Excelente discurso inaugural del segundo mandato del Presidente Obama

miércoles, 23 de enero de 2013

Menos mal que, en medio de tantas realidades y previsiones sombrías, el Presidente Obama aparece como el líder que, a la cabeza el país todavía más poderoso de la tierra, puede iniciar el "nuevo comienzo", la inflexión histórica de la fuerza a la palabra. 

Tiene ahora, a pesar del acoso del Partido Republicano donde radica el "gran dominio" militar, financiero, energético y mediático, la autoridad moral a escala planetaria que le permitiría reponer los principios democráticos donde los "globalizadores" situaron las leyes mercantiles; los valores éticos donde, tan erróneamente, se impusieron los bursátiles; y podría emprender la reconstrucción de un multilateralismo democrático que, respetando a "todos los pueblos" -como establece la Carta- y no sólo a los más prósperos y poderosos, podría abordar los grandes temas socioeconómicos, medioambientales y de seguridad y paz, adoptando medidas a escala nacional y mundial que impliquen a todos los habitantes de la Tierra, tan separados hoy, tan desiguales, tan desconcertados, tan menesterosos muchos... 

He aquí alguno de los párrafos que considero interesante destacar: 

-"Juntos, hemos descubierto que un mercado libre sólo prospera cuando hay reglas que aseguren la competencia y el juego limpio". -"Juntos, decidimos que una gran nación debe cuidar a sus vulnerables..."

-"...Hemos comprendido que cuando los tiempos cambian también debemos cambiar nosotros, que la fidelidad a nuestros principios fundamentales requiere nuevas respuestas a nuevos retos". 

-"Entendemos que nuestro país no puede tener éxito cuando unos pocos que cada vez son menos viven bien y que las mayorías en aumento a penas salen a flote". 

-"Comprendemos que nuestros gastados programas son inadecuados para las necesidades de nuestro tiempo". -"Nosotros, el pueblo, todavía creemos que nuestras obligaciones como norteamericanos no son sólo para nosotros sino para toda la posteridad. Responderemos a la amenaza del cambio climático, sabiendo que dejar de hacerlo traicionaría a nuestros hijos y a las futuras generaciones..." 

-"El camino hacia las fuentes de energía sostenible será largo y a veces difícil. Pero EEUU no puede resistirse a esta transición, debe liderarla". 

-"Nosotros, el pueblo... también somos herederos de aquellos que ganaron la paz y no sólo la guerra..."

-"Renovaremos las instituciones que amplían nuestra capacidad para abordar crisis a escala internacional". 

-"Apoyaremos la democracia desde Asia hasta África; desde las Américas hasta el Medio Oriente, porque nuestros intereses y nuestras conciencias nos obligan a actuar en nombre de aquellos que buscan la libertad". -"La paz en nuestros tiempos requiere el constante avance de los principios de nuestro credo en común: tolerancia y oportunidad; dignidad humana y justicia". 

-"Nuestro viaje no estará completo hasta que encontremos una mejor manera de dar la bienvenida a los esperanzados inmigrantes... hasta que los brillantes estudiantes y los ingenieros sean enlistados en nuestras fuerzas de trabajo en lugar de deber abandonar nuestro país". 

-"Ahora es tiempo de decisiones". 

-"Ustedes y yo, como ciudadanos, tenemos la obligación de dar forma a los debates de nuestro tiempo, no sólo con los votos que emitimos, si no con las voces que levantamos en defensa de nuestros valores y nuestros ideales". 

Obama, otra oportunidad para esclarecer los rumbos de un mañana respetuoso con los jóvenes y las generaciones venideras, para enderezar los entuertos ocasionados por la extrema codicia, por la ofuscación del poder absoluto en lugar de la democracia genuina.

Derecho a una información veraz

miércoles, 16 de enero de 2013

Libertad irrestricta de expresión -la UNESCO, en el Art. 1º de su Constitución, establece la necesidad de garantizar la "libre circulación de las ideas por la palabra y por la imagen"- y derecho a una información veraz. 

Cuando escribe, el periodista puede decir lo que quiera. Cuando describe, debe transmitir con exactitud lo que ha acontecido. Si le proporcionan informaciones, debe contrastarlas, porque si la noticia no es fidedigna, el lector o el oyente recibe descripciones sesgadas o totalmente falsas. 

Insisto hoy en este tema y reivindico este derecho porque con motivo de un vídeo-comunicado a la reciente manifestación en Bilbao sobre el acercamiento de presos, no sólo se ha producido una reacción tan inexacta como furibunda por parte de algunos periodistas (de cuyo nombre y medio de comunicación no quiero acordarme) sino que en las referencias a mi persona no dicen, especialmente en algunos casos, nada que sea cierto. Es pura invención, fruto de la animadversión ideológica y de la obediencia ciega a las consignas recibidas. 

