Inaplazable, un nuevo comienzo

viernes, 2 de septiembre de 2022

 “Tendremos la capacidad de lograr el mundo que deseamos si tenemos el valor de emprender un nuevo comienzo”-  Barack. H.Obama, El Cairo, 4 . 06. 2009.

Ha llegado el momento. La cultura de guerra, la economía de guerra, el dominio hegemónico de los “globalizadores” ha fracasado estrepitosamente, a qué precio de sufrimientos, hambre, pobreza extrema, desgarros sociales…. Es preciso un “nuevo comienzo”.

“No hay caminos para la paz; la paz es el camino”, nos recordó el Mahatma Ghandi. Un camino guiado por principios y valores. Por la justicia en primer lugar. La paz es, a la vez, condición y resultado, semilla y fruto. Es necesario identificar las causas de los conflictos para poder prevenirlos. Evitar es la mayor victoria. Por ello, es indispensable disponer de unas Naciones Unidas que, con los adecuados recursos humanos y materiales, pueda llevar a cabo la misión que se le encomendó en San Francisco en 1945: “Nosotros los pueblos, hemos resuelto evitar a nuestros descendientes el horror de la guerra”.

Ha llegado el momento de alzar la voz con tanta serenidad como firmeza. Ha llegado el momento de la emancipación ciudadana, de los pueblos libres. Con la violencia no se nace, se hace. Se genera particularmente con los ejemplos cotidianos, que por desgracia menudean en el entorno existencial, y por el aprendizaje de la historia, contada normalmente como un rosario interminable de conflictos y batallas. Nos hemos preparado para la guerra… y hemos hecho, lógicamente, aquello para lo que estábamos preparados. Ahora, está claro que queremos, en estos albores de siglo y de milenio, cambiar radicalmente de actitud y de pauta: “Si quieres la paz, contribuye a construirla con tu comportamiento cotidiano”.

En 1945, “Nosotros, los pueblos” no existían.  Ahora, por fin, todos los seres humanos iguales en dignidad y capaces de expresarse libremente, es posible esclarecer los horizontes hoy tan sombríos. Ahora, por fin, podemos. Ahora, debemos.

Vamos,  con coraje y lucidez, a cambiar de estilo de vida, de prioridades. La voz de la gente, de millones de personas, debe alzarse ahora para estos cambios.  Es necesaria  una gran movilización en las redes sociales. No seamos más espectadores impasibles. La indiferencia equivale a complicidad.

En un mundo “globalizado” a favor de una minoría que caracteriza la situación actual a escala mundial, la sociedad civil tiene que desempeñar un papel crucial, potenciando la educación y la formación  para un  desarrollo global sostenible y humano, que permita participar a escala local, nacional y mundial,  y unir  las voces de todos  para conseguir  que las responsabilidades intergeneracionales sean tenidas en cuenta… antes de que sea tarde. Y desvivirnos unos por los otros, porque seremos todos conscientes del prodigio que representa cada vida humana: capaces de crear, de inventar el por-venir en el que han soñado tantas generaciones, situando el amor en el centro de todas las brújulas, ya que ha sido su ausencia la principal responsable de tantos episodios tristes, trágicos e inhumanos del pasado.

No son los grupos plutocráticos los que solucionarán las amenazas que se ciernen a escala planetaria. Tan difícil misión sólo puede ser desempeñada por unas Naciones Unidas dotadas de los recursos humanos, técnicos y financieros adecuados, que integren a todos los países y sean realmente “los pueblos” quienes “construyan los baluartes de la paz” y aseguren a todos una vida digna.En el antropoceno, enfrentados a procesos potencialmente irreversibles, debemos tener muy presente nuestro deber supremo: el cuidado de quienes llegan a un paso de nosotros. Traicionarlos constituiría un terrible error histórico.
La igual dignidad humana –hay que repetirlo para que quede bien grabado-  constituye el punto de referencia ético de unos principios democráticos que permitan “asegurar el respeto universal a la justicia, a la ley, a los Derechos Humanos y a las libertades fundamentales que, sin distinción de raza, sexo, idioma o religión, la Carta de las Naciones Unidas reconoce a todos los pueblos del mundo”.

En 1972, Universe Books, de New York, publicaba el libro Los límites del crecimiento, informe al Club de Roma, realizado por Donella H. Meadows, Dennis L. Meadows, Jorgen Randers y William W. Behrems. Estaba dedicado “al Dr. Aurelio Peccei, cuyo profundo compromiso con la humanidad nos ha inspirado, al igual que a otros muchos, a reflexionar acerca de los problemas del mundo a largo plazo.

La mejor solución –aunque tengamos que sobreponernos a la inmensa inercia de quienes se aferran al perverso adagio de “si quieres la paz, prepara la guerra”-  es el desarme (incluido, desde luego, el nuclear), aplicando una parte razonable de los colosales medios dedicados a la seguridad territorial al  desarrollo de todos los pueblos, de tal modo que se haga realidad la igual dignidad y calidad de vida en todos ellos.

Insisto, como científico, en que debe destacarse y transmitir a la ciudadanía la posible irreversibilidad de múltiples amenazas actuales. En efecto, pueden alcanzarse puntos de no retorno, lo que advierte severamente sobre la responsabilidad de los gobernantes, en las distintas escalas, para no aplazar la adopción de decisiones que pueden prevenir a tiempo situaciones ya insolubles después. Me gusta repetir que se trata de la “ética del tiempo”, que hace especialmente importante la acción de anticipación, una de las cualidades distintivas de la humanidad, la prevención. Saber para prever, prever para prevenir. Hoy más que nunca es necesario tener en cuenta también esta función de la comunidad científica y académica, al lado, nunca sometida, de los decisores.
Debemos a los jóvenes un legado mejor del que ahora se adivina, y haremos todo lo posible para alcanzarlo. Pero son los jóvenes y los niños de hoy los que deben prepararse para proseguir sin cesar, sin cejar, la labor de conservación, con su actitud cotidiana. La naturaleza y, sobre todo, los habitantes de la Tierra, todos iguales en dignidad, merecen este afán, este denuedo, este des-vivirse que proporciona autoestima y esperanza. Poner en práctica cada día cada uno la Agenda 2030 y los ODS. Tenemos las pautas. Es imperativo deber cumplirlas. Para ello sólo en el contexto del multilateralismo democrático será posible esta gran transición para reconducir la gobernanza actual e iniciar un nuevo comienzo.
Es ahora justo y muy oportuno recordar a Aurelio Peccei y expresar al mundo entero, con todos los medios de comunicación disponibles, la necesidad de transitar con plena libertad desde una gobernanza plutocrática y supremacista (G6, G7, G8, G20) a un multilateralismo democrático, mediante la adopción, en las Naciones Unidas, de una Declaración Universal de la Democracia y la inmediata supresión del requisito de la unanimidad en la Unión Europea que, de hecho, otorga el veto a todos sus miembros.

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