¿Vuelta a la anormalidad?

martes, 12 de abril de 2022


Al terminar, cuanto antes, el terrible episodio bélico de Ucrania, con una invasión abominable en todos los aspectos decidida por Putin y en la que los interlocutores no han sido la Unión Europea y las Naciones Unidas, ambas inhabilitadas por el veto, sino los militares de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN), presidida por los EEUU y empeñada en desplazarse hacia el Este y el Sur….volveremos, si no nos esforzamos en remediarlo, a la anormalidad, porque la gobernanza global de los grupos plutocráticos (G-6,G-7,G-8,G-20), creados al final de la década de los 80 por el presidente Reagan, ha conducido a la confusa y anormal situación actual, con sombríos horizontes ecológicos, sociales, políticos ….de los que debemos ser conscientes.

Conscientes para la acción, para la participación, para no ser más espectadores impasibles sino actores que procuran, con su comportamiento cotidiano, un cambio radical en las tendencias presentes. Desde los años 60 del siglo pasado, diversas instituciones y personas (la UNESCO, el Club de Roma, Aurelio Peccei…) han venido insistiendo en la necesidad de evitar que las actividades humanas pudieran dañar, y hacerlo irreversiblemente como es el caso en los últimos años, el medio ambiente, la naturaleza, la habitabilidad de la tierra.

En 1997, la Academia de Ciencias de los Estados Unidos alertó sobre la excesiva emisión de gases “con efecto invernadero“ y, sobre todo, de la progresiva disminución de su recaptura por la disminución del fitoplancton. Silencio.

En 1992, las Naciones Unidas convocaron en Río de Janeiro la primera gran “Cumbre de la Tierra” en la que se adoptó un documento de gran rigor científico: la Agenda 21. Y silencio. De nuevo se desoyó al multilateralismo democrático.

Diez años más tarde, en 2002, la segunda “Cumbre de la Tierra “se convocó en Johannesburgo, al poco tiempo de la difusión de uno de los documentos-guía que debería incluirse en los estudios de todos los niveles: la “Carta de la Tierra”. Se aprobaron los Objetivos de Desarrollo del Milenio “, recomendándose su inmediata aplicación. Silencio.

Fue necesaria la sabia y oportuna intervención del presidente demócrata Barack Obama quien, en el otoño del año 2015, firmó en París los Acuerdos sobre el Cambio Climático y, dos meses más tarde, suscribió asimismo la Resolución “para transformar el mundo” aprobada por la Asamblea General (Agenda 2030 y ODS).

Por fin, una pausa de esperanza. Por fin, podía preverse una reacción a escala planetaria para hacer frente a los gravísimos retos globales. Pero fue un periodo muy breve… porque, a los pocos meses, la elección del presidente republicano Donald Trump, desvaneció al instante todas las expectativas: el mismo día de su toma de posesión manifestó que no pondría en práctica los Acuerdos de París ni la Agenda 2030. Pensé que aquella total discrepancia con las decisiones de su antecesor sería inmediatamente contrarrestada por la Unión Europea y un número muy relevante de los países que integran las Naciones Unidas. Pero, una vez más, silencio… y seis años más de la gobernanza del “gran dominio” (militar, financiero, energético, mediático, digital). Esta “normalidad” ha sido alterada profundamente en los dos últimos años por la pandemia COVID-19 y, el último mes y medio por la intolerable invasión rusa de Ucrania. La UE con el veto de la unanimidad y las NNUU con el de los cinco vencedores de la II Guerra Mundial, con papeles secundarios y sólo la OTAN protagonista….

La Carta de las Naciones Unidas se inicia con una frase que debemos ahora, conscientes y responsables, adoptar toda la ciudadanía: “Nosotros, los pueblos… hemos resuelto evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra”.

Pero en 1945 los “pueblos” no existían. La inmensa mayoría de los seres humanos nacían, vivían y morían en unos pocos kilómetros cuadrados. Eran temerosos, sumisos, obedientes, silenciosos, bajo un poder absoluto masculino que, invariablemente, ponía en práctica el perverso adagio de “si quieres la paz, prepara la guerra”.

La discriminación era extrema, por razón de género, de ideología, de creencia, de sensibilidad sexual, de etnia… Ahora, por fin, “los pueblos”, todos iguales en dignidad y capaces de expresarse libremente,  ya son una realidad. Ahora, por fin, ya podemos participar activamente  y alzar la voz en grandes clamores populares. Ahora ya podemos. Ahora ya debemos. Ahora es apremiante ser plenamente consciente de los retos globales, algunos irreversibles, que se ciernen sobre la vida humana. Ahora no podemos ser espectadores impasibles de lo que acontece, sino que es preciso actuar con diligencia.