Ni asistí a la manifestación ni, desde luego, declaré una sola palabra en favor de la amnistía. Tampoco apoyo otras reivindicaciones que al parecer se formularon por asistentes a la misma. Quien lo desee puede escuchar el vídeo ( http://www.youtube.com/watch?v=WQvaeg80S4k ) y comprobar que se trata de una tergiversación y manipulación indignas, que han sido rápidamente utilizadas por los fanáticos que piensan que "calumnia, que algo queda". 

Allá con su conciencia. Por mi parte, "¿Ladran?. Cabalgamos". Seguiré trabajando en favor del buen periodismo. Seguiré procurando la necesidad de aplicar los derechos humanos en un contexto genuinamente democrático. Como advirtió Quevedo, "No he de callar, por más que con el dedo silencio avises o amenaces miedo". 

Derecho a una información veraz.

Derechos Humanos, deber de palabra

miércoles, 9 de enero de 2013

El pleno ejercicio de los Derechos Humanos no se alcanzará hasta que los seres humanos se expresen libremente, hasta que su voz sea oída y atendida por quienes ejercen, en su nombre y representación, el poder. No es casual que en la Constitución de la UNESCO el “libre flujo de ideas por la palabra y por la imagen” figure en el mismo artículo –el primero- en el que se define a la educación como el desempeño del don supremo de la especie humana, la libertad, junto a su esencial acompañante, la responsabilidad. “Libres y responsables”. 

Ya hace siglos que algunos “adelantados” a su época preconizaban la ineludible necesidad de manifestar sus opiniones para vivir “humanamente”. Es famoso el poema de Quevedo: “No he de callar, por más que con el dedo, / ya tocando la boca o ya la frente, / silencio avises o amenaces miedo. / ¿No ha de haber un espíritu valiente? / ¿Siempre se ha de sentir lo que se dice? / ¿Nunca se ha de decir lo que se siente?”. 

Pero la inmensa mayoría de los ciudadanos siguieron siendo súbditos silenciosos, espectadores impasibles, testigos mudos y atemorizados de lo que acontecía. Y daban su propia vida sin rechistar. 

Me impresionó la capacidad de algunos líderes para tratar de interpretar la voz y el grito pensados pero contenidos: “Dejadme escuchar este silencio ensordecedor”, dijo el Presidente François Mitterrand. 

En 1969, el Profesor José Luis Aranguren escribía lo siguiente: “El intelectual presta sus voz a los unos, es su portavoz, y procura despertar con su voz la de los otros, de los enajenados, de los manipulados, de los que, para repetir las palabras orteguianas, no asisten a la existencia, a la suya que, como ya he dicho, no es nunca sólo suya, sino que está siempre entretejida con la de los demás”. 

“Nos queda la palabra”… repitió Fernando Buesa en los plenos de las Juntas Generales de Álava (1983-1989). Víctima de ETA, la Fundación que lleva su nombre ha perpetuado su luminosa estela con el nombre de “El Valor de la Palabra”. Los asesinos le abatieron físicamente pero, ciertamente, nos queda, nos quedará para siempre, la palabra, su palabra. 

Deber de palabra para la plena efectividad de los Derechos Humanos. Para la transición de una cultura de imposición, violencia y dominio a una cultura de diálogo, conciliación, alianza y paz. Luis García Montero ha plasmado en unos inspirados versos el amanecer de la era del entendimiento y de la solución de los conflictos por la palabra: “Venga a mi, / en los ojos del joven que levanta la mano / y pide la palabra, / y confía sin más en las palabras…”. 

Con frecuencia, callamos a medida que nos hacemos mayores, en lugar de aprender a desinhibirnos y manifestar sin cortapisas lo que pensamos. 

Hace años leí que “los padres enseñan a hablar a sus hijos pequeños; ya crecidos, los hijos enseñan a sus padres a callar”. 

El silencio de los pueblos fortalece el poder absoluto, el proceder arbitrario de los gobernantes, el obediente comportamiento de los representantes parlamentarios que no “parlan”, que siguen sin objeción alguna las consignas del partido, del mando. 

“En los tiempos que vivimos, escribía hace unos días Manuel Cruz en “El País”, nadie debería permanecer callado respecto a los asuntos que a todos conciernen”. 

Hoy, por fortuna, me gusta repetirlo porque es componente básico de la esperanza de cambio, el tiempo de silencio ha concluido. ¡“Delito de silencio”!... porque, gracias a la moderna tecnología de comunicación e información, se avecina la inflexión histórica de la fuerza a la palabra. 

Derechos Humanos, deber de palabra.