Enfermedades minoritarias, gran objetivo sanitario

lunes, 29 de febrero de 2016

El próximo día 29 de febrero se celebrará el Día Mundial de las Enfermedades Raras. Hoy se conocen varios miles de estas alteraciones patológicas que padecen un número reducido de personas para las que paliarlas o prevenirlas es esencial, porque afectan el normal discurrir de su vida. Y es que en medicina los porcentajes tienen un valor exclusivamente epidemiológico pero carecen de valor comparativo, porque la vida se vive una vez y constituye el 100% para cada ser humano. 

En 1967 fuimos a visitar al entonces Director General de Sanidad en el Ministerio de la Gobernación, a quien aconsejamos -sobre todo por el carácter frecuentemente irreversible de muchos procesos metabólicos que la madre ha suplido durante el embarazo pero que se ponen de manifiesto al adquirir el neonato autonomía biológica- y que en algunos casos es imprescindible un tratamiento adecuado y a tiempo. Se requieren, por tanto, un diagnóstico precoz y la adopción de las medidas terapéuticas apropiadas antes de que se llegue a un punto de no retorno. La irreversibilidad es el gran criterio para el establecimiento de prioridades. 

Se trataba entonces principalmente de alteraciones genéticas que se traducían en deficiencias que afectaban al metabolismo. Sobre esta base se establecieron a finales de la década de los sesenta las bases para el Plan Nacional de Prevención. Gracias a los estudios de bioquímica perinatal pronto quedó muy claro que algunas enfermedades eran metabólicas por deficiencias genéticas, pero que otras eran adquiridas en el momento del parto, debidas con frecuencia a episodios de anoxia o hipoxia, que se han corregido con el control de la oxigenación mediante los instrumentos apropiados. Las medidas que se adoptaron entonces –la “prueba del talón” hecha con una gota de sangre a las cuarenta y ocho horas del nacimiento para detectar aminoacidopatías, como la fenilcetonuria- se han ido perfeccionando ulteriormente y hoy en día se ha ampliado el espectro de alteraciones que pueden diagnosticarse hasta más de 30. Aunque los retos éticos que se plantean deben ser abordados, en el futuro gracias al desarrollo de la secuenciación del genoma, se diagnosticarán muchas más patologías que podrían ser tratadas antes de la aparición de los síntomas, contribuyendo de este modo al auge de la investigación científica en un campo que merece hoy una particularísima atención desde un punto de vista científico, social y político. 

En materia de investigación es recomendable adoptar las directrices del CIBERER, que constituye la red de todos aquellos grupos de investigación que pueden contribuir con mayor eficacia al conocimiento de las bases moleculares de estas alteraciones y, en consecuencia, a su prevención, diagnóstico y tratamiento adecuado. 

En la era de la medicina de precisión, el diagnóstico genético se postula como un elemento básico para la aplicación de un tratamiento individualizado. Sin embargo, son todavía muchos los pacientes que no tienen un diagnóstico genético claro. Sus familias sufren una odisea que les lleva de médico en médico, sin acceso a un adecuado asesoramiento genético para futuros embarazos y lo que es más importante, sin posibilidad de acceder a tratamientos específicos. La sensación de las familias es que los avances son lentos. En este sentido las nuevas técnicas de secuenciación masiva del genoma permitirán acelerar el proceso de diagnóstico y por tanto mejorar sus terapias. No hay ninguna duda de que los avances reales sólo se lograrán cuando las terapias estén disponibles para estos niños gravemente afectados, uno de los grandes desafíos actuales. 

Es en estas cuestiones en las que deben invertirse todos los fondos que sean necesarios. Debe cambiarse de una vez la seguridad entendida en términos militares por la seguridad entendida en términos sociales. Del mismo modo que es intolerable que cada día mueran de hambre miles de personas al tiempo que se invierten en armas y gastos bélicos más de 3.000 millones de dólares, lo es hoy –puesto que los seres humanos ya pueden expresarse libremente- el que no tengamos presente la igual dignidad de todos los seres humanos y el derecho a tener una vida digna. 

Desde mediados de la década de los setenta estas disfunciones han sido objeto de especial atención por parte de la Fundación Ramón Areces que sigue hoy, en colaboración estrecha con el CIBERER, fomentando en toda la medida de lo posible las investigaciones en enfermedades raras. Y en el CEDEM, que colabora estrechamente con el Centro de Biología Molecular y la UAM, se dispone de un gran banco de datos y de la experiencia necesaria para colaborar con los pediatras en el diagnóstico de enfermedades minoritarias. 

Se trata, ni más ni menos, de mejorar la calidad de vida de unos pacientes que, como indica el lema de esta novena edición del Día Mundial, tienen ya “su voz”… que no sólo debe ser oída sino escuchada. Acercarse, acompañar, promover un mayor conocimiento y contribuir a la formación tanto de las personas afectadas como de sus progenitores, familiares y ciudadanos, haciendo posible que las organizaciones de pacientes, médicos, sanitarios, investigadores, políticos…puedan actuar con particular diligencia y eficacia, abordando con determinación los retos de toda índole que hoy, en un mundo conceptualmente sesgado por el mercantilismo, aparecen a veces como obstáculos infranqueables. 

