Decir que no. Clamor popular
miércoles, 21 de mayo de 2014
“La marea virtual” y las próximas elecciones. Ciudadanos “libres y responsables”
miércoles, 18 de mayo de 2011
Así es como la Constitución de la UNESCO, en su artículo primero, define a los seres humanos educados. Liberados del miedo, de la superstición, de la ignorancia y de la altanería, y responsables, conocedores de la realidad, para actuar solidariamente con las generaciones presentes y las venideras, para no dejarse embaucar ni distraer, para comportarse en virtud de las propias reflexiones. Para ser –debo insistir en ello- ciudadanos y no súbditos, actores y no espectadores.
Pues bien: desde hace años hemos venido insistiendo en la importancia, para la consolidación de la democracia, de la participación ciudadana, de tal manera que, además de ser contados en los comicios electorales, en las urnas, seamos tenidos en cuenta por los gobernantes, ya que en esto consiste, precisamente, la genuina democracia: tener en cuenta constantemente a los ciudadanos y no sólo contarlos por los votos emitidos cada x años. Votar, votar, desde luego, para cumplir con un deber cívico esencial y procurar que los parlamentos y gobiernos reflejen fielmente la voluntad de los ciudadanos, sin imposiciones partidistas. Pero, sobre todo, ir construyendo la “nueva ciudadanía”, la que opina constantemente a través del ciberespacio, la que, por fin, puede expresarse sin cortapisas, abiertamente.
Hacía años que se veía venir, pero todos los avisos han sido, como ocurre normalmente, desoídos. El impacto de la participación virtual hubiera debido alertar a los políticos y orientar a la sociedad civil, que vivía el amanecer del poder ciudadano. Demasiado preocupados por el acoso del mercado los primeros, y los segundos distraídos en demasía por el inmenso poder mediático, no se han dado cuenta del nuevo mundo virtual en el que nos hallamos hasta que la marea llega a sus puertas.
Se ha llamado “primavera árabe” o “revuelta democrática árabe” a lo que, en realidad, era el principio de una “primavera” mundial, de un nuevo comienzo, que debe ser pacífico, que debe procurar que la voz ciudadana se escuche a escala municipal, regional, nacional, mundial. Escucharles, entenderles, atenderles…
Las instituciones democráticas genuinas –todo poder emana del pueblo- deben alegrarse de esta nueva capacidad de participación, de tal forma que la vida parlamentaria, la palabra, sea el gran fundamento del otro mundo posible en el que soñábamos… y que ahora está convirtiéndose en realidad.
Así mismo, a nivel planetario unas Naciones Unidas refundadas, con amplia participación popular (“Nosotros, los pueblos…”) y unos Consejos de Seguridad que extiendan sus atribuciones al ámbito medioambiental y económico, de tal forma que cumplamos el compromiso supremo intergeneracional, dejando un legado apropiado a nuestros descendientes.
Marea virtual… “ciudadanos libres y responsables”… evolución serena pero firme mediante acciones concretas y apremiantes –eliminación de los grupos plutocráticos (G8, G20…), regulación de los flujos financieros y cancelación inmediata de los paraísos fiscales; restablecimiento de la acción política solvente, evitando la prevalencia y acoso de los mercados; justicia social….-. Todo ello permitirá en breve plazo superar la crisis sistémica que estamos enfrentando, de tal modo que –vale la pena repetirlo- no se trate tan sólo de una época de cambio sino de un cambio de época.
"Es tiempo de alzarse" (José Ángel Valente)
miércoles, 15 de septiembre de 2010
Es tiempo de acción, de resistencia activa. Como el gran Mario Benedetti recomendaba a su hijo: "Hijo, / no te rindas, / por favor, no cedas. /... Porque cada día es un comienzo nuevo".
¡No rendirse! Ahora, más que nunca, porque el cambio ahora es posible. Porque el poder ciudadano puede mostrarse gracias a la moderna tecnología de la comunicación, que nos permite la participación no presencial. Porque somos más, muchos más cada día, los que no queremos seguir de espectadores impasibles, pusilánimes, amedrentados y queremos decir "¡basta"! a un sistema económico basado en la codicia, en la especulación, en la guerra, que ha llevado al mundo a una profunda crisis múltiple (financiera, democrática, ética, medioambiental, alimentaria...).
