombardeos e incumplimiento de acuerdos con tanto trabajo alcanzados, tenemos que hacer posible, mediante grandes movilizaciones populares, la sustitución de la gobernanza neoliberal plutocrática por un multilateralismo democrático, alcanzado mediante una urgente reforma de las Naciones Unidas, con una Asamblea General que adoptaría una Declaración Universal de la Democracia (a escala personal, local, nacional, regional e internacional) para asegurar que son “los pueblos” y no los oligarcas los que tienen en mano las riendas del destino común.

Ahora un nuevo concepto de seguridad humana que no sólo tenga en cuenta la defensa territorial sino la de quienes habitan estos espacios tan bien protegidos, con las cinco prioridades establecidas por las Naciones Unidas: alimentación, agua potable, servicios sanitarios de calidad, cuidado del medio ambiente y educación para todos durante toda la vida. Ahora, actuar de tal modo que no vuelva a ser “normalidad” la inversión diaria de 4000 millones de dólares en armas y gastos militares, al tiempo que mueren de hambre y extrema pobreza miles de personas… Se duplicará en la Asamblea General el número actual de representantes de los Estados por los de la sociedad civil, sobre la base de una equilibrada proporcionalidad, sin veto. Y se iniciará un proceso de emergencia con la total eliminación de las armas nucleares… y de los paraísos fiscales… y de los incumplimientos fiscales anómalos y delictivos… facilitando en todo el mundo la puesta en práctica de los ODS…

Ha llegado el momento –deber de memoria, delito de silencio- de contribuir a una “normalidad” muy distinta de la anormal situación que ha caracterizado estas últimas décadas. Ha llegado el momento de una “nueva seguridad”… y de inventar un futuro más acorde con las inverosímiles capacidades de la especie humana.

Ahora, “Nosotros, los pueblos”… “compelidos a la rebelión”, como se establece en el tercer párrafo del preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, vamos a transitar de la razón de la fuerza a la fuerza de la razón. Ahora ya podemos, ya sabemos cómo, ya debemos actuar para que nuestros descendientes no deban repetir aquella terrible frase de Albert Camus: “Los despreciamos porque pudiendo no se atrevieron”.

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Guerra en Ucrania: ¿diplomacia con veto?

miércoles, 2 de marzo de 2022

 

Sin disminuir ni un ápice la responsabilidad de Putin, debemos reflexionar, con apremio y firmeza, sobre las causas de esta guerra, de los demás conflictos, de la existencia de armas nucleares, de la gobernanza plutocrática, de amenazas globales potencialmente irreversibles… Debemos preguntarnos por qué Europa, que debía tener un papel cualitativo muy relevante a escala mundial, no ha figurado como interlocutor, absorbida por la OTAN, Organización del Tratado del Atlántico Norte… que se extiende hacia el este y habla en nombre de la ciudadanía europea… Deber de memoria.

Pensar en la razones que condujeron a la Segunda Guerra Mundial -el supremacismo ario, romano y nipón, porque la Sociedad de Naciones había sido desde el mismo inicio abandonada por los Estados Unidos- … Pensar en que ha sido el veto de los vencedores el que ha hecho inoperante el excelente diseño multilateral de Roosevelt en las Naciones Unidas… quedando sin efecto la primera frase de la Carta: “Nosotros, los pueblos, hemos resuelto evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra”…

Acabamos de comprobar la irrelevancia de las Naciones Unidas, porque 196 países están a merced de la voluntad de cinco… Y también la irrelevancia de la Unión Europea, que debe adoptar decisiones por unanimidad, lo que se traduce en 27 vetos, porque la unanimidad es la antítesis de la democracia… Y por ello resulta que no es Europa si no la OTAN la que se expresa en su lugar.

Todas las crisis pueden convertirse en oportunidades de cambio. La crisis actual, originada por la razón de la fuerza, puede convertirse en impulso de un gran movimiento mundial en favor de la fuerza de la razón, de la mediación, de la palabra, de un multilateralismo democrático a escala mundial, que permita, cuando ya se apuran las posibilidades de acción ante amenazas globales irreversibles, la puesta en marcha efectiva de la Agenda 2030 y de los Acuerdos sobre Cambio Climático.

