Garzón, juez mundial

lunes, 17 de mayo de 2010

Hace ya algún tiempo (1 de abril de 2010) escribí en este blog que si lograban sentar a Garzón en el banquillo se levantaría airoso. Por su renombre nacional e internacional, sabía que los malasaña locales no lograrían, obcecados en ensombrecer el pasado, en anular la memoria, sino iluminarlo y reavivarla, aupando todavía más al juez que, con gran coraje y lucidez, no sólo había procurado justicia en el presente y pretérito español, sino que había apuntado certeramente a los delincuentes y genocidas a escala planetaria.

Pretendían acabar con la brillante trayectoria del Juez Garzón y lo han enaltecido.

Se pasa con frecuencia al reconocimiento de "personaje mundial", cuando la muerte o el asesinato físico o espiritual truncan súbitamente su camino... y, también súbitamente, toda la Tierra aprecia y valora lo que han hecho, con la ventaja para los que perviven de disfrutar personalmente de ésta tan insólita consideración global.

A pesar de mi tristeza e indignación, estoy contento íntimamente, porque las manos sucias que querían marginar y vituperar a un gran juez español lo han convertido en un gran juez mundial, respetado por la inmensa mayoría de los españoles y, lo que es mucho más difícil, por toda la humanidad.

¿La especulación dirigiendo el mundo? ¡No!

viernes, 14 de mayo de 2010

Todos debemos arrimar el hombro para corregir tantos entuertos, pero empezando por los que más tienen. Por arriba, porque fue “arriba” donde más se ayudó, fue “arriba” el sector que más se benefició de la desmesura inmobiliaria y de la deslocalización productiva.

No se trata de España ni de Grecia. Se trata de Europa. Fue la “dólarzona” la que inició la debacle. Ahora –lo trataré pronto extensamente- pretende ser, de nuevo, la única referencia monetaria mundial.

La crisis fue, al principio, financiera. Luego económica. Ahora política… y, si no se detiene con firmeza en la instancia que debe prevalecer sobre todas las demás, devendrá una crisis social, de consecuencias muy graves.

Toda la UE debe rectificar y recobrar la “autoridad política”. Por ello ¡qué vergüenza que el Presidente de la CEOE proponga reducir todavía más la ayuda española al desarrollo… y que Caja Madrid proyecte reducir la asistencia social –que, por cierto, distingue a las Cajas de las otras instituciones bancarias! Ahora los “mercados” rescatados maniatan a los Gobiernos que les ayudaron… y los políticos reaccionan con incongruencias tan monumentales como los recortes que propone el señor líder de la oposición que tienen un monto similar al del “blindaje” anunciado hace unos días de un conocido banquero español.

Lo cierto es que el capital está condicionando las decisiones políticas de la UE!... que sacrifica el bienestar social en el altar del mercado. Todo esto sucede por haber sustituido los valores democráticos –justicia social, solidaridad, igualdad- por las leyes del mercado. Lo vengo advirtiendo desde hace 20 años. ¡Rescatemos ahora los principios!

Fue un grandísimo error que en noviembre de 2008 se ofreciera a Bush –elegido ya el Presidente Obama- el liderazgo de la salida de la crisis, porque –“free market, free trade”- lo encomendó al G-20 (grupo de los países más ricos) en lugar de haberlo dirigido de forma innovadora y valiente (para eliminar a los paraísos fiscales y establecer la apropiada regulación) a través de lo que podría haber sido la antesala de una gran renovación del Sistema de las Naciones Unidas, marginado precisamente al final de la década de los 80 por los “timoneles” del neoliberalismo.

Se “rescató” con ingentes cantidades a las mismas instituciones financieras que habían conducido, en muy buena medida, a la situación de crisis múltiple (económica, medioambiental, alimenticia, ética…) y que hoy, en lugar de contribuir a la solución definitiva imponen sus exigencias a los mismos que ingenuamente les ayudaron en su naufragio. Pero ambos se han olvidado de que la ciudadanía del año 2010 no es la de las anteriores “burbujas”. Ahora puede, en menos tiempo del que se piensa, influir decididamente en los acontecimientos, es decir, ahormar genuinas democracias.

Es preciso esquivar los últimos zarpazos de los “globalizadores”. Los poderes hegemónicos no quieren reconocer que su tiempo –largo, largísimo tiempo- ha concluido y que se inicia “un nuevo comienzo”, una nueva época en que serán “los pueblos…”, como tan anticipadamente anunció La Carta de las Naciones Unidas, los que tendrán en sus manos las riendas de su destino.

Y lo harán gracias a las nuevas posibilidades que ofrece la moderna tecnología de la comunicación para la participación no presencial. En pocos años, finalmente, irán construyendo los pilares de la democracia genuina a escala local, nacional, regional, mundial.

La economía de guerra y de especulación se sustituirá por una economía de desarrollo global sostenible; la paz se defenderá y mantendrá por las fuerzas de las Naciones Unidas, cuya Asamblea General tendrá una adecuada representación de la sociedad civil y el Consejo de Seguridad abarcará nuevas dimensiones “económica, medioambiental, sanitaria…”. En pocos años se fortalecerá, gracias a una amplia participación popular, liderada por las comunidades académica, artística, científica, intelectual…, la justicia a escala supranacional y las normas oportunas de regulación que permitirán llevar a los transgresores y delincuentes delante de los tribunales y terminar de una vez con los paraísos fiscales, las mafias y los tráficos (de armas, drogas, personas…).

