Expulsión y marginación de los gitanos: es un tema muy serio, que no debe consentirse

martes, 31 de agosto de 2010

Lo que está sucediendo con los "gitanos", -ya estamos otra vez poniendo círculos alrededor, confinando a grupos de personas "todas iguales en dignidad", como cuando se habla de "los judíos"- es absolutamente inaceptable, éticamente, políticamente, democráticamente, humanamente. En el siglo XXI, más inaceptable todavía. Que haya normas que deban respetarse por todos, de acuerdo... pero por todos los ciudadanos sean de donde sean, procedan de donde procedan. Que los "emigrantes" -buena parte de los ciudadanos de occidente fueron emigrantes un día- reciban un trato despectivo, sobre todo si son moros (¡cómo tantos de nosotros!) o negros, clama al cielo y no debe tolerarse. Los Parlamentos -los nacionales, el Europarlamento, los de las Comunidades Autónomas- deben reaccionar de inmediato. Y las Naciones Unidas a escala mundial.

Menos mal que ahora, con el dios-fútbol, es más sencillo hacer comprender que todos los seres son iguales en dignidad... y algunas razas especialmente aventajadas en la práctica del deporte...

En España contamos con personajes como Manuel Martín Ramírez, capaces de aportar todas las argumentaciones y ejemplos necesarios. Pero en este "A vuela pluma" sólo quería dejar constancia de que, en casos como éstos, no podemos transigir. No podemos permanecer en silencio. Debemos decir, sin titubear, que la radical igualdad en dignidad de todos los seres humanos es el fundamento de sus derechos fundamentales, de la democracia genuina, de la convivencia pacífica y amigable.

4 comentarios

Parece que nuestros sistemas "democráticos" se vuelven ahora "selectivos". Lo que se decida a partir de ahora en Bruselas para la posible resolución de la normativa francesa de expulsar a gitanos de Francia, sentará seguro precedente para todo lo que venga después con el resto de países que se pudieran sumar a la iniciativa. Parece que nuestro doble rasero nos permite alabar a artistas (gitanos) como Paco de Lucía o Sara Baras (incluso Gipsy Kings para los propios galos!), pero por lo visto los "otros" gitanos no tienen los mismos derechos de vivir con un mínimo de dignidad en nuestros países. Si ahora los rechazamos, abriremos las puertas a enfrentamientos más grandes en el futuro. Paz=integración.

Un abrazo muy fuerte,

Jorge Medina Azcarate
One Brother World

31 de agosto de 2010, 13:16
Joan dijo...

La historia se repite y no aprendemos, vimos como deportaban a los judios, gitanos, comunistas etc en la epoca de los nazis, posteriormente Stalin deportó a los intelectuales, troskistas, , dejó morir en las hambrunas a millones de ciudadanos, los judios hacen lo mismo con los palestinos y ahora la "Gran Francia" deporta a los gitanos. En la Europa del siglo XXI lo vemos sin pestañear y como mucho los van a multar o tirar de las orejas. La Grandeur de la France se ha convertido en la vergüenza de Europa. No aprenderemos nunca?
Porque solo somos racistas con los pobres?

1 de septiembre de 2010, 0:34

Cuando una cultura entra en contacto con otra, se influyen recíprocamente (Grecia capta Romam cepit, observó sagazmente un 'conquistador conquistado' hace más de veinte siglos). Los llegados y/o conquistados (hoy en día, la conquista por excelencia es la mezcla de explotación económica y marginación social), se debaten entre dos pulsiones en contraste. Una es la integradora (hay que decir la obvio - si no existiese, no habrían venido). Otra, la identitaria.

Es explicable que nuestras sociedades se concentren en la parte problemática, que es claramente la segunda. Ante ella, llevamos algunos años probando con una mezcla de paternalismos de fachada y, bajo su cobertura, con unos zurriagazos de padre y señor mío). Está claro que la mezcla no funciona - no ayuda a la integración, no reduce desigualdades. Y ante los zurriagazos, la identidad se refuerza, si cabe - que se lo pregunten a los guerrilleros de todos los tiempos.

Con lo que el sentido identitario se enquista y se va convirtiendo en identitarismo (le coloco el -ismo porque se constituye en ideología, pretendiendo tener valor absoluto). No sólo ocurre en los márgenes radicales del grupo bastoneado; el identitarismo salta, como verdadero virus ideológico, las tenues barreras entre culturas, y modifica el 'DNA cultural' del grupo dominante. Genera un estilo de pensamiento que, sin cobrar conciencia de esta retroalimentación negativa, se dedica a proponer políticas identitaristas (a veces puras tesis, como las de Sarrazin en Alemania, a veces acciones, como las expulsiones del gobierno Sarkozy).