Sí: ahora, por primera vez en la historia, se está consiguiendo el reconocimiento de la igual dignidad de todos los seres humanos, sin discriminación alguna por razón de género, etnia, ideología, creencia, sensibilidad sexual… Ahora, por primera vez en la historia, los seres humanos pueden expresarse libremente, gracias a la tecnología digital y pueden, por tanto, participar, que es la base de la democracia… Ahora, por fin, “Nosotros, los pueblos” podemos, plenamente conocedores de la situación presente y de las tendencias, levantar la voz y cumplir nuestras responsabilidades esenciales con las generaciones venideras… No podemos seguir abducidos por el inmenso poder mediático -“arma de distracción masiva”, según acertada definición y advertencia de Soledad Gallego-. Nunca más espectadores, sino actores para la gran transición desde una cultura de imposición, dominio, violencia y guerra a una cultura de encuentro, diálogo, conciliación, alianza y paz.

Deber de memoria para la acción resuelta. Delito de silencio. Ha llegado el momento de una gran coalición global, liderada por las mujeres y la juventud, en favor de la paz y la no violencia, de la resolución de los conflictos en el contexto de un multilateralismo democrático que desplace la gobernanza de los G6, G7, G8 y G 20.

Coalición mundial para la gran transformación de la fuerza a la palabra, reformando a las Naciones Unidas mediante una nueva composición de la Asamblea General, que incluiría de verdad a “los pueblos” con un 50 % de representantes de la sociedad civil, que se añadirían a los representantes (el otro 50 %) de los Estados, y donde el veto sería sustituido por porcentajes bien ponderados y equilibrados…

“Nosotros, los pueblos“ para, ahora sí, poder mirar a los ojos de nuestros descendientes y decirles que no les dejaremos un planeta con la habitabilidad deteriorada; que las ojivas nucleares serán inmediatamente eliminadas; que los paraísos fiscales desaparecerán y los ingentes medios dedicados hoy a la defensa territorial también tendrán en cuenta la seguridad humana-alimentación, agua, salud, educación, cuidado del medio ambiente-de quienes habitan estos territorios tan bien protegidos…

Para estas impostergables transformaciones es ineludible erradicar la imposición y sembrar la democracia: democracia a escala personal, local, nacional, regional e internacional. Igual que en 1948 las Naciones Unidas aprobaron la Declaración Universal de Derechos Humanos, las nuevas Naciones Unidas podrían adoptar una Declaración Universal de Democracia ([1]) para abordar y resolver los problemas de la nueva era.

La decisión de Putin en primerísimo lugar, pero teniendo en cuenta también otras cosas que debemos lamentar y reconducir del conflicto de Ucrania. Podemos convertirlas en oportunidad de cambio si, plenamente conscientes de lo que ha acaecido en el pasado, nos disponemos a cambiar con diligencia para ser, ¡por fin!, “Nosotros, los pueblos” los que tomemos en mano las riendas del destino común.

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Democracia, la única solución

lunes, 31 de enero de 2022

“Sólo conseguiremos alcanzar un orden internacional
 pacífico promoviendo la “democracia”.
Fernando Vallespín
“El País”, 23 de enero de 2022.

 

El pilar fundamental de todos los derechos humanos es la igual dignidad. Así lo corrobora la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea del año 2000 que, al parecer, no han leído atentamente la mayoría de los actuales líderes europeos. En 1945, al término de una guerra horrenda, con el empleo de los más abominables métodos de exterminio, se fundaron las Naciones Unidas –“Nosotros, los pueblos…”- y, unos meses más tarde, la UNESCO, cuya Constitución establece que son los “principios democráticos” –justicia, igual dignidad, libertad y solidaridad- los que deben guiar la gobernación, y que la educación consiste en contribuir a la formación de personas “libres y responsables”. Personas educadas, es decir, que actúan en virtud de sus propias reflexiones y no al dictado de nadie, ni atenazadas y atemorizadas por dogmas, amenazas, ciegas obediencias…

Es esencial la educación para una ciudadanía “libre y responsable” que, como se establece en el primer párrafo del preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, “se libere del miedo”. De súbditos a ciudadanos plenos. Personas capaces de hacer pleno uso de las facultades creadoras distintivas de la especie humana, capaces de inventar su futuro, que nunca debe ser aceptado como irreversible. El fatalismo y el dogmatismo deben erradicarse para volar alto, sin adherencias ni lastres en las alas, en el espacio infinito del espíritu.