“Únete a nosotros para hacer que la voz de las enfermedades raras se oiga”. Nos unimos a este grito, convencidos de que se avecina la gran transición histórica en que todas las vidas humanas se valoren por igual. 

Magdalena Ugarte
Federico Mayor Zaragoza
CEDEM-Centro de Biología Molecular Severo Ochoa-UAM

En estos momentos, más que nunca, tener en cuenta los grandes desafíos

viernes, 26 de febrero de 2016

Es precisamente cuando es mayor la bruma que, para ayudar a disiparla, conviene elevar el vuelo, salir de la vorágine, para encarar decididamente los grandes retos que, como no me canso de repetir, pueden llegar en varios de los procesos actuales –sociales, medioambientales, armamentos de destrucción masiva- a puntos de no retorno. 

Como ejemplo, la noticia que figura en “La Vanguardia” el 24 de febrero: “El nivel del mar subió más rápido en el siglo XX que en los últimos 3.000 años”. El aumento de los océanos fue de 14 centímetros. El fenómeno es consecuencia de las emisiones de gases provocados por el hombre. Esta elevación se ha producido entre 1900 y el año 2000. “Podría parecer poco, pero a los científicos les alarma la velocidad de estos cambios, pues son una amenaza cierta para las zonas costeras y tierras bajas y otras zonas de humedales”. 

En el último siglo el nivel del agua del mar ha subido a una velocidad sin precedentes en los últimos milenios debido a la fusión de los hielos en tierra y, sobre todo, la expansión térmica de las aguas marinas. 

Es de destacar que esta elevación se ha acelerado en los últimos veinte años. Los investigadores “han calculado que el nivel del mar muy probablemente aumentará de 0.51 a 1,3 metros al final de este siglo si el mundo sigue dependiendo en gran medida de los combustibles fósiles. Si se cumplieran los acuerdos alcanzados en París el pasado mes de diciembre, y las contribuciones nacionales prometidas se llevaran efectivamente a cabo, la subida del nivel del mar podría reducirse a 24-50 centímetros”. 

A todas estas, el fanático Trump en EEUU diciendo auténticos dislates intolerables y en la Europa monetaria la preocupación se centra en que no se vaya el Reino Unido, que nunca ha entrado, y que no lleguen los refugiados e inmigrantes, consecuencia de la insolidaridad y de la sustitución de las Naciones Unidas por grupos plutocráticos… Y en España, con la inercia de las mayorías absolutas antidemocráticas, no se sabe aprovechar lo único que ahora importa: avanzar, guiados exclusivamente por los valores éticos y no por los bursátiles, hacia un sistema político en el que quepa la extraordinaria riqueza de las identidades de sus habitantes, y se sitúen a la altura de las circunstancias. Recuerden que, por primera vez en la historia, desde hace unos años se han producido unos cambios radicales que el inmenso poder mediático trata de mitigar u ocultar: progresivamente, todos los seres humanos pueden expresarse libremente, pueden participar, pueden construir sistemas genuinamente democráticos; conocen lo que sucede en todo el planeta y devienen, con esa conciencia global, ciudadanos del mundo; y, sobre todo, la mujer, “piedra angular de la nueva era” según el Presidente Nelson Mandela, incrementa rápidamente su papel en la toma de decisiones a todas las escalas. Esto es lo importante, porque, quiéranlo o no los reaccionarios y nostálgicos, estamos llegando al “nuevo comienzo” que preconiza la “Carta de la Tierra”. En 1945 las Naciones Unidas se fundaban sobre la base de que “Nosotros, los pueblos…” íbamos a “evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra”. Entonces, los pueblos no tenían voz, eran invisibles, anónimos, temerosos… y, en consecuencia, la razón de la fuerza siguió predominando sobre la fuerza de la razón. Ahora, no: en muy poco tiempo, la gente tomará en sus manos las riendas del destino. La inflexión histórica de la fuerza a la palabra no tardará en producirse. 

Alcemos, por tanto, nuestra mirada de los horizontes tan sombríos que hoy nos ofrecen a escala global, europea y española y alcemos también la voz. Es apremiante.

La Europa del euro

lunes, 22 de febrero de 2016


Hace poco he escrito un post en mi Blog sobre la insolidaridad europea y otro sobre la incongruencia del "Brexit". ¿Cómo pueden amenazar de salirse de la Unión Europea los británicos si nunca han entrado?

La UE es exclusivamente una unión monetaria... 

Pues bien, todo esto lo recoge admirablemente la viñeta que publicó el día 20 de febrero en El País el incomparable Forges.