Incoherencia

martes, 19 de octubre de 2010

En portada del ABC, domingo, 17 de octubre de 2010.


Sin comentarios.

En el interior, grandes titulares de "Educar en valores"... y de "Educar en familia"... pero luego, en los anuncios de "Relax", leemos (a título de ejemplo):

Por unos denarios... Está claro que, en el fondo, prefieren los precios a los valores... Por mucho que digan.

España, ¿en decadencia? No. Algunos de sus habitantes, sí.


El dragón altanero: China y el Premio Nobel de la Paz 2010

lunes, 18 de octubre de 2010

Tengo predilección por China. He conocido al pueblo chino. He visto cómo vive y piensa. Y cómo mira y sonríe.

Por ese especial aprecio he seguido con preocupación, especialmente en los últimos años, la progresiva transformación de un gran país que, por avatares de la historia se está convirtiendo en la mayor potencia capitalista de la tierra.

Desde hace mucho tiempo vengo insistiendo en que haber convertido a China, por una deslocalización productiva guiada por la codicia, para ganar más sea como sea, en la "fábrica del mundo" en la que, además, las ganancias van todas directamente al Estado..., sin reparar en las condiciones laborales ni en el respeto a los derechos humanos más elementales, constituía no sólo un gran error y una afrenta al pueblo chino sino una grave desestabilización a escala planetaria.

Culpalbles, en buena medida, los países más poderosos de la tierra han sabido mirar exquisitamente hacia otro lado. No sabemos cual es la realidad de este gran país tras su permanente y tradicional sonrisa. No nos deja observar lo que acontece. Tratándose de China -que nos compra deuda, que nos produce nuestras marcas, mejor no hacer preguntas. ¿Sabemos el número de penas capitales que se llevan a la práctica cada año?. Amnistía Internacional calcula que son varios miles... pero las autoridades chinas no facilitan datos. ¿Sabemos cómo pueden defender sus derechos los centenares de millones de ciudadanos chinos?

Es imprescindible -lo digo con toda firmeza por el bien que les quiero- transparentar tantas opacidades. La concesión del Premio Nobel de la Paz 2010 a Liu Xiaobo, encarcelado por disidente, ha demostrado hasta qué punto las autoridades pueden actuar arbitrariamente, poniendo todo tipo de obstáculos a la difusión del flamante reconocimiento, para que el pueblo no se contagie, e impidiendo al principio, restricciones a que su propia mujer le comunicara la noticia para, acto seguido, recluirla en su propio domicilio.

Deben darse cuenta de que hay límites a las ambiciones económicas de sus clientes, que les han encumbrado de modo tan interesado, pero también y a sus actitudes frente al mundo, frente a las gentes que, en tan gran número, son consumidores de sus productos.

Es necesario llegar a un gran acuerdo, sin imposiciones violentas de nadie, para que, en un plazo razonable, China se comporte de otra manera. Y los que han ofrecido tantas ventajas relativas a China a cambio de pingües beneficios, que sepan también que su actuación debe modificarse sustancialmente.

Está claro que el único lenguaje que se entiende es el económico. "Made in China" no puede seguir amparando la discrecionalidad monetaria, laboral y social que hoy llena de interrogantes este origen.

China es capaz, con la raíces seculares de su cultura, de realizar cambios espectaculares. Ahora es el momento de dar un paso importante... descendiendo desde la cúpula hacia las bases. Mostrando su rostro progresivamente. Haciendo partícipes de su realidad a los demás países, ninguno de los cuales, por cierto, está moralmente autorizado a tirar la primera piedra.

Por su propia naturaleza, el dragón no puede ser sumiso. Pero si escucha a su ilustre compatriota Liu Xiaobo -¡qué bien ha estado, en esta ocasión, la elección realizada por el Comité Nobel de la Paz!- y a todos los que representa, y escucha así mismo las voces de todos los que reconocemos y estimamos la cultura china, dejará de ser altanero. Y nos gustará su sonrisa. La de hoy no nos gusta.

El Danubio rojo

viernes, 15 de octubre de 2010

Empresas que explotan los recursos naturales o fabrican productos de las más variada naturaleza sin regulación, sin garantías, guiados exclusivamente por su "codicia e irresponsabilidad", en palabras del Presidente Obama.

Desastres de grandes proporciones con gravísimos "efectos humanos colaterales"...

Ante la avalancha de espectáculos deportivos y de toda índole que nos proporciona la boyante (por ahora) industria del entretenimiento, los ciudadanos nos olvidamos pronto de las muertes, del sufrimiento y de las heridas y zarpazos inacabables a la Madre Tierra. Y guardamos silencio. Y guardan silencio las instituciones académicas y científicas. No nos oponemos a la plutocracia. No procuramos la refundación de un sistema fuerte y eficaz de las Naciones Unidas. Somos espectadores, testigos impasibles.

Todo vale para que los consorcios internacionales saquen provecho. En poco tiempo, riada de fango rojo tóxico en Hungría; poco antes, mineros atrapados en Chile a cientos de metros de profundidad; antes, un inmenso vertido de petróleo, extraído a 1.500 m. de profundidad en el Golfo de México, sin disponer BP de las capacidades técnicas imprescindibles para actuar con rapidez en instalaciones tan hondas...

Manuel Saco ha escrito en "Público" un artículo titulado "Codicia tóxica" sobre el lodo que, de pronto, inundó, como un terrible tsunami, miles de hectáreas en una zona minera de Hungría. Pronto llegó al Danubio que, además de dejar de ser azul, que es lo suyo, afectará a la potabilidad de las aguas...

¿Se acuerdan de la balsa de Aznalcóllar?

Es imprescindible, pues, que la vigilancia se extreme, porque tenemos que cuidar de las personas y del planeta (todavía azul, como el Danubio) a las que estas empresas multinacionales (sobre todo), desde las altas torres del "gran dominio", ignoran olímpicamente.

Los residuos deben tratarse, no almacenarse. Los fondos de los tanques de las petroleras deben lavarse en las instalaciones portarias oportunas y no en el medio del mar, porque se contamina el agua y se asfixia, dada la baja densidad de estas sustancias, el fitoplacton, indispensable para la recaptura del CO2.

En España debe procederse sin demora a investigar el estado de varias "balsas" de almacenamiento de residuos... antes de que se produzca otra catástrofe.

Hay que terminar de una vez con estas prácticas que ponen de manifiesto la impunidad con la que actúan, a falta de un sistema multilateral que controle y castigue, en su caso, a los transgresores, unas industrias carentes de escrúpulos.

Y las comunidades académica y científica deben situarse en la vanguardia de las protesta y de la exigencia de comportamientos responsables hacia la Tierra y sus habitantes.