Es ahora perentorio no olvidar las lecciones del pasado. Recordar lo que sucedió en Europa y Asia para que fuera posible desencadenar los horribles agravios históricos de la esclavitud, el colonialismo, el supremacismo… y el holocausto, porque no se tuvo en cuenta el valor de cada vida, porque se omitió el fundamento de todos los derechos humanos: la igual dignidad.
¿Infanticidio? Unamos todas las voces, todas las manos
jueves, 21 de marzo de 2024
El Grito
viernes, 12 de enero de 2024
La situación es tan grave a escala global, es tan compleja, que da
la impresión de que no es posible reconducir las sombrías situaciones actuales:
conflictos bélicos que quedan irresolutos en medio de la pobreza extrema; la
inmigración en condiciones intolerables, al tiempo que nos hallamos perplejos
por la costosísima preparación de viajes al espacio y otros planetas en lugar
de hacerlo para el mejor conocimiento y cuidado de la Tierra. Las propuestas de
la década de los 60 del siglo pasado (UNESCO, “El hombre y la biosfera”; Club
de Roma, ”Los límites del crecimiento”) fueron, al igual que sucedió después
con las dos Cumbres de la Tierra (1992, Río de Janeiro, y 2002, Johannesburgo) totalmente
desoidas. Los intereses económicos han seguido prevaleciendo y es especialmente
lamentable que en las conclusiones de las reuniones COP sobre medio ambiente se
anuncien acuerdos generales… pero “no vinculantes”. ¡Qué vergüenza!
Se ha intentado en algunas infrecuentes ocasiones, sustituir la fuerza por la palabra: Wilson en 1919, al crear la Sociedad de Naciones; Roosevelt, en 1945, que establece las Naciones Unidas y promueve la Declaración de los Derechos Humanos; Obama, al finalizar el año 2015, suscribe con visión y coraje los Acuerdos de París sobre Cambio Climático y la Resolución “para transformar el mundo“ de la Agenda 2030…
Pero acto seguido, como viene sucediendo desde hace siglos, la fuerza de las armas se ha impuesto sobre la mediación y el alto el fuego. “Si vis pacem para bellum” ha sido la respuesta invariable de los grandes poderes. Ahora ha llegado el momento impostergable de sustituir con presteza y rapidez, dada la situación que enfrentamos, el “bellum” por el “verbum”, las armas de guerra por la palabra, por la diplomacia.
Es imprescindible recordar aquí el valiente discurso del Presidente Eisenhower, cuando, al trasladar la presidencia de los Estados Unidos en enero de 1961 a John Fitzgerald Kennedy, tuvo el coraje de manifestar que en los Estados Unidos el poder no está en manos del presidente, sino en las del “¡complejo bélico industrial! “.
Es por ello muy importante y apremiante trasladar ahora a la ciudadanía, la necesidad, por razones de irreversibilidad potencial de algunos procesos, de actuar sin demora. La palabra “irreversible” debe ser uno de los grandes motivos de reflexión a este respecto.
A todo ésto se añade el intolerable riesgo de la posesión de ojivas nucleares, que se redujeron en la reunión de Reikiavik entre Donald Reagan y Mikhail Gorbachev, en el mes de octubre de 1986, pasando de 17.000 cada potencia a 6000. Al alcanzarse este número, el Presidente Reagan adujo “razones de seguridad global” para no seguir, como era deseable, propiciando la eliminación total. Está claro que el complejo bélico- industrial permanecía Y así seguimos. Reagan creó poco después el G6(G7…)que sigue hoy representando la gobernanza a escala mundial, plutocrática y supremacista.
Junto a tan peligrosas perspectivas quedaba y queda hoy la inmensa capacidad de la ciudadanía consciente para que, con acciones bien fundamentadas científicamente, se logre la transición a una nueva era.
Es imprescindible actuar no sólo con firme voluntad, sino sin ulterior demora, para detener el genocidio de unos y el infanticidio de otros y el terrorismo. Ha llegado el momento de considerar la memoria como un deber y guardar silencio como un acto de irresponsabilidad inadmisible.
Por si fueran pocos los desafíos y problemas enunciados, es necesario ahora añadir el que representa la inteligencia denominada “artificial”, de tal modo que en lugar de favorecer la creatividad humana para que prevalezca y arraigue la invención de un futuro deseable tenga lugar la deshumanización.
Está claro que es ahora apremiante una ciudadanía plenamente consciente de la realidad y de las posibilidades de intervención a escala mundial, dejando de ser espectadores de lo que acontece para convertirnos en actores del nuevo destino.
