Responsabilidad intergeneracional

viernes, 10 de mayo de 2013

“Les despreciaba, porque pudiendo tanto se atrevieron a tan poco”
Albert Camus 

¿Las generaciones que llegan a un paso de la nuestra podrán decir que esperaron en vano que las presentes generaciones cumplieran el compromiso supremo que es, en palabras del Presidente Nelson Mandela, actuar de tal modo que nuestro legado intelectual y material no signifique un retroceso? ¿Qué la habitabilidad de la Tierra no sea peor que la que nosotros hemos vivido? ¿Qué los puntos de referencia, los principios y asideros éticos no les permitan iniciar su amanecer con esperanza? 

Seguimos torpemente anclados, especialmente en Occidente, a un sistema que, al sustituir los valores por las leyes mercantiles y el multilateralismo democrático por grupos oligárquicos, ha conducido a una situación de enormes disparidades sociales y de exclusión, ya que el 80% de la humanidad no halla cobijo en el barrio próspero de la aldea global, donde habita tan sólo el 17-18% de la población. 

Sabemos el genocidio diario de miles de seres humanos que mueren de inanición y desamparo. Pero seguimos atentos a las fluctuaciones de unos mercados que no benefician en nada a la gran mayoría de los habitantes de la Tierra y nos dejamos entretener por un enorme poder mediático, que uniformiza, convirtiendo a los ciudadanos en espectadores impasibles, radicalizando el partidismo, especialmente el deportivo, en grado sumo. 

“El sistema político-económico actual -ha escrito Noam Chomsky recientemente- es una forma de plutocracia que diverge fuertemente de la democracia, si por este concepto nos referimos a los acuerdos políticos en los que la norma está influenciada de manera significativa por la voluntad pública”. 

Con la mirada puesta exclusivamente en los beneficios económicos a corto plazo, se siguen aplicando a los desafíos de hoy fórmulas de ayer, ya periclitadas e ineficaces, en lugar de cuidar con toda la atención que merecen las condiciones de vida de las “generaciones venideras”, como con tanta clarividencia se inicia el inigualable texto de la Carta de las Naciones Unidas. 

La solidaridad intergeneracional exige de modo especial abordar aquellas cuestiones potencialmente irreversibles en las que el tratamiento debe aplicarse a tiempo, antes de que sea demasiado tarde y se hayan alcanzado puntos de no retorno. Las prioridades, vale la pena reiterarlo, son: alimentación; acceso al agua; servicios de salud para todos; cuidado del medio ambiente; educación; energías renovables; paz. 

La irresponsabilidad culposa de algunos gobernantes –en particular los del Partido Republicano de los Estados Unidos- ha llegado a favorecer una enseñanza que, como hizo la Fundación Exxon Mobile durante años, niega el cambio climático y las consecuencia deletéreas de una combustión excesiva… mientras que, con gran sufrimiento personal, son muchos los seres humanos que se ven afectados gravemente por los “efectos colaterales” nocivos, que se disfrazan o silencian. 

Rigor científico. Y adopción de posiciones que, ampliamente secundadas, presencial o virtualmente, por millones de personas logren desenmascarar a quienes se oponen a facilitar la información veraz que los pueblos merecen. 

Democracia a escala global, con unas Naciones Unidas de gran autoridad moral y física; democracia a escala regional muy urgente en Europa y democracia a escala local, en la que los ciudadanos cuenten y participen –ahora ya es posible gracias a las nuevas tecnologías de la comunicación- y existan mecanismos correctores de las afrentas a la democracia que representan las mayorías absolutas parlamentarias, sobre todo cuando se fundamentan en resultados electorales pretéritos… 

Alcemos nuestra voz en favor de la transición desde una economía de especulación, deslocalización productiva y guerra a una economía de desarrollo global sostenible y humano. La seguridad planetaria no puede asegurarse de otro modo. Hagamos posible que el consumo de carburantes sea atemperado por un gran desarrollo de las fuentes renovables de energía. Y limpiemos el mar, que ocupa el 70% de la piel de la Tierra y es su gran pulmón… y el de las generaciones venideras. 

Los clatrenos, “oro submarino”, los carburantes obtenidos por “fracking”, deben ser utilizados con criterios guiados por el conocimiento científico y no por los beneficios económicos… 

Pensemos en nuestras responsabilidades intergeneracionales. 

Ahora podemos. ¿Nos atreveremos?

