Guerra en Ucrania: ¿diplomacia con veto?

miércoles, 2 de marzo de 2022

 

Sin disminuir ni un ápice la responsabilidad de Putin, debemos reflexionar, con apremio y firmeza, sobre las causas de esta guerra, de los demás conflictos, de la existencia de armas nucleares, de la gobernanza plutocrática, de amenazas globales potencialmente irreversibles… Debemos preguntarnos por qué Europa, que debía tener un papel cualitativo muy relevante a escala mundial, no ha figurado como interlocutor, absorbida por la OTAN, Organización del Tratado del Atlántico Norte… que se extiende hacia el este y habla en nombre de la ciudadanía europea… Deber de memoria.

Pensar en la razones que condujeron a la Segunda Guerra Mundial -el supremacismo ario, romano y nipón, porque la Sociedad de Naciones había sido desde el mismo inicio abandonada por los Estados Unidos- … Pensar en que ha sido el veto de los vencedores el que ha hecho inoperante el excelente diseño multilateral de Roosevelt en las Naciones Unidas… quedando sin efecto la primera frase de la Carta: “Nosotros, los pueblos, hemos resuelto evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra”…

Acabamos de comprobar la irrelevancia de las Naciones Unidas, porque 196 países están a merced de la voluntad de cinco… Y también la irrelevancia de la Unión Europea, que debe adoptar decisiones por unanimidad, lo que se traduce en 27 vetos, porque la unanimidad es la antítesis de la democracia… Y por ello resulta que no es Europa si no la OTAN la que se expresa en su lugar.

Todas las crisis pueden convertirse en oportunidades de cambio. La crisis actual, originada por la razón de la fuerza, puede convertirse en impulso de un gran movimiento mundial en favor de la fuerza de la razón, de la mediación, de la palabra, de un multilateralismo democrático a escala mundial, que permita, cuando ya se apuran las posibilidades de acción ante amenazas globales irreversibles, la puesta en marcha efectiva de la Agenda 2030 y de los Acuerdos sobre Cambio Climático.

Sí: ahora, por primera vez en la historia, se está consiguiendo el reconocimiento de la igual dignidad de todos los seres humanos, sin discriminación alguna por razón de género, etnia, ideología, creencia, sensibilidad sexual… Ahora, por primera vez en la historia, los seres humanos pueden expresarse libremente, gracias a la tecnología digital y pueden, por tanto, participar, que es la base de la democracia… Ahora, por fin, “Nosotros, los pueblos” podemos, plenamente conocedores de la situación presente y de las tendencias, levantar la voz y cumplir nuestras responsabilidades esenciales con las generaciones venideras… No podemos seguir abducidos por el inmenso poder mediático -“arma de distracción masiva”, según acertada definición y advertencia de Soledad Gallego-. Nunca más espectadores, sino actores para la gran transición desde una cultura de imposición, dominio, violencia y guerra a una cultura de encuentro, diálogo, conciliación, alianza y paz.

Deber de memoria para la acción resuelta. Delito de silencio. Ha llegado el momento de una gran coalición global, liderada por las mujeres y la juventud, en favor de la paz y la no violencia, de la resolución de los conflictos en el contexto de un multilateralismo democrático que desplace la gobernanza de los G6, G7, G8 y G 20.

Coalición mundial para la gran transformación de la fuerza a la palabra, reformando a las Naciones Unidas mediante una nueva composición de la Asamblea General, que incluiría de verdad a “los pueblos” con un 50 % de representantes de la sociedad civil, que se añadirían a los representantes (el otro 50 %) de los Estados, y donde el veto sería sustituido por porcentajes bien ponderados y equilibrados…

“Nosotros, los pueblos“ para, ahora sí, poder mirar a los ojos de nuestros descendientes y decirles que no les dejaremos un planeta con la habitabilidad deteriorada; que las ojivas nucleares serán inmediatamente eliminadas; que los paraísos fiscales desaparecerán y los ingentes medios dedicados hoy a la defensa territorial también tendrán en cuenta la seguridad humana-alimentación, agua, salud, educación, cuidado del medio ambiente-de quienes habitan estos territorios tan bien protegidos…

Para estas impostergables transformaciones es ineludible erradicar la imposición y sembrar la democracia: democracia a escala personal, local, nacional, regional e internacional. Igual que en 1948 las Naciones Unidas aprobaron la Declaración Universal de Derechos Humanos, las nuevas Naciones Unidas podrían adoptar una Declaración Universal de Democracia ([1]) para abordar y resolver los problemas de la nueva era.