Se ha logrado de forma progresiva igual dignidad de todos los seres humanos pero sigue existiendo una hegemonía a escala mundial de grandes oligopolios y del complejo bélico industrial.

Hasta hace muy pocos años, la humanidad ha estado siempre  dominada y amaestrada por un poder absoluto masculino. Unos cuantos hombres han llevado las riendas del destino común. Hemos sido espectadores impasibles, no actores; receptores de información con frecuencia  sesgada, y no emisores; testigos temerosos de intervenir. Silenciados,  silenciosos. Confinados territorial e intelectualmente, los seres humanos han vivido sometidos, hasta el punto que tener que ofrecer su propia vida a los designios del poder. Sin discusión posible.

Ahora, desde hace unas décadas, progresivamente, “Nosotros, los pueblos”, ya hombre y mujer en pie de igualdad, podemos manifestarnos, protestar y proponer.  Estamos frente a transiciones múltiples y urgentes que, por primera vez en la historia, pueden ser abordados con posibilidades de éxito: conciencia global, libre expresión y, en particular, un porcentaje progresivamente mayor de mujeres en la toma de decisiones.

La solución es una democracia auténtica a escala personal, local, nacional, regional e internacional. Es por ello que es indispensable  que se produzca rápidamente una refundación del Sistema de las Naciones Unidas y la inmediata eliminación de los G7, G8 y G20… Uno de los peores presagios que hoy nos acucia es el retorno del racismo, de la xenofobia. He escrito en varias ocasiones  -pensando en los años 1936 a 1939, en particular- que el supremacismo genera odio y confrontación. Y mata. Por eso he reclamado tolerancia cero y ser actores -no espectadores impasibles distraídos por el inmenso poder mediático- porque "mañana puede ser tarde". Es preocupante ver  cómo germinan aquí y allá semillas de supremacismo, de racismo, de fanatismo, de dogmatismo… sin que nadie parezca acordarse de un pasado no tan lejano…  No podemos ni debemos tolerar que broten de nuevo estas lacras, porque son la mayor fuente de enfrentamientos, el mayor responsable de víctimas a lo largo de la historia, de una historia que no debe repetirse. Todos los seres humanos iguales en dignidad, es el  principio de la justicia y de la paz.

Frente a la deriva neoliberal hacia las mismas actitudes de los años treinta del siglo pasado, sólo  una gran movilización popular presencial y en el ciberespacio podría eliminar los grupos plutocráticos y reforzar a las Naciones Unidas, la genuina Organización multilateral, cuya Carta se inicia, tan acertadamente, con “Nosotros,  los pueblos…”. En las perspectivas actuales de diversa índole (ética, política, económica) sería una excelente noticia la diligente refundación de un Sistema de Naciones Unidas dotado de los medios personales, técnicos y financieros necesarios.

Ciudadanos implicados, comprometidos, que no se dejan amilanar, que saben superar el miedo que tantas voluntades atenaza, podrían hacer posible, mediante un “movimiento global”, una Asamblea General de las Naciones Unidas reforzada rápidamente con el 50% de la sociedad civil, que adoptara acto seguido una Declaración Universal de la Democracia (https://declaraciondemocracia.wordpress.com/ ). La democracia es el único contexto en el que es posible imaginar el “nuevo comienzo”, la nueva era de un mundo en el cual la gobernanza sea inspirada por la justicia, la igualdad, la libertad y la solidaridad, en suma, por los “principios democráticos” que tan lúcidamente establece la Constitución de la UNESCO, en lugar de los mercados, del gran dominio militar, energético, financiero y mediático que en estos momentos intenta todavía ejercer, a través del “gran dominio”, sus ambiciones de poder, que tantos resultados negativos han conllevado.

Hoy es posible, por primera vez en la historia, la participación no presencial gracias a la moderna tecnología de comunicación.

Pongamos en práctica sin nueva demora la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Exijamos todos que 2022 sea el principio de la reducción del armamentismo, de la cultura de la fuerza y la violencia, en  favor de la cultura del  encuentro, de la conciliación, del diálogo.

