Una nueva era

miércoles, 16 de septiembre de 2015

En estos últimos meses, tanto a escala nacional como internacional (incluyendo las Naciones Unidas), he tenido ocasión de observar la “sorpresa” con que algunos políticos, parlamentarios, representantes de países… veían tambalearse los esquemas “habituales”, atados y bien atados por quienes, desde siempre, encumbrados, han ejercido el poder siguiendo las pautas habituales, incapaces de apercibirse de la histórica irrupción de la gente en escenarios en los que hasta ahora no tenían acceso. 

“¿Qué está pasando”?, se preguntan, mirándose unos a otros con extrañeza. Lo que está pasando es muy sencillo y se había anunciado hace ya algún tiempo: los seres humanos están dejando de ser invisibles, anónimos, temerosos, silenciosos, espectadores, obedientes… y están pasando a ser actores que participan, protestan y proponen. Y es que ahora ya pueden expresarse, y en consecuencia, poner en práctica el lúcido inicio de la Carta de las Naciones Unidas: “Nosotros, los pueblos…” 

Los nuevos protagonistas están trastocando los organigramas políticos tradicionales y comienzan a “cambiar de rumbo y nave”, como aconsejaba José Luis Sampedro. 

Muy pronto ya no será posible seguir manteniendo la vergüenza de unos grupos compuestos por unos cuantos países acaudalados intentando asumir –otro gran fiasco del neoliberalismo- la gobernanza mundial (¡193 países!); ni se permitirá que se presenten programas electorales que al día siguiente se cambian indecorosamente; ni que se apliquen “rodillos” parlamentarios basados en mayorías absolutas electorales pretéritas; ni que se sigan disminuyendo las ayudas al desarrollo… mirando para otro lado para no contemplar los desgarros de la extrema pobreza y desamparo, con miles de personas muriendo cada día de hambre al tiempo que se invierten en armas y gastos militares –no me canso de repetirlo- 3,000 millones de dólares; ni se tolerará que se celebren reuniones y más reuniones, Cumbres y más Cumbres sobre temas como el “desarrollo sostenible”, cuando –aún con el inmenso riesgo de alcanzar puntos de no retorno, afectando irreversiblemente la habitabilidad de la Tierra- no se aportan los recursos ni se adoptan las apremiantes medidas ineludibles… Es bochornoso pensar que –como acreditan las desgarradoras imágenes de inmigrantes- las ayudas al desarrollo hayan decrecido enormemente, otro de los grandes “efectos colaterales” del actual sistema económico… 

La transición de una economía de especulación antidemocrática y anti ecológica, deslocalización productiva y guerra, a una economía basada en el conocimiento para un desarrollo global sostenible y humano se logrará porque varios millones de “Nosotros, los pueblos…”, en grandes clamores populares, lograrán los radicales cambios hasta ahora irrealizables. 

Participación ciudadana y ciudadanía mundial. Aunque algunos obcecados se resistan a reconocerlo, una nueva era se avecina.

3 comentarios

Enhorabuena.Tu artículo es inteligente, valiente y sensible. Muchas gracias, compañero. (María Carrascosa y Rafael Tejero)

17 de septiembre de 2015, 0:21
Juliana Luisa dijo...

Percibo lo que usred dice, pero el sistema económico que nos han impuesto es muy fuerte y hará todo lo posible por echar por tierra todos los intentos. No digo que no se conseguirá nada, lo que digo es que tropezaremos con muchos obstáculos. Si al principio, debía luchar contra el pesimismo, ahora soy optimista y me agrada que también usted sienta lo mismo.

Un saludo



17 de septiembre de 2015, 20:03
Liza R dijo...

Bien claro lo has dicho: "los seres humanos están dejando de ser invisibles, anónimos, temerosos, silenciosos, espectadores, obedientes…". Bravísimo amigo!

18 de septiembre de 2015, 13:43