La decisión de Putin en primerísimo lugar, pero teniendo en cuenta también otras cosas que debemos lamentar y reconducir del conflicto de Ucrania. Podemos convertirlas en oportunidad de cambio si, plenamente conscientes de lo que ha acaecido en el pasado, nos disponemos a cambiar con diligencia para ser, ¡por fin!, “Nosotros, los pueblos” los que tomemos en mano las riendas del destino común.

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Ciencia y Democracia

jueves, 3 de febrero de 2022

 Por Federico Mayor y  Emilio Muñoz (*)

Actualmente, el condicionamiento de la irreversibilidad potencial de algunos fenómenos añade una responsabilidad intergeneracional que pasa a ocupar un primerísimo lugar en los valores insoslayables que deben inspirar la gobernanza mundial. Alcanzar puntos sin retorno, situaciones en las que puede pronunciarse, con toda razón, que “esto ya no tiene remedio”, constituye la palanca “humana” más poderosa para la acción, para la movilización, para los grandes clamores populares….Nuestros descendientes podrán comprender muchas cosas, muchas decisiones e indecisiones… salvo aquellas de consecuencias irremediables.

Como ha sucedido con algunos manifiestos y llamamientos (Declaración de Premios Nobel de la Paz, Barcelona, diciembre 2015; Campaña de «Desarme para el Desarrollo» y del “World Peace Congress”,  iniciativas del International Peace Bureau, en Berlín, septiembre-octubre 2016 y en Barcelona noviembre de 2021; el Manifiesto de AEAC de 2019[1]; el del World Academy of Art and Sciences[2] de 2021) el inmenso poder mediático ha acallado cualquier posible eco y sigue propiciando innumerables espectadores sumisos y ofuscados.

Ante procesos potencialmente irreversibles que constituyen amenazas a escala global –el Ártico se está fundiendo y el permafrost contiene grandes cantidades de metano- la ciudadanía debe, consciente de la situación, reclamar y apoyar las directrices científicas.

Los desafíos a los que nos enfrentamos en estos momentos no tienen parangón. Las soluciones tampoco. Tenemos que pensarlas, que debatirlas, que inventarlas. Sólo siendo conscientes de la realidad y de la existencia, por primera vez en la historia, de procesos globales potencialmente irreversibles, “Nosotros, los pueblos”, podrán movilizar a escala mundial las acciones que puedan preservar el destino común en condiciones aceptables. Para ello es necesario participar de tal modo que no solo seamos contados sino tenidos en cuenta. El liderazgo de las comunidades científica, académica, artística, es indeclinable, porque sólo se logrará la inflexión con el conocimiento, con el rigor de juicio que es absolutamente preciso para reconducir las tendencias actuales a tiempo.

Se equivocan quienes consideran que nos hallamos ante una crisis coyuntural y pretenden reinstaurar el “orden” anterior. Nos encontramos en una encrucijada histórica en la que todos los seres humanos y no unos cuantos deberían poder tener una vida digna de ser vivida. Hay que pasar de tener a ser. De “más” a “mejor”, de la “abundancia asimétrica” a la sobriedad voluntaria y compartida.

Se trata de inaplazables momentos de decisión. Así empieza la Carta de la Tierra: “Estamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, en el cual la humanidad debe elegir su futuro… Debemos unirnos para crear una sociedad global sostenible fundada en el respeto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz”. Debemos actuar resueltamente, sin mayores aplazamientos, sobre todo –es preciso reiterarlo sin cesar- cuando se trata de procesos potencialmente irreversibles. Estamos viviendo, especialmente desde hace algunas décadas, en medio de una extraordinaria confusión conceptual, degradación ecológica, extrema pobreza, inexcusables disparidades, amenaza nuclear, carencia de un multilateralismo eficiente…, debacle, en suma, de un sistema basado en el dinero y el cortoplacismo.

Gracias a la tecnología digital, los seres humanos ya pueden hoy saber lo que acontece en todo el mundo y expresarse libremente. “Cambiar el mundo, amigo Sancho, no es locura ni utopía sino justicia”, escribió Cervantes. Se trata ahora, ahora por fin, de poner en práctica la lúcida expresión con que se inicia la Carta de las Naciones Unidas: “Nosotros, los pueblos… hemos resuelto evitar el horror de la guerra a las generaciones venideras”. Entonces era prematuro. Y “los pueblos” fueron representados exclusivamente por Estados y por hombres.