Ahora, por
fin, “Nosotros los pueblos”,
para hacer posible la apremiante transición de la presente
gobernanza al multilateralismo democrático, sin veto. El diseño de Roosevelt de
las Naciones Unidas, aprobado en San Francisco en 1945 es perfecto… pero fue
inhabilitado de inmediato por el veto de los cinco vencedores de la Segunda
Guerra Mundial. La Unión Europea que abría puertas de esperanza a un sistema
democrático, fue colapsada asimismo por la absurda condición de la ”unanimidad “.
La Carta de las Naciones Unidas estableció en su primera frase que “Nosotros, los pueblos” vamos a evitar el horror de la guerra a nuestros descendientes… Era un gran desafío y una gran esperanza. Ahora tenemos que reconocer que no se ha podido aplicar por el veto, como ya he indicado, pero también porque los “pueblos “no existían hasta hace unas pocas décadas. La mayor parte de los seres humanos nacía, vivía y moría en unos kilómetros cuadrados y no podía expresarse. Pero en las últimas décadas, nos hemos reconocido igual dignidad y ya somos capaces de expresarnos libremente.
Hoy, insisto en ello porque es muy importante, “los pueblos” ya existen y pueden participar. Ahora sí, empieza a ser realidad lo que establece el artículo primero de la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Ahora sí, “Nosotros los pueblos” podemos exigir a escala mundial un modelo de gobernanza democrática, con un nuevo concepto de seguridad (seguridad humana, liderada por el Presidente de la World Academy of Arts, and Science, Garry Jacobs). Son ya numerosas las instituciones (Other News, Roberto Savio; World Peace Forum, José Félix Benz; Impulsa Talentum, Brú Rec;…) que se están uniendo en una gran red global que permita la movilización de la ciudadanía consciente en favor de la nueva era con esclarecidos horizontes.
Junto a las acciones de gobernanza ya mencionadas, es preciso llevar a efecto un inmediato alto el fuego en los conflictos abiertos actualmente, poniendo fin sin dilación al sacrificio de la población civil y en especial de la infancia. Otra de las cuestiones que deben abordarse resueltamente es la eliminación de las ojivas nucleares y el fomento de la fusión nuclear como fuente energética. La regulación de las grandes fortunas y de los migrantes y refugiados es otro de los temas que deben tratarse a escala global sin demora.
A la luz de la gravísima situación social que caracteriza hoy el mundo, de las múltiples inacabables guerras, de la emergencia climática… es imprescindible alcanzar un gran pacto mundial para la adecuada reconducción de las tendencias actuales.
Es necesario fomentar la prevención, tanto de enfermedades como de gravísimas situaciones de justicia social y eliminar aquellos aspectos anacrónicos que hoy todavía subsisten, como la aplicación de la pena de muerte.
Estamos en el 75 aniversario de la Declaración de los Derechos Humanos. Su aplicación es esencial para la puesta en práctica de los acuerdos que “Nosotros, los pueblos” debemos alcanzar sin aplazamiento. El artículo primero de la Declaración Universal termina diciendo que debemos estar unidos fraternalmente. Sí: sólo la fraternidad podría llevar, en estos momentos a una solución a escala mundial, a una nueva era. Una gran red global de instituciones universitarias, científicas y artísticas podría hacerse oír. Y la fuerza de la razón prevalecería, por fin, sobre la razón de la fuerza.
Problemas globales apremiantes, respuestas globales sin demora
jueves, 19 de octubre de 2023
Ahora, ya impostergable, “Nosotros, los pueblos… hemos resuelto evitar a las generaciones venideras”… tal como se inicia la Carta de las Naciones Unidas.
Es preciso, para ello, plantear de nuevo con firmeza y visión de futuro las acciones que —¡deber de memoria!— podrían reconducir las presentes tendencias y proporcionar a escala mundial formas de gobernanza plenamente efectivas en el Antropoceno. Es imperativo para ello eliminar el veto en las Naciones Unidas (78 años in poder poner en práctica la Carta) y en la Unión Europea (inhabilitada por el requisito de la unanimidad). Andrea Rizzi publicaba el martes día 10 de octubre en “El País” un artículo muy interesante y oportuno titulado “Un frente explosivo en un mundo que se hunde en el desorden global”.
Sólo si el multilateralismo democrático permitiera a la Unión
Europea adoptar decisiones sin el requisito absurdo de la unanimidad (antítesis
de la democracia), podrían llevarse a cabo a escala mundial actuaciones muy
rápidas y con fundamento científico sobre el medio ambiente, la educación y
conciencia de la ciudadanía, cultura de paz y no violencia, atención a los más
necesitados, emigrantes y refugiados, narcotraficantes… que evitarían el
declive actual.
Europa era la esperanza para salvaguardar el multilateralismo democrático, para afianzar unas capacidades de entendimiento y acción a escala mundial. Está claro que ha llegado el momento histórico e inaplazable de la acción. Otra demora podría aumentar las situaciones de procesos irreversibles. Sería el fracaso rotundo de la humanidad, dotada de facultades distintivas que le permiten, debidamente utilizadas, crear, inventar, resolver, en el contexto fascinante del universo.