Se reforzarán las uniones regionales: la Unión Europea, Africana, Latinoamericana…

Estamos viviendo tiempos fascinantes porque, por primera vez en la historia, la conciencia ciudadana permitirá terminar con los pocos dominando a los muchos, imponiéndoles sus designios de forma indiscutible (hasta el ofrecimiento sin rechistar de la propia vida).

Basados en noticias amañadas y en la circulación de rumores (tienen todavía en sus manos un gran poder mediático) pretenden seguir imponiendo sus fórmulas anacrónicas, su “mercado”, por la fuerza.

Han deslocalizado la producción hacia los países que permiten, por el bajísimo precio de su oferta, incrementar los beneficios, mirando hacia otro lado, sin tener en cuenta las precarias condiciones laborales de estos países. Es necesaria una nueva economía. Una nueva economía, sólo posible si a escala internacional existe la autoridad de un Sistema de Naciones Unidas dotado de los medios personales, financieros y técnicos que necesita para establecer los equilibrios que hoy son imprescindibles, al tiempo que se halla preparado para la interposición de fuerzas en los casos en que se violen gravemente los derechos humanos, y pueda coordinar rápidamente los esfuerzos internacionales para reducir, en el marco de un concepto mucho más amplio de seguridad, el impacto de las catástrofes naturales, ante las que hoy nos encontramos totalmente inermes (estamos preparados para la guerra con centenares de aviones, de barcos y submarinos… pero no lo estamos para hacer frente a inundaciones, terremotos, etc.).

No, el mudo no puede seguir el juego de quienes, con una falta total de sentido y obcecados por la codicia, hacen circular rumores y noticias falsas para que bajen los valores bursátiles y ellos compren y después suban estos valores y vendan… Todo especulación; que bajen y compro; que suban y vendo (y lo oculto y “lavo” en un paraíso fiscal). Y a todas éstas, las empresas sin medios para actuar, la fabricación confinada en algunos países “internamente” paupérrimos… Ha llegado el momento de plantarse. Hay que esquivar los últimos zarpazos. Favorecer que se desmorone este gigantesco andamiaje que, durante tanto tiempo, ha apuntalado el dominio masculino en la Tierra, que hoy finalmente se tambalea.

Somos conscientes de que el por-venir está por-hacer. No me canso de repetirlo, porque creo en ello. Depende de nosotros. De todas las manos juntas. De todas las voces juntas.

Hay que acabar de una vez con el tráfico de drogas

lunes, 3 de mayo de 2010

El narcotráfico es una auténtica y gravísima amenaza a la estabilidad mundial y, después de muchos años, está sucediendo lo peor: se acepta como un "efecto colateral" del sistema económico, de la desequilibrada y confusa gobernación global que ha situado al mercado como protagonista de la política planetaria, en lugar de los principios democráticos.

Mientras haya demanda habrá oferta. El alto precio no impide que quienes las buscan primero y las necesitan más tarde, dejen de obtenerlas. Hacen todo lo imaginable y lo inimaginable para conseguir las dosis que requieren.

Debería, como en el caso del alcohol, estar al alcance de quienes deciden consumirlas a precios asequibles, muy baratos. De este modo, rápidamente, las mafias dejarían de tener sentido. Sería un golpe decisivo, que haría que desapareciera una de las mayores lacras que afectan a la humanidad. Creo sinceramente que sería la única forma de eliminarlas. Ya está demostrado que no se eliminan por la fuerza.

Debería hacerse una gran campaña, en la que colaboraran todos los medios de comunicación, toda la sociedad implicada, para la mentalización contra la droga.

Puede objetarse -yo mismo lo hice hace años como neurocientífico- que se corre el peligro de aumentar el consumo... No es cierto. Ya se encargan los traficantes, de todos los niveles, de poner la droga a disposición de los consumidores, cada vez -como en el "botellón de drogas"- más jóvenes, más incautos.

La drogadicción produce efectos muy negativos en la salud -sobre todo en las neuronas-, en la voluntad, en la vida de los drogadictos... Y de los familiares. He visto tantas familias destrozadas, empobrecidas, arruinadas en todos los sentidos, por el consumo de drogas. En último término, por las dimensiones del tráfico y su impacto económico y delictivo, el consumo de drogas afecta a la sociedad en su conjunto.

Debemos dedicar a combatir la drogadicción el mismo esfuerzo que se ha destinado al consumo de tabaco, y que ahora trata de implicar a la sociedad para hacer frente al cambio climático, la pobreza o el SIDA. Es un gran reto. El bienestar de muchísimos seres humanos depende de un replanteamiento radical de esta cuestión, que no debe considerarse como una "afección" irremediable del mundo actual.

No hay que estigmatizar a los usuarios, sino involucrar decididamente a todo un sistema de gobernación que hasta ahora ha consentido tráficos de toda índole a escala supranacional, y que es incapaz de clausurar de una vez los paraísos fiscales. Mientras haya paraísos fiscales habrá tráficos, delincuencia internacional, mafias. Desde los más poderosos y ricos hasta los que en barrios y suburbios pobres y marginados constituyen los últimos emisarios de este sistema "capilar" maléfico.

A los adictos hay que ayudarles a que logren re-hacerse, a recuperar el dominio de sí mismos, para que vuelvan a "ser", para que vuelvan a vivir plenamente el misterio de su existencia. Y a los narcotraficantes hay que llevarles ante los tribunales y, todavía mejor, conseguir que desaparezcan haciendo que no valga nada su "mercancía".