Progresivamente se ha logrado la igual dignidad sin discriminación alguna por razón de género, etnia, religión, ideología, sensibilidad sexual….
La mujer, con sus valores inherentes es, ciertamente, esencial para la transición de una cultura de imposición, dominio, violencia y guerra a una cultura de encuentro, conciliación, diálogo y paz… La solución está en ser plenamente uno mismo, ejerciendo sin restricción alguna las capacidades distintivas de la especie humana: pensar, imaginar, anticiparse, innovar, ¡crear!

“Nosotros, los pueblos”.  No se refiere a los Estados y a los gobiernos.  Son “los pueblos”, es la sociedad civil la que debe tener el papel que le corresponde. “Nosotros, los pueblos…” es la mejor expresión del multilateralismo democrático, única fórmula de gobernación mundial que puede eliminar a los grupos plutocráticos impuestos por el neoliberalismo que han derivado en una crisis sistémica de hondo calado. En 1997, la conferencia general de la UNESCO aprobó una excelente resolución sobre las responsabilidades de las generaciones presentes con las venideras… Mujeres y jóvenes, serán ahora, por fin,  los que tomen el relevo. Por fin, la mujer en el estrado, en pie de igualdad plena…;  por fin la juventud consciente de su responsabilidad para asegurar la calidad del legado intergeneracional, actuando con gran firmeza en favor de la adopción de medidas que eviten el descalabro social de la humanidad y el empeoramiento de las condiciones de vida.

Está claro que la única solución está en el fomento, a todos niveles, de una democracia genuina. La Declaración Universal de la Democracia[3]  tiene capítulos dedicados a democracia social, democracia política, democracia económica, democracia cultural e internacional. Es especialmente importante destacar el artículo undécimo en el que se subordinan todas las dimensiones y aspectos de la democracia económica a la justicia social.

Coincidiendo con el “Día Internacional de la Paz”, en septiembre de 2021, con motivo del 76 aniversario de la fundación de las Naciones Unidas y la UNESCO, desde la Federación Española de Centros UNESCO (FECU), con la Fundación Cultura de Paz y el Instituto DEMOS-PAZ, de la UAM, y el respaldo inicial de entidades y personas ya comprometidas en promover los cambios radicales que comportan la Agenda 2030 y los ODS, se hizo un llamamiento apremiante sobre multilateralismo, cumplimiento de la Agenda 2030 y democracia al Secretario General de las Naciones Unidas,[4] a todos aquellos ciudadanos y ciudadanas, comunidades, educadores, centros de enseñanza de todos los niveles, estudiantes, medios de comunicación, uniones de empresarios y trabajadores, partidos políticos, gobernantes, parlamentarios, ONGs nacionales e internacionales, organizaciones del sistema de las Naciones Unidas… y en particular a figuras muy conocidas y respetadas en el ámbito cultural, deportivo, artístico, científico, académico, literario…

Los Acuerdos de París sobre el Cambio Climático (COP) alcanzados en la reunión de Naciones Unidas al respecto, así como la propuesta de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para el periodo 2015-2030 aparecieron como pasos en la buena dirección… Los compromisos “no vinculantes de la reciente reunión en Glasgow… -¡qué oprobio, qué desvergüenza!…  si no son vinculantes no son compromisos…-. De esta manera ha concluido la gran ocasión de Glasgow en la incertidumbre y desesperanza, porque es evidente que buena parte de la ciudadanía consciente ve desaparecer las últimas posibilidades de enfrentar y reconducir la situación presente… ¿Quedarán todos estos sabios llamamientos una vez más arrinconados en los anaqueles y mente de los gobernantes?

Multilateralismo democrático es la solución, que proporcionaría a la ciudadanía consciente de los grandes retos actuales la capacidad de acción para paliar todavía sus efectos y cumplir la responsabilidad de las generaciones actuales con las venideras.

Las soluciones tenemos que pensarlas, que debatirlas, que inventarlas. Sólo siendo conscientes de la realidad y de la existencia, por primera vez en la historia, de procesos globales potencialmente irreversibles, “Nosotros, los pueblos”, podrán movilizar a escala mundial las acciones que puedan preservar el destino común en condiciones aceptables. Para ello, insisto, es necesario participar de tal modo que no solo seamos contados sino tenidos en cuenta. El liderazgo de las comunidades científica, académica, artística, es indeclinable, porque sólo así se logrará la inflexión con el conocimiento, con el rigor de juicio que es absolutamente preciso para reconducir las tendencias actuales a tiempo.