Ahora, deber de memoria, para recordar los diversos conflictos “olvidados y ocultados”: Siria, Libia, Yemen… Ahora, teniendo presentes las indebidas invasiones, bombardeos e incumplimiento de acuerdos con tanto trabajo alcanzados, tenemos que hacer posible, mediante grandes movilizaciones populares, la sustitución de la gobernanza neoliberal plutocrática por un multilateralismo democrático, alcanzado mediante una urgente reforma de las Naciones Unidas, con una Asamblea General que adoptaría una Declaración Universal de la Democracia (a escala personal, local, nacional, regional e internacional) para asegurar que son “los pueblos” y no los oligarcas los que tienen en mano las riendas del destino común.

Ahora un nuevo concepto de seguridad humana que no sólo tenga en cuenta la defensa territorial sino la de quienes habitan estos espacios tan bien protegidos, con las cinco prioridades establecidas por las Naciones Unidas: alimentación, agua potable, servicios sanitarios de calidad, cuidado del medio ambiente y educación para todos durante toda la vida. Ahora, actuar de tal modo que no vuelva a ser “normalidad” la inversión diaria de 4000 millones de dólares en armas y gastos militares, al tiempo que mueren de hambre y extrema pobreza miles de personas… Se duplicará en la Asamblea General el número actual de representantes de los Estados por los de la sociedad civil, sobre la base de una equilibrada proporcionalidad, sin veto. Y se iniciará un proceso de emergencia con la total eliminación de las armas nucleares… y de los paraísos fiscales… y de los incumplimientos fiscales anómalos y delictivos… facilitando en todo el mundo la puesta en práctica de los ODS…

Ha llegado el momento –deber de memoria, delito de silencio- de contribuir a una “normalidad” muy distinta de la anormal situación que ha caracterizado estas últimas décadas. Ha llegado el momento de una “nueva seguridad”… y de inventar un futuro más acorde con las inverosímiles capacidades de la especie humana.

Ahora, “Nosotros, los pueblos”… “compelidos a la rebelión”, como se establece en el tercer párrafo del preámbulo de la Declaración Universal de los Derechos Humanos, vamos a transitar de la razón de la fuerza a la fuerza de la razón. Ahora ya podemos, ya sabemos cómo, ya debemos actuar para que nuestros descendientes no deban repetir aquella terrible frase de Albert Camus: “Los despreciamos porque pudiendo no se atrevieron”.

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Guerra en Ucrania: ¿diplomacia con veto?

miércoles, 2 de marzo de 2022

 

Sin disminuir ni un ápice la responsabilidad de Putin, debemos reflexionar, con apremio y firmeza, sobre las causas de esta guerra, de los demás conflictos, de la existencia de armas nucleares, de la gobernanza plutocrática, de amenazas globales potencialmente irreversibles… Debemos preguntarnos por qué Europa, que debía tener un papel cualitativo muy relevante a escala mundial, no ha figurado como interlocutor, absorbida por la OTAN, Organización del Tratado del Atlántico Norte… que se extiende hacia el este y habla en nombre de la ciudadanía europea… Deber de memoria.

Pensar en la razones que condujeron a la Segunda Guerra Mundial -el supremacismo ario, romano y nipón, porque la Sociedad de Naciones había sido desde el mismo inicio abandonada por los Estados Unidos- … Pensar en que ha sido el veto de los vencedores el que ha hecho inoperante el excelente diseño multilateral de Roosevelt en las Naciones Unidas… quedando sin efecto la primera frase de la Carta: “Nosotros, los pueblos, hemos resuelto evitar a las generaciones venideras el horror de la guerra”…

Acabamos de comprobar la irrelevancia de las Naciones Unidas, porque 196 países están a merced de la voluntad de cinco… Y también la irrelevancia de la Unión Europea, que debe adoptar decisiones por unanimidad, lo que se traduce en 27 vetos, porque la unanimidad es la antítesis de la democracia… Y por ello resulta que no es Europa si no la OTAN la que se expresa en su lugar.

Todas las crisis pueden convertirse en oportunidades de cambio. La crisis actual, originada por la razón de la fuerza, puede convertirse en impulso de un gran movimiento mundial en favor de la fuerza de la razón, de la mediación, de la palabra, de un multilateralismo democrático a escala mundial, que permita, cuando ya se apuran las posibilidades de acción ante amenazas globales irreversibles, la puesta en marcha efectiva de la Agenda 2030 y de los Acuerdos sobre Cambio Climático.