El inmenso poder mediático del "entretenimiento masivo" nos tiene distraídos, adormilados... sin prestar atención a los grandes problemas y desafíos globales y locales que tenemos que enfrentar. Y siguen los paraísos fiscales; y siguen los tráficos de toda índole; y sigue la explotación de los recursos naturales en los países "en vías de desarrollo"; y sigue la degradación del medio ambiente; y, armados hasta los dientes los más prósperos, siguen sin disponer de la tecnología ni el personal adecuados para hacer frente a las catástrofes naturales (inundaciones, incendios, huracanes, terremotos...); y sigue un grupo de plutócratas pretendiendo dirigir el mundo, en lugar de reforzar a las Naciones Unidas y volver a emplazar los valores y la justicia social en el centro de la acción política.
Por primera vez, en muy pocos años, la influencia de la "voz ciudadana" expresada libremente por los SMS y el Internet, establecerá unas pautas para la auténtica democracia, que ya no se reducirá a las urnas.
Sí, ha llegado el momento de la acción, de no guardar silencio, de movilizarnos.
Por eso es crucial no rendirse.
Por eso es crucial seguir, como en los versos de Pedro Salinas en "Todo más claro": "Cuando el hombre cansado... / para, / traiciona el mundo, porque ceja / en su deber supremo, que es seguir...".
Y añadía: "Seguimos temblando de futuro". ¡Sí, iremos temblando de futuro porque -me gusta repetirlo- el por-venir está por-hacer!
Adolfo Pérez Esquivel decía que la resistencia en estos momentos es más importante que nunca. Sigamos su consejo.
A vuela pluma (V) REBELIÓN EN EL CIBERESPACIO
jueves, 25 de marzo de 2010
I
Hasta ahora era muy difícil para los ciudadanos expresar su opinión sin cortapisas. Las urnas -que ya es mucho- se están quedando en poco. La cantidad inmensa de información disponible, procedente de todo el mundo y en tiempo real, no puede amilanarnos y reducirnos a la condición de receptores impasibles.
La participación de la gente tendrá lugar en el ciberespacio. Millones y millones de personas expondrán sus puntos de vista. Es decir, serán ciudadanos de las nuevas democracias en las que el poder emanará realmente del pueblo, como proclama el artículo 21/3 de la Declaración Universal.
Mejor prevenir que remediar. Estén atentos los poderes actuales, tan atareados en los temas de siempre, intentando convencer a los de siempre que ya no valen las fórmulas de siempre, que los caminos del mañana empezarán a ser trazados por muchedumbres en el ciberespacio. Sí, el gran cambio se avecina. El tiempo del silencio ciudadano ha concluido. Empieza la hora de la gente. De la nueva democracia a escala global y planetaria.
Celebrar la caída del Muro y lamentar 20 años perdidos
lunes, 16 de noviembre de 2009
En memoria del Prof. Roberto Marco que tuvo la valentía
de mirar resueltamente hacia adelante
En 1989, con el hundimiento del Muro de Berlín y el fin de la carrera armamentista entre las superpotencias, todo el mundo estaba lleno de esperanza, confiando en poder disfrutar pronto de los “dividendos de la paz”. No habría más inversión en armamentos y llegaría al fin la posibilidad de reducir la pobreza y promover un desarrollo generalizado.
Pero en ese momento fue cuando se tomó una decisión muy negativa. Se decidió, por los países más prósperos del mundo, que la economía sería guiada por el mercado. Fue un tremendo error. El mercado está bien para las empresas, para las transacciones y para el comercio. Pero son la justicia social, la libertad, la igualdad y la solidaridad los valores conductores indesplazables. Esos son los principios que debemos promover, porque aunque los empresarios sepan cómo hacer negocios, se mueven en un terreno que hay que regular. Esa es la responsabilidad del Estado. No podemos olvidar que, en un contexto democrático, el Estado debe ser la voz de los ciudadanos. El gran poeta Antonio Machado escribió un pequeño pero profundo verso que dice que “es de necio confundir valor y precio”. Fueron necios.