El tiempo del silencio ha concluido. Deber de memoria y deber de acción: puesta en práctica de la Agenda 2030 y los ODS, para contener todavía la degradación ecológica, cuyas manifestaciones están aumentando en intensidad y frecuencia; rápida concertación a escala mundial para la eliminación de las armas nucleares; inmediata regulación de las organizaciones militares que representan en realidad la hegemonía a escala mundial de algunos países, así como de las inmensas redes de bases militares en todo el mundo; control del tráfico y consumo de drogas ilegales; eliminación de los paraísos fiscales y de los grupos plutocráticos…; nuevo concepto de seguridad “humana”, de tal forma que los habitantes de los territorios tan bien “protegidos” por los mecanismos de defensa, tengan acceso a las cinco prioridades de las Naciones Unidas: alimentación, agua potable, servicio de salud de calidad, cuidado del medio ambiente y educación para todos a lo largo de toda la vida;  fomento de la ciencia y del consejo de quienes poseen los conocimientos adecuados; incremento de las medidas preventivas, especialmente de índole sanitaria, facilitando, como ejemplo inmediato, la vacunación de todos y no sólo de los habitantes de los países más prósperos;  asegurar la independencia de la justicia; implicación personal para inventar el futuro y, con indomable resiliencia, no aceptar nunca más imposiciones, dogmatismo, supremacismo... Cada ser humano único capaz de crear, nuestra esperanza.

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Urgente cambio de gobernanza mundial

martes, 4 de enero de 2022

                                                                                                                           Deber de memoria. Memoria del olvido. Deber de acción y de palabra.

Delito de silencio.

Los inicios del año 2022 exigen una especialísima reflexión y la adopción de decisiones sin ulterior demora. El 2021 ha sido extraordinariamente denso en acontecimientos y tendencias que deben recordarse y corregirse antes de que se alcancen puntos de no retorno. Por primera vez en la historia, algunas de las amenazas a escala global son de naturaleza irreversible y, ya en el antropoceno, podría afectarse la propia habitabilidad de la Tierra si, una vez más, olvidamos lo acordado e incumplimos nuestras supremas responsabilidades intergeneracionales.

Hasta hace muy poco, no sabíamos lo que sucedía en el mundo y no podíamos expresarnos. Además, una secular discriminación no nos permitía actuar conjuntamente. Cuando en 1945 las Naciones Unidas creadas por Roosevelt ofrecían un nuevo marco multilateral muy bien diseñado, la razón de la fuerza volvió a imponerse sobre la fuerza de la razón y  las armas prevalecieron una vez más sobre las palabras. “Nosotros, los pueblos”, protagonistas de la primera frase de la Carta de las Naciones Unidas, no existían en aquel momento y  la Asamblea General se hallaba integrada por representantes-siempre varones-de los Estados… Hasta hace tres décadas, el 90 % de los seres humanos nacían, vivían y morían en unos pocos kilómetros cuadrados, dominados por el poder absoluto masculino. Eran temerosos, silenciosos, desiguales, obedientes, sumisos… Ahora, cuando más apremiante era, los pueblos pueden, por fin, participar y activamente -es decir, vivir democráticamente- porque, gracias en buena medida a la tecnología digital, pueden expresarse libremente. Y a todos, progresivamente, se les ha reconocido -es la gran victoria reciente de la humanidad- igual dignidad.

Al recordar los grandes rasgos del año 2021 -gobernanza neoliberal plutocrática, pandemia, cambio climático, emigración, hambre y extrema pobreza… -  debemos ser conscientes de que, después de guardar silencio desde el origen de los tiempos, ha llegado el momento del multilateralismo democrático gracias a la participación ciudadana. Ya no serán las bases militares y los costosísimos artilugios bélicos los que confieran seguridad a nuestras vidas sino las nuevas soluciones que las Naciones Unidas debidamente reformadas -con una Asamblea General sin veto pero con voto ponderado e integrada, ahora sí, por “Nosotros, los pueblos “, por la sociedad civil junto a los representantes de los gobiernos- permitan, según la sabia recomendación del profesor José Luis Sampedro”, cambiar de rumbo y nave".