La democracia es el único contexto en el que es posible imaginar el “nuevo comienzo”, la nueva era de un mundo en el cual la gobernación sea inspirada por la justicia, la igualdad, la libertad y la solidaridad, en suma, por los “principios democráticos” que tan lúcidamente establece la Constitución de la UNESCO, en lugar de los mercados, del gran dominio militar, energético, financiero, digital  y mediático que en estos momentos intenta ejercer, a través de grupos plutocráticos, sus ambiciones hegemónicas, que tantos resultados negativos han conllevado. La democracia sólo puede existir si los derechos humanos son respetados y protegidos, mientras que los derechos humanos, a su vez, sólo pueden  florecer dentro de un régimen democrático.

Deber de memoria y deber de acción: puesta en práctica de la Agenda 2030; rápida concertación a escala mundial para la eliminación de las armas nucleares; regulación del tráfico y consumo de drogas ilegales; eliminación de los paraísos fiscales y de los grupos plutocráticos…; nuevo concepto de seguridad “humana”; fomento de la ciencia y del consejo de quienes poseen los conocimientos adecuados; incremento de las medidas preventivas, especialmente de índole sanitaria; asegurar la independencia de la justicia; educación para todos a lo largo de toda la vida…para inventar el futuro y, con indomable resiliencia, no aceptar nunca más imposiciones, dogmatismo, supremacismo… Cada ser humano único capaz de crear, nuestra esperanza. 3 de febrero de 2022.

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(*)  Federico Mayor Presidente de la Fundación Cultura de Paz. Director General de la UNESCO (1987 – 1999) –  Emilio Muñoz, Profesor emérito CSIC y CIEMAT Presidente del Consejo Consultivo de la AEAC

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Democracia, la única solución

lunes, 31 de enero de 2022

“Sólo conseguiremos alcanzar un orden internacional
 pacífico promoviendo la “democracia”.
Fernando Vallespín
“El País”, 23 de enero de 2022.

 

El pilar fundamental de todos los derechos humanos es la igual dignidad. Así lo corrobora la Carta de Derechos Fundamentales de la Unión Europea del año 2000 que, al parecer, no han leído atentamente la mayoría de los actuales líderes europeos. En 1945, al término de una guerra horrenda, con el empleo de los más abominables métodos de exterminio, se fundaron las Naciones Unidas –“Nosotros, los pueblos…”- y, unos meses más tarde, la UNESCO, cuya Constitución establece que son los “principios democráticos” –justicia, igual dignidad, libertad y solidaridad- los que deben guiar la gobernación, y que la educación consiste en contribuir a la formación de personas “libres y responsables”. Personas educadas, es decir, que actúan en virtud de sus propias reflexiones y no al dictado de nadie, ni atenazadas y atemorizadas por dogmas, amenazas, ciegas obediencias…

Es esencial la educación para una ciudadanía “libre y responsable” que, como se establece en el primer párrafo del preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, “se libere del miedo”. De súbditos a ciudadanos plenos. Personas capaces de hacer pleno uso de las facultades creadoras distintivas de la especie humana, capaces de inventar su futuro, que nunca debe ser aceptado como irreversible. El fatalismo y el dogmatismo deben erradicarse para volar alto, sin adherencias ni lastres en las alas, en el espacio infinito del espíritu.

Se ha logrado de forma progresiva igual dignidad de todos los seres humanos pero sigue existiendo una hegemonía a escala mundial de grandes oligopolios y del complejo bélico industrial.

Hasta hace muy pocos años, la humanidad ha estado siempre  dominada y amaestrada por un poder absoluto masculino. Unos cuantos hombres han llevado las riendas del destino común. Hemos sido espectadores impasibles, no actores; receptores de información con frecuencia  sesgada, y no emisores; testigos temerosos de intervenir. Silenciados,  silenciosos. Confinados territorial e intelectualmente, los seres humanos han vivido sometidos, hasta el punto que tener que ofrecer su propia vida a los designios del poder. Sin discusión posible.

Ahora, desde hace unas décadas, progresivamente, “Nosotros, los pueblos”, ya hombre y mujer en pie de igualdad, podemos manifestarnos, protestar y proponer.  Estamos frente a transiciones múltiples y urgentes que, por primera vez en la historia, pueden ser abordados con posibilidades de éxito: conciencia global, libre expresión y, en particular, un porcentaje progresivamente mayor de mujeres en la toma de decisiones.

