“La mano que se cierra opaca”

sábado, 20 de abril de 2019


Transcribo unos versos  del poema “Sobre el tiempo presente” de José Ángel Valente: “Escribo sobre el tiempo presente. / …Escribo sobre la latitud del dolor, / desde lo que hemos destruido / ante todo en nosotros… / …desde el clamor del hambre y del trasmundo, / …desde la mano que se cierra opaca”.

Cuando hay tantas imágenes que conmueven, que mueven a manos abiertas… nos encontramos con manos repletas, cerradas, manos armadas, alzadas… que rehúsan la máxima felicidad de dar, de darse, de compartir, de convivir, de desvivirse en favor de los más vulnerables y menesterosos.

¡Pienso tantas veces en aquella frase que leí hace muchos años en una capilla cerca de Montpellier: “Las mortajas no tienen bolsillos”!  La sociedad saciada olvida este hecho fundamental y vive ensimismada, abducida, alejada de la realidad que, de otro modo, podría sonreírle…

No podemos seguir callados, silenciosos, distraídos… cuando cada día mueren de hambre y extrema pobreza miles de personas, la mayoría niñas y niños de uno a cinco años de edad, al tiempo que los poderosos encumbrados y distantes invierten más de 4000 millones de dólares al día en armas y gastos militares.

Es apremiante que, a través de grandes clamores populares presenciales y en el ciberespacio, “Nosotros, los pueblos” –como tan lúcidamente expresa la primera frase de la Carta de las Naciones Unidas- alcemos la voz en favor de  un nuevo concepto de seguridad que no sólo atienda a los territorios y fronteras sino a quienes viven en estos lugares y requieren, para una vida digna, las cinco “seguridades esenciales” proclamadas por el multilateralismo democrático y que los grupos plutocráticos (G6, G7, G8, G20) han sustituido por gravísimas carencias: la alimentación, el acceso al agua potable, servicios de salud de calidad, cuidado del medio ambiente y educación para todos a lo largo de toda la vida…

Delito de silencio. Silencio cómplice. Ha llegado el momento inaplazable de cumplir nuestras responsabilidades intergeneracionales. De decir y escribir –ahora que ya podemos expresarnos libremente- el ineludible deber de procurar, juntas las manos y las voces, los cambios radicales que son exigibles.

Estamos ante la transición histórica de la fuerza a la palabra.  Como en los versos de Eliane Cevallos (2018), “…daré la vuelta a la esquina del silencio / y escribiré con toda el alma / sintiendo en cada letra / lo que siento”.

Cada ser humano único capaz de crear, nuestra esperanza porque, como proclamó el Presidente Kennedy en junio de 1963 y me alivia mucho repetir, “No hay ningún desafío que se sitúe más allá de la facultad creadora distintiva de la especie humana”.

Inventar el futuro… sin manos que se cierren opacas.

2 comentarios

MALDITO SILENCIO

Maldito silencio; cómplice,
mundano, cruel y abyecto.
Su eco “suena” hueco en un vacío desierto.
Pobres diablos cobardes
que callan al mismo tiempo.

Un silencio que mancilla la verdad.
Y la anula y la aplasta y la vende
por un sucio argumento.

Maldito silencio
capaz de rebajar a un alma noble,
de pisotear un inocente deseo,
de arrojar el amor al excremento
y despreciar la boca que dibuja un beso.

Maldito silencio….
Cobarde, vil, abyecto,
rastrero, delirante, enemigo…
…Enfermo.
Laura Aguirre Jiménez

21 de abril de 2019, 12:17
Mercedes Alonso dijo...

Como madre de militar, que sacrifica su vida por usted, y por su Patria, perdón, Estado, pudiendo ganar mucho más dinero como ingeniero, me produce asco que esté todo el día criticando el gasto militar. Con esa partida para gastos de defensa, no solo se compran armas, y bombas. Si quiere le expongo todas las necesidades básicas que tienen los militares. Una lavadora en una corbeta, porque las tres que hay están estropeadas, chalecos antibalas que sirvan de algo por si algún pobre yihadista les pega un tiro mientras reparten piruletas a los niños afganos, coches blindados, casas-cuarteles que no se caigan a cachos, medicamentos en las campañas, si quiere sigo... es decir para que puedan hacer su trabajo en condiciones. No tiene vergüenza. Es despreciable.

4 de julio de 2019, 14:45