Ahora nos enfrentamos a una enorme crisis, financiera pero sobre todo, una crisis ética, de valores morales y de derechos humanos. También una crisis medioambiental y alimentaria. En este momento invertimos tres mil millones de dólares al día en armamento mientras sesenta mil personas –no me canso de repetirlo- mueren de hambre, de los cuales treinta y cinco mil son niños. ¿Cómo podemos conciliar el sueño si sabemos que cada día se está produciendo este horrendo genocidio silencioso? ¿Cómo podemos permanecer en esta parte privilegiada del mundo, de la aldea global, como a menudo se la denomina, cuando la mayoría de sus habitantes se encuentra sobreviviendo en condiciones de gran precariedad?
Hace diez años, al fijar los Objetivos del Milenio, nos dijeron que no había dinero para luchar contra la pobreza. Los mismos que invierten en armas ingentes cantidades dijeron que no había medios para alimentar a los más de mil millones de personas del mundo que necesitan comida, o para tratar a los que mueren a diario en África por el SIDA. Sin embargo, de repente, aparecieron centenares de miles de millones para “rescatar” a las mismas instituciones financieras que llevaron a esta situación. ¿Qué significa esto? Hay muchos sectores vulnerables en la sociedad, por todo el mundo, que viven en la pobreza extrema. Ahora ha llegado el momento de cambiar esta situación, mediante una gran movilización ciudadana.
Para ello es indispensable que exista el convencimiento de que el cambio es posible. –“Podemos”, como ha dicho el Presidente Obama-. Podemos inventar el futuro, podemos encontrar soluciones para los grandes retos. Si “imposibles” de ayer son hoy posibles, de la misma forma somos capaces de conseguir que los imposibles de hoy sean realidad mañana.
Hemos perdido 20 años. Los “globalizadores”, en lugar de fomentar la cooperación internacional, incrementaron los gastos militares, debilitaron a las Naciones Unidas y favorecieron que las riendas del destino mundial estuvieran en muy pocas manos, convirtiendo la “democracia” a escala mundial del Sistema de Naciones Unidas en una “plutocracia” (G-7, G-8, G-20,…) que, incapaz de controlar una economía desbocada y progresivamente especulativa, condujo –ante la impasible actitud del Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional- a una gran crisis múltiple.
Tenemos la responsabilidad de cambiar. Ahora, por primera vez en la historia, tenemos la posibilidad de participar de forma no presencial. Esto es algo que consolidará
De la fuerza a la palabra
lunes, 29 de junio de 2009
Estos son los elementos fundamentales para hacer posible el cambio radical que es exigible: conocimiento de la realidad a escala global, lo que permite comparar –una de las principales bases éticas- para apreciar lo que tenemos y conocer nuestras carencias y las de los demás; progresivo porcentaje de mujeres en la toma de decisiones (no llega al 7% en la sociedad actual, todavía con un gran predominio de poder masculino); y capacidad de participación no presencial, por primera vez en la historia, gracias a las modernas tecnologías de la comunicación (SMS, Internet).
Ya no hay excusas para permanecer callados. El tiempo del silencio ha concluido. El poder ciudadano, bien utilizado, podrá ahora expresarse sin cortapisas y no admitir pasivamente lo inadmisible.
De la fuerza a la palabra.
De la insoportable levedad –parafraseando a Kundera- de muchas democracias actuales a democracias con amplia y constante implicación ciudadana.
De la plutocracia representada por los G7, G8, G20… al multilateralismo eficiente, con el Sistema de las Naciones Unidas refundadas a escala mundial.
Los diagnósticos ya están hechos en la mayor parte de los casos. Ahora es tiempo de acción.
Es tiempo de resituar la justicia social y los Derechos Humanos en el centro de las políticas económicas del que fueron erróneamente desplazados por las leyes del mercado, con el lamentable resultado que las crisis actuales –financiera, medioambiental, alimenticia, democrática, ética- reflejan.
Es tiempo de transitar urgentemente desde una economía de guerra (3.000.000 de dólares al día, mientras mueren 60.000 personas de hambre) a una economía de desarrollo sostenible global (energías renovables, alimentos, agua, salud, vivienda).
Es, en suma, el momento, que no debemos desaprovechar, de un nuevo comienzo.