Para asegurar la participación ciudadana es imprescindible que todos seamos conscientes de los retos presentes y de la forma de hacerles frente. Tener “memoria del olvido“ y, todos unidos, todos iguales, todos conscientes, participemos activamente, sabiendo siempre proceder de tal manera que sea la inteligencia humana la que dirija a la “artificial “y no al revés. Esta ciudadanía “advertida y diligente” será capaz de cumplir en estas cruciales circunstancias el propósito de “los pueblos“ en 1945: “evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra”… el horror de un planeta desvencijado, el horror de una minoría de formidables consorcios mercantiles llevando al  mundo en su conjunto hacia el abismo… A este respecto, es procedente recordar a Aurelio Peccei cuando, en la década de los 60, con tanta anticipación como sabiduría, vigía del futuro, alertaba ya sobre “el abismo frente a nosotros” (“The chasm ahead”).  Y, con él, a todos los que desde entonces han reiterado en múltiples ocasiones alertas y advertencias, siempre desoídas. El papel de las comunidades científica, académica, artística, intelectual… se incrementa en estos momentos, en los que ya son muchos los “pueblos“ que se dan cuenta de que ha llegado el momento de atender sus llamamientos y no los del “mercado”…. La UNESCO, la Academia de Ciencias de los Estados Unidos, las “Cumbres de la Tierra “(Río en 1992; Johannesburgo en 2002…)… han sido invariablemente desatendidas por las ambiciones hegemónicas de quienes, desde la década de los 80, se integraron en grupos plutocráticos (G6 ,G7,G8,G20).

Con el Presidente Obama en la Casa Blanca fue posible alcanzar, en aquel luminoso otoño de 2015, los Acuerdos de París sobre el Cambio Climático y la Resolución de las Naciones Unidas  “para transformar el mundo”, sobre la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Pero -insisto en ello- cuando al cabo de unos meses Donald Trump impuso de nuevo la hegemonía de Estados Unidos y anunció sin ambages que no pondría en práctica los acuerdos suscritos por su antecesor, silencio. Silencio en el mundo. Silencio en la Unión Europea….porque, entre tanto, su capacidad de acción había decrecido sustancialmente, al exigirse la unanimidad en la toma de algunas decisiones muy relevantes… ¡y la unanimidad es la antítesis de la democracia!

Para procurar el apremiante cambio de gobernanza mundial y promover las Naciones Unidas que ya he comentado sucintamente, su primer acto solemne debería ser la adopción de una Declaración Universal de Democracia , puesto que  -esta es la gran convicción como premisa-  sólo la democracia genuina a todos los niveles (local, nacional, regional y global) podría resolver los actuales desaguisados hacia un porvenir a la altura de las inverosímiles facultades que distinguen a la especie humana: pensar, imaginar, anticiparse, innovar, ¡crear! Cada ser humano único capaz de crear, de inventar, nuestra esperanza.

Deber de memoria… y delito -ahora que ya podemos, y por tanto debemos, expresarnos- de silencio. Memoria de los migrantes de países con recursos naturales abundantes… pero que son explotados por oligopolios internacionales… Hace tan sólo tres días, el 28 de diciembre de 2021, la prensa comunicó que 188 emigrantes habían fallecido ahogados en la costa Libia… ¡Libia! Cuánto importan  las riquezas del suelo y subsuelo libios…y qué poco los habitantes de esta tierra… Y memoria de Yemen, con más del 70 %de su población viviendo en pobreza extrema, dejada “al cuidado” del gran poder económico saudí… Y no olvidar sobre todo a los sirios después de siete años de padecimientos sin límites por una guerra que no son capaces de detener quienes deberían haberla evitado o solucionarla en un contexto de mediación multilateral… Y memoria de Afganistán… Y de tantos países africanos -África, fuente de sabiduría y solidaridad humanas-… Y memoria de Haití, país que debería ser tenido permanentemente en cuenta porque , después de padecimientos de toda índole, ”ha agotado las lágrimas“, según publicaba “El País “del 22 de agosto… Memoria de las pretéritas consecuencias del supremacismo en Europa y Asia, para impedir que se repitan intolerables acciones como la invasión de Irak…o la “Operación Cóndor” en América Latina… que abrieron heridas de difícil sutura… Deber especial de memoria para resolver de una vez la convivencia entre palestinos e israelíes. En junio de 1995, con Yasser Arafat e Isaac Rabin se alcanzó el acuerdo… truncado acto seguido por el asesinato del Primer Ministro…   Memoria de las autocracias que en múltiples países permiten una gobernación corrupta, con narcotráfico y abusos inadmisibles de poder… Memoria del asalto al Capitolio de los Estados Unidos… Memoria constante de la naturaleza agraviada… Memoria del polo Ártico que, al fundirse, libera gas metano con un efecto ecológico muy superior al anhídrido carbónico… Y no olvidar los inmensos gastos de defensa cuando los habitantes de estos territorios tan bien protegidos pasan, con frecuencia, hambre y viven en condiciones de gran precariedad… No me canso de repetir que es intolerable que cada día se inviertan en armas y gastos militares más de 4000 millones de dólares al tiempo que mueren de inanición miles de personas, la mayoría niñas y niños de uno a cinco años de edad…