¿Qué está proponiendo conceptualmente este identitarismo dominante? A mi juicio, tres cuestiones. Propala datos descontextualizados y estereotipados ('los musulmanes cuestan más al sistema de protección social', 'los gitanos roban'). Rechaza los paternalismos del mecanismo social hipócrita. Pero no sólo no denuncia sus estacazos ad hoc, sino que incluso pide que se refuercen.

¿Cómo combatir este virus? No creo que valgan represiones ni censuras 'políticamente correctas'. Ni tampoco el 'más de lo mismo' (las políticas de demostrada ineficacia). Requiere un estilo de pensamiento lúcido, relativizante, enfocado a la realidad, que apueste decididamente por la paz.

1 de septiembre de 2010, 18:43

Ante la primera propuesta, hay que proporcionar información y contextualizar los datos divulgados. Permítaseme un ejemplo sarcástico: sin contexto, también podríamos afirmar que los desagradecidos pensionistas de Bergen-Belsen salían esqueléticos (los supervivientes, bien entendido), y que seguramente estos desagradecidos anoréxicos estaban aquejados por un gen que les impedía metabolizar la sanísima sopa de piedras que les era ofrecida generosamente, junto con toda una amplia gama de actividades físicas que ni el mejor gimnasio iguala. Sin contexto, también podríamos afirmar que los musulmanes pesan sobre nuestra seguridad social o que los gitanos roban. Somos libres de hacerlo, pero no sólo describiríamos de manera deformada la realidad, sino que perjudicaríamos nuestras esperanzas de paz.

La segunda propuesta hay que aplaudirla, venga de quien venga. El paternalismo no tiene nada que ver con la ayuda a la integración, como no tiene nada que ver con la educación. El paternalismo finge la paz presente pero no hace nada para prevenir la guerra futura. Pero no basta con denunciar el paternalismo: hay que diseñar y ejecutar una acción de ayuda no paternalista, que respete la dignidad del ayudado y del ayudador. El objetivo de la ayuda tiene que ser el de componer armónicamente las diferencias, que son relativas; no puede ser pretextual, misericordia de uno "que vale más" y que pone unos cuantos mendrugos duros en la mano de otro "que vale menos" para tranquilizarse la conciencia, evitar revueltas, ... y justificar los estacazos que administra en paralelo.

La tercera hay que denunciarla. No son los estacazos a la medida lo que es preciso reforzar. Lo que es preciso es reforzar el principio de legalidad, para todos sin excepción. Legalidad que debe consolidarse en el ámbito del estado, para todos quienes los habitan - y que debe emanarse y propagarse hacia la comunidad internacional, como legalidad internacional. Sólo a través de la legalidad es posible paz verdadera, paz duradera.

Cobrar conciencia para actuar, actuar para cobrar conciencia. Precisamente porque no consideramos deseable -con fundadas razones, pues es peligroso para la paz- el sentido absoluto de la identidad no podemos combatirlo con un identitarismo de sentido contrario, e igualmente absolutista.

La afirmación absoluta de las identidades, junto con las desigualdades y el desastre ambiental, son los tres grandes riesgos para la paz. Los riesgos para la paz, hoy, tienen implicaciones sin precedentes en la historia de la humanidad. Son riesgos para la especie, si no para el entero planeta, por la extraordinaria densidad que hemos alcanzado, y por los medios tecnológicos disponibles para hacer la guerra - por desgracia, los estacazos, que son metafóricos en ámbito social, arriesgan convertirse en megatonazos en ámbito planetario, si la discordia se nos escapase de las manos, a fuerza de atizar la caldera de los identitarismos.

Cobrar conciencia es un proceso a 360º. Las identidades que se afirman como absolutas no sólo están 'fuera' de nuestras sociedades, en individuos de piel oscura, vestimentas diferentes, costumbres extrañas. Hay otras identidades absolutas que se afirman de forma igualmente insidiosa 'dentro' de nuestra cultura, como son los nacionalismos, los grupos de poder religiosos, políticos, ideológicos, económicos, ... lo que Vds. quieran añadir.

Tenemos que cobrar conciencia del peligro múltiple. Si no actuamos urgente y decididamente para relativizar las identidades, todas las identidades; para reducir las desigualdades; para proteger el ambiente que es casa de todos ... se anuncian malos tiempos, muy malos.

1 de septiembre de 2010, 18:44