La solución es una democracia auténtica a escala personal, local, nacional, regional e internacional. Es por ello que es indispensable  que se produzca rápidamente una refundación del Sistema de las Naciones Unidas y la inmediata eliminación de los G7, G8 y G20… Uno de los peores presagios que hoy nos acucia es el retorno del racismo, de la xenofobia. He escrito en varias ocasiones  -pensando en los años 1936 a 1939, en particular- que el supremacismo genera odio y confrontación. Y mata. Por eso he reclamado tolerancia cero y ser actores -no espectadores impasibles distraídos por el inmenso poder mediático- porque "mañana puede ser tarde". Es preocupante ver  cómo germinan aquí y allá semillas de supremacismo, de racismo, de fanatismo, de dogmatismo… sin que nadie parezca acordarse de un pasado no tan lejano…  No podemos ni debemos tolerar que broten de nuevo estas lacras, porque son la mayor fuente de enfrentamientos, el mayor responsable de víctimas a lo largo de la historia, de una historia que no debe repetirse. Todos los seres humanos iguales en dignidad, es el  principio de la justicia y de la paz.

Frente a la deriva neoliberal hacia las mismas actitudes de los años treinta del siglo pasado, sólo  una gran movilización popular presencial y en el ciberespacio podría eliminar los grupos plutocráticos y reforzar a las Naciones Unidas, la genuina Organización multilateral, cuya Carta se inicia, tan acertadamente, con “Nosotros,  los pueblos…”. En las perspectivas actuales de diversa índole (ética, política, económica) sería una excelente noticia la diligente refundación de un Sistema de Naciones Unidas dotado de los medios personales, técnicos y financieros necesarios.

Ciudadanos implicados, comprometidos, que no se dejan amilanar, que saben superar el miedo que tantas voluntades atenaza, podrían hacer posible, mediante un “movimiento global”, una Asamblea General de las Naciones Unidas reforzada rápidamente con el 50% de la sociedad civil, que adoptara acto seguido una Declaración Universal de la Democracia (https://declaraciondemocracia.wordpress.com/ ). La democracia es el único contexto en el que es posible imaginar el “nuevo comienzo”, la nueva era de un mundo en el cual la gobernanza sea inspirada por la justicia, la igualdad, la libertad y la solidaridad, en suma, por los “principios democráticos” que tan lúcidamente establece la Constitución de la UNESCO, en lugar de los mercados, del gran dominio militar, energético, financiero y mediático que en estos momentos intenta todavía ejercer, a través del “gran dominio”, sus ambiciones de poder, que tantos resultados negativos han conllevado.

Hoy es posible, por primera vez en la historia, la participación no presencial gracias a la moderna tecnología de comunicación.

Pongamos en práctica sin nueva demora la Agenda 2030 y los Objetivos de Desarrollo Sostenible. Exijamos todos que 2022 sea el principio de la reducción del armamentismo, de la cultura de la fuerza y la violencia, en  favor de la cultura del  encuentro, de la conciliación, del diálogo.

El tiempo del silencio ha concluido. Deber de memoria y deber de acción: puesta en práctica de la Agenda 2030 y los ODS, para contener todavía la degradación ecológica, cuyas manifestaciones están aumentando en intensidad y frecuencia; rápida concertación a escala mundial para la eliminación de las armas nucleares; inmediata regulación de las organizaciones militares que representan en realidad la hegemonía a escala mundial de algunos países, así como de las inmensas redes de bases militares en todo el mundo; control del tráfico y consumo de drogas ilegales; eliminación de los paraísos fiscales y de los grupos plutocráticos…; nuevo concepto de seguridad “humana”, de tal forma que los habitantes de los territorios tan bien “protegidos” por los mecanismos de defensa, tengan acceso a las cinco prioridades de las Naciones Unidas: alimentación, agua potable, servicio de salud de calidad, cuidado del medio ambiente y educación para todos a lo largo de toda la vida;  fomento de la ciencia y del consejo de quienes poseen los conocimientos adecuados; incremento de las medidas preventivas, especialmente de índole sanitaria, facilitando, como ejemplo inmediato, la vacunación de todos y no sólo de los habitantes de los países más prósperos;  asegurar la independencia de la justicia; implicación personal para inventar el futuro y, con indomable resiliencia, no aceptar nunca más imposiciones, dogmatismo, supremacismo... Cada ser humano único capaz de crear, nuestra esperanza.

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