En las últimas décadas una buena noticia: la discriminación por razón de género, etnia, creencia, ideología… desaparece progresivamente y se establece la igual dignidad y la capacidad de expresarse libremente gracias a la tecnología digital. A pesar de los límites infranqueables de la irreversibilidad progresiva, todavía es tiempo. La juventud debe ser la gran protagonista de los cambios que deben emprenderse sin dilación.
Los inmensos medios puestos hoy a disposición de la gobernanza plutocrática y supremacista del G7 deben trasladarse a un multilateralismo democrático eficiente para transformar el mundo en su conjunto. La adopción de una Declaración Universal de la Democracia puede ser el punto de inflexión hacia la nueva era. La ciudadanía consciente es la que debe, con sólidos conocimientos de causa, liderar la transición de la gobernanza de los mercaderes a la de los seres humanos iguales en dignidad.
El propio Papa Francisco, en su reciente exhortación apostólica sobre la crisis climática (4 de octubre de 2023) propone “Reconfigurar el multilateralismo. Hay que adoptar medidas que cuenten con el compromiso de todos”.
La inteligencia artificial debe hallarse siempre dirigida por la inteligencia natural. La deshumanización progresiva sería un disparate. Cada ser humano capaz de revelarse, de argumentar, de imaginar nuevos caminos y puentes, nuestra esperanza. Los chips neuromórficos deben utilizarse en la medida en la que pueden favorecer la ampliación del conocimiento, y no restar, ni un ápice, las facultades distintivas de la especie humana.
Toda reflexión agrietada por imposiciones ideológicas o sectarias debe ser rápidamente contrarrestada por el saber y la sabiduría. La crisis migratoria, la emergencia climática y la transformación digital son puntos esenciales que deben abordarse con rapidez y conocimientos para las nuevas pautas políticas y éticas. A título de ejemplo de soluciones reales para la emergencia climática, la fusión nuclear, fuente inagotable de energía sin residuos.
Ahora es la voz de los científicos, de los intelectuales, filósofos, escritores…, de las generaciones amenazadas por el desbordante poder económico y militar la única que se debe alzar y oírse. El mismo Presidente Eisenhower puso de manifiesto el supremo poder en los Estados Unidos del “complejo bélico-industrial. Ahora es el momento de la democracia, de la fuerza de la razón, de la mediación… que debe instaurarse a escala global para transitar de la plutocracia y el supremacismo a la nueva era.
Ahora cultura —es decir, comportamiento cotidiano— de paz e invención de nuevos rumbos. Es inaplazable: la propia habitabilidad de la Tierra está en peligro.
Insisto, los diversos conflictos bélicos actuales, la emergencia climática, la transformación digital, la inserción social… son las grandes cuestiones que, de una vez, deben abordarse a escala mundial. Y sólo hay un camino: hacer posible que, ¡por fin!, “Nosotros, los pueblos” asumamos las responsabilidades que no se han ejercido durante tantos años. Una gran coalición a escala mundial de universidades e instituciones de arte y ciencia podría ser la voz movilizadora para una ciudadanía consciente.
La prevención debe convertirse en el objetivo supremo de la nueva gobernanza. Un ejemplo muy concreto y urgente lo estamos proponiendo actualmente a la consideración nacional e internacional: de evitar el desarrollo de alteraciones patológicas que cursan con gravísimo e irreversible deterioro neurológico en los neonatos, de tal manera que, al ser derecho humano, se situén sitúe a nivel del Estado las acciones que deben emprenderse.
Todos debemos colaborar para que la ciudadanía no sea espectadora impasible de lo que acontece, sino actora muy activa de las acciones que deben emprenderse para reconducir problemas globales que en algunos casos ya han alcanzado —a pesar de las múltiples advertencias de la comunidad científica y de las “Cumbres de la Tierra”, siempre desoídas por el G7— los límites del no retorno: “Nosotros, los pueblos” unidos en una Red global de universidades e instituciones artísticas y científicas, vamos a actuar con prontitud y sabiduría para abordar, antes de que sea demasiado tarde, las presentes amenazas que se ciernen sobre la humanidad en su conjunto. La seguridad territorial debe a partir de ahora incluir a la seguridad humana (alimentación, agua potable, salud, educación, medioambiente) y conferir prioridad, en todos los órdenes, a la efectiva puesta en práctica, en su 75 aniversario, de la Declaración de los Derechos Humanos.
Que cada uno reflexione sobre la irresponsabilidad inadmisible en la que incurriríamos si no reaccionamos con firmeza para reconducir las actuales tendencias. No lo olvidemos: ahora el pueblo ya tiene voz. Procuremos que no tenga que recurrir al grito.