Debe aplicarse sin dilación un nuevo concepto de seguridad que permita disponer a la ciudadanía de mayores medios de todo orden ante catástrofes naturales, afecciones sanitarias… teniendo siempre en cuenta las cinco prioridades de las Naciones Unidas: alimentación, agua potable, servicios de salud de calidad, cuidado del medio ambiente y educación a lo largo de toda la vida… Deber de memoria de más de 4000 feminicidios en 2020 en América Latina, según se presentó en un artículo publicado en Other News el 25 de noviembre de 2021… Deber de memoria de la reciente auténtica “estafa” de Glasgow COP 26, donde resultó que los “compromisos” alcanzados no eran ¡“vinculantes”! (y, por tanto, no eran “compromisos”).  Sin embargo, se hizo público sólo a las 48 horas que era necesaria la ampliación “por razones geoestratégicas y defensivas”, de la capacidad de acción de la OTAN… ¡Como siempre! Como siempre, el lenguaje de las armas, de la fuerza, de la cultura de guerra en lugar de la cultura del encuentro, del diálogo, la conciliación, la palabra, la paz. Frente al autoritarismo, multilateralismo democrático…

Deber de memoria de quienes, contraviniendo derechos humanos esenciales del prójimo, no han querido vacunarse, actuando en contra también de las recomendaciones científicas. Pero deber de memoria, en particular, de aquellos que no se han podido vacunar por la reprobable codicia de los más prósperos.  Ahora, sabiendo lo que pasa en la Tierra en su conjunto, debemos ir a la raíces de los problemas… y no consentir por más tiempo una brecha social en la que fermentan tantos quebrantos que no pueden solucionarse por la fuerza sino por la palabra y la justicia.

Deber de memoria para no volver a la “normalidad pre-pandémica”, con botellones inverosímiles, altamente infecciosos… No volver a la globalización de la ignorancia, con miles de personas actuando irresponsablemente en lugar de, conscientes de su esencial  papel en la reconducción de la situación ecológica y social, disponerse a participar activamente… Si “volver a la normalidad” es volver a una gobernanza plutocrática, a los designios de inmensos consorcios omnipresentes  y omnipotentes, se agudizarían todavía los desafíos actuales a escala global. Hace unos años no teníamos pautas de conducta a seguir. Ahora sí: la Agenda 2030 y los ODS… Y al Presidente demócrata Joe Biden en la Casa Blanca.

¡Si al menos los super ricos abonaran los impuestos que les corresponden! Hace poco me impactó la noticia de que en España los 2/3 de las fortunas superiores a 30 millones de euros no pagaran impuestos de patrimonio… Todos iguales  -el supremacismo y el racismo deben ser inexistentes en el futuro-, todos juntos, alcemos la voz y  participemos en la reconstrucción, en la invención del futuro que debemos a las generaciones que llegan a un paso de la nuestra… La frase de Albert Camus “les desprecio, porque pudiendo tanto se atrevieron a tan poco”, me alienta, más que nunca en el pasado, a actuar con apremio. Hoy sería imperdonable que nuestros descendientes pudieran reprobarnos no haber estado debidamente preparados ante los retos, algunos de carácter irreversible, que enfrentamos en estos tiempos.

“El deber supremo es seguir”, advirtió Pedro Salinas. Sí: sólo se fracasa cuando se deja de intentar.  Vamos a transformar el mundo, según el título de la resolución de las Naciones Unidas sobre la Agenda 2030 y los ODS. Deber de memoria. Deber de acción. Delito de silencio.


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