Sí: ahora, por primera vez en la historia, se está consiguiendo el reconocimiento de la igual dignidad de todos los seres humanos, sin discriminación alguna por razón de género, etnia, ideología, creencia, sensibilidad sexual… Ahora, por primera vez en la historia, los seres humanos pueden expresarse libremente, gracias a la tecnología digital y pueden, por tanto, participar, que es la base de la democracia… Ahora, por fin, “Nosotros, los pueblos” podemos, plenamente conocedores de la situación presente y de las tendencias, levantar la voz y cumplir nuestras responsabilidades esenciales con las generaciones venideras… No podemos seguir abducidos por el inmenso poder mediático -“arma de distracción masiva”, según acertada definición y advertencia de Soledad Gallego-. Nunca más espectadores, sino actores para la gran transición desde una cultura de imposición, dominio, violencia y guerra a una cultura de encuentro, diálogo, conciliación, alianza y paz.

Deber de memoria para la acción resuelta. Delito de silencio. Ha llegado el momento de una gran coalición global, liderada por las mujeres y la juventud, en favor de la paz y la no violencia, de la resolución de los conflictos en el contexto de un multilateralismo democrático que desplace la gobernanza de los G6, G7, G8 y G 20.

Coalición mundial para la gran transformación de la fuerza a la palabra, reformando a las Naciones Unidas mediante una nueva composición de la Asamblea General, que incluiría de verdad a “los pueblos” con un 50 % de representantes de la sociedad civil, que se añadirían a los representantes (el otro 50 %) de los Estados, y donde el veto sería sustituido por porcentajes bien ponderados y equilibrados…

“Nosotros, los pueblos“ para, ahora sí, poder mirar a los ojos de nuestros descendientes y decirles que no les dejaremos un planeta con la habitabilidad deteriorada; que las ojivas nucleares serán inmediatamente eliminadas; que los paraísos fiscales desaparecerán y los ingentes medios dedicados hoy a la defensa territorial también tendrán en cuenta la seguridad humana-alimentación, agua, salud, educación, cuidado del medio ambiente-de quienes habitan estos territorios tan bien protegidos…

Para estas impostergables transformaciones es ineludible erradicar la imposición y sembrar la democracia: democracia a escala personal, local, nacional, regional e internacional. Igual que en 1948 las Naciones Unidas aprobaron la Declaración Universal de Derechos Humanos, las nuevas Naciones Unidas podrían adoptar una Declaración Universal de Democracia ([1]) para abordar y resolver los problemas de la nueva era.

La decisión de Putin en primerísimo lugar, pero teniendo en cuenta también otras cosas que debemos lamentar y reconducir del conflicto de Ucrania. Podemos convertirlas en oportunidad de cambio si, plenamente conscientes de lo que ha acaecido en el pasado, nos disponemos a cambiar con diligencia para ser, ¡por fin!, “Nosotros, los pueblos” los que tomemos en mano las riendas del destino común.

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Ciencia y Democracia

jueves, 3 de febrero de 2022

 Por Federico Mayor y  Emilio Muñoz (*)

Actualmente, el condicionamiento de la irreversibilidad potencial de algunos fenómenos añade una responsabilidad intergeneracional que pasa a ocupar un primerísimo lugar en los valores insoslayables que deben inspirar la gobernanza mundial. Alcanzar puntos sin retorno, situaciones en las que puede pronunciarse, con toda razón, que “esto ya no tiene remedio”, constituye la palanca “humana” más poderosa para la acción, para la movilización, para los grandes clamores populares….Nuestros descendientes podrán comprender muchas cosas, muchas decisiones e indecisiones… salvo aquellas de consecuencias irremediables.

Como ha sucedido con algunos manifiestos y llamamientos (Declaración de Premios Nobel de la Paz, Barcelona, diciembre 2015; Campaña de «Desarme para el Desarrollo» y del “World Peace Congress”,  iniciativas del International Peace Bureau, en Berlín, septiembre-octubre 2016 y en Barcelona noviembre de 2021; el Manifiesto de AEAC de 2019[1]; el del World Academy of Art and Sciences[2] de 2021) el inmenso poder mediático ha acallado cualquier posible eco y sigue propiciando innumerables espectadores sumisos y ofuscados.

