Día Internacional de África

martes, 25 de mayo de 2010

Estamos en deuda, desde hace siglos, pero sobre todo desde que, en la década de los ochenta, los países ricos tomaron las riendas de la gobernación mundial y se olvidaron de las promesas de ayuda y cooperación internacional…

Cambiaron la ayuda por préstamos concedidos en condiciones draconianas.

Cambiaron la cooperación por la explotación.

Cambiaron un sistema multilateral por un sistema plutocrático (G7, G8…).

Cambiaron los principios democráticos por las leyes del mercado.

Cambiaron un proyecto de desarrollo global por una economía de especulación y de guerra.

Los corruptores acusaron a los corruptos quienes, como es lógico, no merecían ser subvencionados!

Ha llegado el momento de “Nosotros, los pueblos…”, de la sociedad civil que ya no permanecerá en silencio.

Ha llegado el momento de las ONGs y de las instituciones del Sistema de las Naciones Unidas, las manos y las voces juntas, reduciendo grietas y restañando heridas.

Ha llegado el momento de la escucha de África: hacer lo que la sabiduría inmensa de África nos diga que necesita.

Ha llegado el momento de exigir a Europa que cesen las actividades de las multinacionales que esquilman caladeros, explotan de forma indebida y sin compensaciones el coltan en la zona de los kivi, del Congo, la bauxita en Guinea-Conakry … o el oro con procedimientos extractivos que lesionan de forma gravísima el medio ambiente.

Ha llegado el momento de exigir a todos las grandes firmas de comunicación –grandes beneficios que irán a parar a muy pocas manos- que distribuyan generosamente en África los colosales “retornos mediáticos” del Mundial de Fútbol.

Sí: hoy, Día Internacional de África, es el momento de reiterar nuestro amor a este continente que tanto ha dado a cambio de tan poco. Y pedirles perdón. Y agradecer la sonrisa que, a pesar de todo, nos prodigan.

Ha llegado el momento de cumplir lo que escribí en la Isla de Goreé el mes de julio de 1992:

… Su última

mirada…

a aquella isla,

a aquella tierra

suya

que ahora navega

en olas de desamor

hacia ignoradas costas.

¡Cuánto

queremos hoy

esa última

mirada viajera

desenraizada

brutalmente

de su paisaje,

de su casa,

de sus riberas.

Fueron vendidos

al peso.

Debemos

pagar la deuda.