Cuando las barbas de tu vecino…

miércoles, 8 de mayo de 2013

Van pasando los días y seguimos alucinados viendo si sube o baja la prima de riesgo y cómo va el IBEX o deja de ir… De momento los inversores invierten y de pronto ya no lo hacen… Y el Banco Central Europeo amaga una sonrisa que se interpreta jubilosamente hasta que, al día siguiente, las dichosas “troikas” exigen otra vuelta de tuerca… que se traduce, inexorablemente, en mayor número de despidos y recortes. 

Por su “pasado inmobiliario”, la crisis cobra en España un relieve todavía mayor y los horizontes se vislumbran más sombríos. 

Menos trabajo, menos consumo, más sufrimiento, mayor indignación… y, al dar un “vistazo” alrededor, más miedo, lógicamente. 

Y entramos en una espiral en la que, por el tiempo transcurrido, ya no valen excusas del pasado interior o de la Unión Europea… 

Miremos bien hacia Grecia, Chipre, Portugal… y plantémonos, presentando un “plan nacional de crecimiento” que permita en pocos años recuperar niveles de dignidad en los pilares fundamentales de justicia, educación, sanidad y ciencia (hace unos días expuse en uno de los blogs algunas líneas a ese respecto). 

La gran prioridad es la lucha contra el paro, por el ciclo vicioso que encierra. Y no el déficit. No se les ocurra llegar a anular la esperanza y la espera. Del miedo puede pasarse entonces a la fuerza. 

El FMI declara que es necesario crecer minutos antes de que exija mayor austeridad… 

La solidaridad debe ser una actitud permanente, sin pretender que se “ejercerá cuando hayan medios suficientes”… porque nunca se ha alcanzado esta situación. 

Miremos alrededor: al final, cuando se les ocurre reducir siempre son los empleos o ampliar la edad de jubilación o recortar en salud… 

Plantémonos. 

Cuando las barbas de tu vecino…

Cambio de Era

lunes, 6 de mayo de 2013

En el ultimo numero de “Futuribles” (Mayo-Junio 2013), Hughes de Jouvenel, uno de los especialistas en prospectiva más acreditados del mundo, dice que son muchos los gobiernos –empezando por el francés- que proclaman su firme voluntad de reducir el desempleo y relanzar el crecimiento económico pero luego, ante el fracaso reiterado, “debemos preguntarnos si no se agotan vanamente intentando colmatar las brechas de un modelo de desarrollo superado, condenado ineluctablemente a desaparecer”. 

Opina que la situación actual es objeto de dos interpretaciones radicalmente distintas: la de quienes piensan que es coyuntural y esperan todavía reverdecer el modelo que conoció su apogeo hace unas décadas, y la de quienes –como él- consideran que los que así piensan se equivocan de época, que no han comprendido la verdadera naturaleza de la crisis. Cometen dos grandes errores: el primero concierne al diagnóstico, porque no estamos ante una situación pasajera sino en la encrucijada de un modelo de sociedad que no acaba de terminar y otro que no acaba de emerger. 

El segundo error consiste en adoptar unas medidas no solamente ineficaces sino contraproducentes, puesto que aplazan los esfuerzos de innovación que deberíamos llevar a cabo. 

Jouvenel pone de manifiesto la conmoción que ha producido en los escenarios geopolíticos y geoeconómicos mundiales el hecho de que el epicentro se haya desplazado del Atlántico al Pacífico. Y la organización de las empresas en grandes redes mundiales, progresivamente desconectadas del estrecho marco geográfico en el que siguen operando los Estados. 

La economía social de mercado, regulada por el Estado y los agentes sociales, ha sido superada porque las fronteras nacionales son excesivamente “porosas” y, también, porque no se han tenido en cuenta las perturbaciones que conlleva la economía de la abundancia sobre el ecosistema. 

Es cierto que hay muchos problemas financieros –que esboza- pero el gran desafío deriva de la escasa eficiencia del Estado protector y en la crisis de confianza que implica no conseguir asegurar la indispensable solidaridad entre las generaciones y en el seno de las mismas. Es urgente sentar las bases de un nuevo contrato social más equitativo y adaptado a las necesidades de una nueva época y a unas generaciones cuyas aspiraciones no son las mismas que las de las anteriores. Quieren vivir, producir y consumir de otra manera. 

Un cambio de era se aproxima y –me parece oportuno recordar aquí de nuevo la aseveración del Presidente John F. Kennedy en junio de 1963- : “… ningún desafío se halla fuera del alcance de la capacidad creadora de la especie humana”. 

Hay que inventar el futuro.