Ante procesos potencialmente irreversibles que constituyen amenazas a escala global –el Ártico se está fundiendo y el permafrost contiene grandes cantidades de metano- la ciudadanía debe, consciente de la situación, reclamar y apoyar las directrices científicas.

Los desafíos a los que nos enfrentamos en estos momentos no tienen parangón. Las soluciones tampoco. Tenemos que pensarlas, que debatirlas, que inventarlas. Sólo siendo conscientes de la realidad y de la existencia, por primera vez en la historia, de procesos globales potencialmente irreversibles, “Nosotros, los pueblos”, podrán movilizar a escala mundial las acciones que puedan preservar el destino común en condiciones aceptables. Para ello es necesario participar de tal modo que no solo seamos contados sino tenidos en cuenta. El liderazgo de las comunidades científica, académica, artística, es indeclinable, porque sólo se logrará la inflexión con el conocimiento, con el rigor de juicio que es absolutamente preciso para reconducir las tendencias actuales a tiempo.

Se equivocan quienes consideran que nos hallamos ante una crisis coyuntural y pretenden reinstaurar el “orden” anterior. Nos encontramos en una encrucijada histórica en la que todos los seres humanos y no unos cuantos deberían poder tener una vida digna de ser vivida. Hay que pasar de tener a ser. De “más” a “mejor”, de la “abundancia asimétrica” a la sobriedad voluntaria y compartida.

Se trata de inaplazables momentos de decisión. Así empieza la Carta de la Tierra: “Estamos en un momento crítico de la historia de la Tierra, en el cual la humanidad debe elegir su futuro… Debemos unirnos para crear una sociedad global sostenible fundada en el respeto hacia la naturaleza, los derechos humanos universales, la justicia económica y una cultura de paz”. Debemos actuar resueltamente, sin mayores aplazamientos, sobre todo –es preciso reiterarlo sin cesar- cuando se trata de procesos potencialmente irreversibles. Estamos viviendo, especialmente desde hace algunas décadas, en medio de una extraordinaria confusión conceptual, degradación ecológica, extrema pobreza, inexcusables disparidades, amenaza nuclear, carencia de un multilateralismo eficiente…, debacle, en suma, de un sistema basado en el dinero y el cortoplacismo.

Gracias a la tecnología digital, los seres humanos ya pueden hoy saber lo que acontece en todo el mundo y expresarse libremente. “Cambiar el mundo, amigo Sancho, no es locura ni utopía sino justicia”, escribió Cervantes. Se trata ahora, ahora por fin, de poner en práctica la lúcida expresión con que se inicia la Carta de las Naciones Unidas: “Nosotros, los pueblos… hemos resuelto evitar el horror de la guerra a las generaciones venideras”. Entonces era prematuro. Y “los pueblos” fueron representados exclusivamente por Estados y por hombres.

Progresivamente se ha logrado la igual dignidad sin discriminación alguna por razón de género, etnia, religión, ideología, sensibilidad sexual….
La mujer, con sus valores inherentes es, ciertamente, esencial para la transición de una cultura de imposición, dominio, violencia y guerra a una cultura de encuentro, conciliación, diálogo y paz… La solución está en ser plenamente uno mismo, ejerciendo sin restricción alguna las capacidades distintivas de la especie humana: pensar, imaginar, anticiparse, innovar, ¡crear!

“Nosotros, los pueblos”.  No se refiere a los Estados y a los gobiernos.  Son “los pueblos”, es la sociedad civil la que debe tener el papel que le corresponde. “Nosotros, los pueblos…” es la mejor expresión del multilateralismo democrático, única fórmula de gobernación mundial que puede eliminar a los grupos plutocráticos impuestos por el neoliberalismo que han derivado en una crisis sistémica de hondo calado. En 1997, la conferencia general de la UNESCO aprobó una excelente resolución sobre las responsabilidades de las generaciones presentes con las venideras… Mujeres y jóvenes, serán ahora, por fin,  los que tomen el relevo. Por fin, la mujer en el estrado, en pie de igualdad plena…;  por fin la juventud consciente de su responsabilidad para asegurar la calidad del legado intergeneracional, actuando con gran firmeza en favor de la adopción de medidas que eviten el descalabro social de la humanidad y el empeoramiento de las condiciones de vida.

Está claro que la única solución está en el fomento, a todos niveles, de una democracia genuina. La Declaración Universal de la Democracia[3]  tiene capítulos dedicados a democracia social, democracia política, democracia económica, democracia cultural e internacional. Es especialmente importante destacar el artículo undécimo en el que se subordinan todas las dimensiones y aspectos de la democracia económica a la justicia social.

Coincidiendo con el “Día Internacional de la Paz”, en septiembre de 2021, con motivo del 76 aniversario de la fundación de las Naciones Unidas y la UNESCO, desde la Federación Española de Centros UNESCO (FECU), con la Fundación Cultura de Paz y el Instituto DEMOS-PAZ, de la UAM, y el respaldo inicial de entidades y personas ya comprometidas en promover los cambios radicales que comportan la Agenda 2030 y los ODS, se hizo un llamamiento apremiante sobre multilateralismo, cumplimiento de la Agenda 2030 y democracia al Secretario General de las Naciones Unidas,[4] a todos aquellos ciudadanos y ciudadanas, comunidades, educadores, centros de enseñanza de todos los niveles, estudiantes, medios de comunicación, uniones de empresarios y trabajadores, partidos políticos, gobernantes, parlamentarios, ONGs nacionales e internacionales, organizaciones del sistema de las Naciones Unidas… y en particular a figuras muy conocidas y respetadas en el ámbito cultural, deportivo, artístico, científico, académico, literario…

Los Acuerdos de París sobre el Cambio Climático (COP) alcanzados en la reunión de Naciones Unidas al respecto, así como la propuesta de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS) para el periodo 2015-2030 aparecieron como pasos en la buena dirección… Los compromisos “no vinculantes de la reciente reunión en Glasgow… -¡qué oprobio, qué desvergüenza!…  si no son vinculantes no son compromisos…-. De esta manera ha concluido la gran ocasión de Glasgow en la incertidumbre y desesperanza, porque es evidente que buena parte de la ciudadanía consciente ve desaparecer las últimas posibilidades de enfrentar y reconducir la situación presente… ¿Quedarán todos estos sabios llamamientos una vez más arrinconados en los anaqueles y mente de los gobernantes?

Multilateralismo democrático es la solución, que proporcionaría a la ciudadanía consciente de los grandes retos actuales la capacidad de acción para paliar todavía sus efectos y cumplir la responsabilidad de las generaciones actuales con las venideras.

Las soluciones tenemos que pensarlas, que debatirlas, que inventarlas. Sólo siendo conscientes de la realidad y de la existencia, por primera vez en la historia, de procesos globales potencialmente irreversibles, “Nosotros, los pueblos”, podrán movilizar a escala mundial las acciones que puedan preservar el destino común en condiciones aceptables. Para ello, insisto, es necesario participar de tal modo que no solo seamos contados sino tenidos en cuenta. El liderazgo de las comunidades científica, académica, artística, es indeclinable, porque sólo así se logrará la inflexión con el conocimiento, con el rigor de juicio que es absolutamente preciso para reconducir las tendencias actuales a tiempo.

La democracia es el único contexto en el que es posible imaginar el “nuevo comienzo”, la nueva era de un mundo en el cual la gobernación sea inspirada por la justicia, la igualdad, la libertad y la solidaridad, en suma, por los “principios democráticos” que tan lúcidamente establece la Constitución de la UNESCO, en lugar de los mercados, del gran dominio militar, energético, financiero, digital  y mediático que en estos momentos intenta ejercer, a través de grupos plutocráticos, sus ambiciones hegemónicas, que tantos resultados negativos han conllevado. La democracia sólo puede existir si los derechos humanos son respetados y protegidos, mientras que los derechos humanos, a su vez, sólo pueden  florecer dentro de un régimen democrático.

Deber de memoria y deber de acción: puesta en práctica de la Agenda 2030; rápida concertación a escala mundial para la eliminación de las armas nucleares; regulación del tráfico y consumo de drogas ilegales; eliminación de los paraísos fiscales y de los grupos plutocráticos…; nuevo concepto de seguridad “humana”; fomento de la ciencia y del consejo de quienes poseen los conocimientos adecuados; incremento de las medidas preventivas, especialmente de índole sanitaria; asegurar la independencia de la justicia; educación para todos a lo largo de toda la vida…para inventar el futuro y, con indomable resiliencia, no aceptar nunca más imposiciones, dogmatismo, supremacismo… Cada ser humano único capaz de crear, nuestra esperanza. 3 de febrero de 2022.

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(*)  Federico Mayor Presidente de la Fundación Cultura de Paz. Director General de la UNESCO (1987 – 1999) –  Emilio Muñoz, Profesor emérito CSIC y CIEMAT Presidente del Consejo Consultivo de la AEAC

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